Alexander, testimonio de la violencia en Honduras

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Ivonne Mateo

Con apenas 9 años de edad, Alexander ha aprendido a hablar de la violencia sin balbuceo alguno. “A mi papá, lo mataron, se llamaba Josué”, resume. Honduras es un país al que ningún niño que viaja en la Caravana Migrante quisiera volver.

El pequeño está sentado en una banca de la Iglesia de San Pedro Apóstol, en San Pedro Tapanatepec, Oaxaca, lugar en el que la Caravana halló alimento, bebida, atención médica y descanso en su camino de Centroamérica a los Estados Unidos de América.

Alexander viaja con su madre, sus tías y sus primos. Esperan llegar a Los Ángeles, California.

“Es muy cansado el camino y hace mucho calor. Mi mamá trae 5 carritos (carriolas)para cargar las cosas, aunque luego a él (su primo) le gusta que lo carguen en ellos”

Alexander y su familia huyeron de Honduras por la violencia y la pobreza. Si deben atribuir la maldición a un solo ente, pronuncian a Los Maras.

“Matan a la gente si no les dan dinero; en las tiendas, si no les dan dinero no los dejan irse, los matan” , intenta explicar. Alexander ha perdido a su padre; su tío; y su hermano, un pequeño de 3 años en manos de las pandillas.

“A mi papá lo mataron y mi hermanito nació el mero día, el mero 24. Si se murió tu papá dicen que es malo ponerle el mismo nombre y a mi hermanito también lo mataron, no lo cuidaron bien” , comenta mientras se ajusta la gorra en su cabeza y da una mordida a una torta que le han regalado. 

Explica que allá, en su país, los Maras enseñan técnicas de medicina a algunas personas para ser atendidos cuando son heridos.

“Nosotros conocíamos a un grupo de mareros y ellos les enseñaron doctoría, como los doctores, a mi papá; mi tío; mi tía y mi mamá; a los que baleaban los iban a curar”, refiere. 

Centroamérica vive aterrorizada desde hace años por las maras, grupos criminales que se financian con el narcotráfico, la prostitución y la extorsión. La vida en Honduras es tan peligrosa como en un territorio en guerra.

Al menos 17 mil migrantes centroamericanos -la mayoría hondureños- ingresaron a México  en las últimas semanas en cuatro caravanas. En promedio, cuatro mil han sido repatriados, y seis más fueron identificados con “ficha roja” en sus países de origen.

La mayor parte de ellos busca llegar a Estados Unidos y otros más están dispuestos a quedarse en el lugar en donde consigan trabajo. 

De acuerdo con los datos oficiales, existen al menos 2 mil 500 niños y niñas que acompañan a sus padres en la Caravana Migrante.

 

@ivonnemateo_

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