2017 AÑO DE LAS ZONAS ECONOMICAS ESPECIALES

0

Bersahin López 

En la antigüedad las batallas que definían permanencia o caída de reinos enteros tenían una amplia dosis de valentía, coraje, sangre, pero sobre todo la estrategia era la forma de salir con la victoria. Las herramientas eran rudimentarias, los artefactos para la guerra artesanales, en la lucha cuerpo a cuerpo se demostraba la preparación de los guerreros, la resistencia de los muros era igual de importante que la potencia de piedras, lanzas, arcos; las fuerzas se concentraban o dispersaban, se analizaba al oponente antes de enfrentarlo para implementar una estrategia según el rival y las circunstancias.

En la actualidad existen muy diversas formas de enfrentar contrariedades, el avance de la tecnología permite que con un solo botón se pueda eliminar al enemigo. Las herramientas que están a disposición de los seres humanos son variadas con grandes cantidades de maldad que destruyen en tan sólo segundos lo que costó siglos construir. Las estrategias, cuando las hay, son para causar daño; estamos alejándonos de la idea de construir, pensando más en destruir lo que nos amenaza.

La desigualdad, marginación, pobreza son enemigos históricos de los reinos, imperios, gobiernos, la humanidad no ha podido encontrar la fórmula para derrotarlos, pareciendo que cada batalla que se inicia para erradicarla termina enraizando nuevamente la semilla que la genera, fortaleciéndose los daños colaterales que sumergen a naciones enteras en la miseria con sus terribles efectos.

En las COINCIDENCIAS de la semana pasada, recalcábamos la importancia de la implementación de políticas de estado que logren abatir rezagos, combatir eficientemente amenazas con la inteligencia de la estrategia y uniformidad de acciones en lo educativo, laboral, procuración de justicia, seguridad, desarrollo social, Estado de Derecho, para lograr un país con mejores niveles de vida para sus habitantes.

El desarrollo regional en México es una opción que se vislumbra eficaz, el aprovechamiento de los recursos naturales, materiales y humanos para generar riqueza local puede convertirse en la herramienta que permita ir uniendo esfuerzos, ir de lo particular a lo general, de lo comunitario a lo global, la estrategia debe ser ir involucrar a todos en la dinámica de desarrollo. Por supuesto que los beneficios deben generalizarse, las ventajas disfrutarse, las responsabilidades compartirse, eso podrá hacer posible que las dificultades sean atacadas desde diversos flancos y confluir en un mismo sentido.

2017 es el año donde el gobierno federal pondrá en marcha la estrategia con la cual se busca revertir los rezagos económicos y sociales existentes entre el norte y sur del país, las Zonas Económicas Especiales (ZEE) pretenden ser una amplia alianza entre el sector publico y privado, un proyecto de largo plazo con una inversión de casi 127 mil millones de pesos, 140 proyectos de diversa índole trabajando en la creación de infraestructura básica como electricidad, gas, comunicación terrestre, marítima, aérea, todo aquello que genere un ambiente propicio para el desarrollo de negocios, con grandes alcances de beneficio social.

Puerto Chiapas, Salina Cruz, Lázaro Cárdenas y Coatzacoalcos son las cuatro zonas económicas especiales con las cuales se está iniciando en el primer semestre de este año; las circunstancias sociales, de seguridad pública y certeza jurídica han sido factores que dificultan la implementación de inversiones y creación de infraestructura.

Las características propias del sur de México requieren de la puesta en marcha de este tipo de estrategias, pero también la atención a demandas válidas y ancestrales deben de estar en la agenda de los gobiernos federal, estatal y municipal, las ZEE no pueden ser un maquillaje de la realidad, deben ser la cirugía integral que permita ir resolviendo problemas, cimentando el futuro con claridad.

Las dos realidades que vivimos en México, históricamente han marcado al norte-centro y sur- sureste con indicadores que nos llevan a escenarios palpables de diferencias abismales, con crecimientos totalmente opuestos, índices de desarrollo que parecieran nos muestran países distintos; mientras en el norte existen tres pobres por cada diez ciudadanos, en el sur hay siete por cada diez, y datos tan crudos como estos hacen urgente la solución a las enormes desigualdades con prontitud, pero sobre todo con eficacia.

La experiencia internacional nos muestra las ventajas de este modelo de corredores económicos, con casi 3,500 zonas económicas especiales repartidas en 130 países; México experimentará una dinámica distinta ante los retos económicos globales. Es sin duda una iniciativa necesaria, pero debemos poner especial cuidado en la forma de implementarla, nuestra situación geográfica, política, social es distinta a la de países como China, Panamá y Jordania, donde el modelo ha funcionado, la atención debe de poner énfasis en particularidades, aunque el beneficio pretenda ser general.

Se requiere de la participación de todos los sectores, productivos y no productivos, unos para construir, los otros para no obstaculizar. Será fundamental el diseño de los proyectos, pero mucho más necesario contar con los perfiles que, desde distintas responsabilidades, logren armonizar desacuerdos para que se concrete el objetivo: abatir la pobreza con estrategia.

Ante un enemigo que no se ve pero que se percibe en muy variadas formas, tenemos la enorme oportunidad de comenzar a solucionar el problema de raíz, no son los programas sociales lo que realmente combate la pobreza, pues muchas veces sólo son trajes con que los gobiernos se lucen en la danza de lo mediático, la verdadera solución está en el trabajo de hormiga, en la iniciativa seria, poner a producir campos y regiones, no se hará en pasarelas políticas, se logrará estando junto al trabajador, cercano al campesino, orientando a la autoridad comunal, ejidal o municipal, el desarrollo regional del país se hará con menos corrupción y más convicción.

Que la implementación en este año de las zonas económicas especiales sea una realidad palpable, más que un deseo, es una urgente necesidad; que atraiga inversión es importante pero debe venir acompañada por un transparente manejo de las autoridades que participen en ella, debe llegar con una visión de participación comunitaria. Con infraestructura podremos generan empresas y empleos, pero con conciencia de a dónde queremos llegar como país vamos a lograr construir una verdadera nación.

Generar riqueza para los habitantes de alguna zona geográficamente delimitada no debe descuidar la importancia de todas las demás que existan en el territorio nacional, pero sí puede ser la puesta en marcha de una estrategia de funcione paulatinamente en todo el país. Riqueza sin educación, valores y conciencia social no sirven para abatir la mayor pobreza que puede existir en el ciudadano: la pobreza de humanidad en las conciencias.

Fortalecernos en valores debe ser una estrategia paralela, aprender a valorar, respetar y cambiar lo que se puede son principios básicos para ser valiosos más que ricos, y en esas coincidencias seguro encontraremos el desarrollo que necesitamos…

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here