Un año de paz y concordia

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Realmente somos presas del calendario al concluir el año, pero sólo es un cambio de día, igual amaneceremos y todo seguirá igual, estamos cultural y psicológicamente adiestrados para hacer las cosas que debemos hacer sin pensar si están bien hechas o no, como si la tradición o la costumbre se constituyeran en ley, si es solo un pretexto para desearnos parabienes por el año que concluye y el que inicia.

Por qué no asumimos esa misma actitud amorosa cada fin de mes o cada fin de semana, estas fechas se convierten en una tregua que nos damos en el enfrentamiento sistemático en el que vivimos el día a día, enfrentados por nuestra ideología, por nuestra avaricia, en una lucha inconsciente por ser más o tener más u obtener más que los demás, por alcanzar aquello de lo que nos lamentamos de carecer y otros tienen, vivimos en el año en una absurda lucha colectiva en la que todos somos adversarios de todos y de nosotros mismos, o acaso realmente los buenos se santifican y los malos se convierten en buenos por virtud del agotamiento del calendario? Evidentemente los malos no se transmutan, actúan hoy igual que ayer y lo harán igual mañana tal como los que no lo son actuaran como siempre lo han hecho, cierto, es el fin de un ciclo vinculado a la naturaleza aunque no ajustado a ella pues sería más concordante que el inicio del año coincidiera con el equinoccio de primavera, en fin, hasta en las campañas políticas le bajan dos rayitas al enfrentamiento verbal plagado de descalificaciones, no de propuestas, de ofertas utópicas no de proyectos de nación incluyentes y equitativos, la realidad que vivimos nos orilla a creer que realmente existe una última coca en el desierto, pero no perdemos de vista que también queremos “que se cumpla la ley… pero en los bueyes de mi compadre” y al concluir la contienda electoral, nos daremos de santos si se mantiene el “statu quo ante bellum” es decir que al menos las cosas se mantengan como antes de la contienda, en nuestro país decidiremos de manera inédita la elección más grande de nuestra historia, al fin se da la mayor concurrencia electoral en una sola fecha, después de esta elección tendremos un periodo de más o menos tres años sin elecciones, sin el gasto exorbitante al que estábamos sometidos año tras año, y de cualquier manera nos preguntamos por qué serán tan costosas las de 2018.

Pues simplemente porque se concentran muchos procesos en una solo fecha, antes erogábamos proporcionalmente más recursos, pero de manera casi ininterrumpida, año con año, el tema central es que también por primera vez tendremos una elección donde tres fuerzas electorales contenderán, bueno, si, y posiblemente algún o algunos independientes que solo fragmentarán el voto, pero será una elección de tres, pero tres de derecha, desde una extremadamente conservadora hasta alguna más ligera o al menos, menos inflexible, tendremos una opción que conjuga al tradicional partido de la derecha mexicana, al de una izquierda light y uno de teoría socialdemócrata; con uno que se ostenta como de democracia nacionalista, un medio ambientalista y uno liberal; con la tercera opción constituida por una organización política que actualmente se dice de izquierda pero se sitúa en la más conservadora línea reaccionaria de la derecha con uno que se asume socialista con líneas de masas y uno humanista cristiano aunque se asume como liberal, vemos en las tres opciones que se afirman en la intención de mezclar el agua con el aceite, sin cejar en el intento de llenarnos más de contrastes entre una y las otras con base a descalificaciones y el señalamiento de las fallas de las que adolecen los otros sin decirnos aun bien a bien cuáles son las propuestas de las que por cierto no estamos ávidos, pues la historia electoral del país en todos los ámbitos nos remite a hechos que en general no son de feliz recordación para nadie, nuestra historia política está llena de proyectos, propuestas y promesas no concluidas, irrealizables e incumplidas, la justicia social en nuestro país siempre está en proceso de ser alcanzada, la justicia no son dadivas que generen clientela, no son millones de pesos de inversión en infraestructura o productiva, sino un real acceso a trabajos justamente remunerados, a una educación de calidad, a servicios de salud al menos satisfactorios, a una capacitación adecuada para la productividad, al impulso del mercado interno, a no medir la pobreza desde oficinas ubicadas en Paseo de la Reforma sino desde la realidad que viven millones de mexicanos que no pueden acceder a los mínimos satisfactores necesarios para salir de la miseria no con una renta mensual sino con justicia tangible.

Respeto los proyectos, a los contendientes y la batalla pre, inter y post electoral, aunque bien a bien no me sienta atraído ni ideológicamente ni socialmente al menos hasta hoy por ninguna opción, y aunque no pierdo de vista que una de las tres opciones nos conducirá los próximos seis años, espero que sea una conducción sensata, moderada y comprometida y no una que nos arrastre a procesos de crisis sociales y económicas como las que vivimos en nuestro país en los 60’s, 70’s y 80’s que muchos han olvidado o no fueron vividas por las más recientes generaciones de los hoy electores activos, pero eso no obsta para dejar de desear que el año electoral y sus resultados sean estrictamente los que decidamos nosotros en un ajustado análisis de posibilidades y propuestas y una apuesta por un mejor y más justo futuro para todos nosotros, pues votemos por el que votemos, seremos gobernados por el que resulte triunfador y deberá gobernar responsablemente para todos, los que votaron por él y también por los que no lo hicieron o votaron en contra, y debemos concurrir al futuro, si, con nuestras respetables diferencias, pero juntos, aquí si aplica el deseo de un buen año para todos, un año de paz y concordia, que no genere crisis e ingobernabilidad.

No me puedo sustraer por convicción social a desear a todos y a mí mismo que el año por venir sea pleno de todo aquello que deseamos y trabajemos por obtener, que tengamos la preciada salud que nos permita vivir y trabajar con ahínco, que la armonía campee aun en la liza de la contienda electoral, que tengamos motivos de felicidad y la calidez de una sociedad incluyente, justa y con oportunidades, que los niños tengan más juegos que trabajo, que los jóvenes más espacios de experiencia que carencias, que las niñas y mujeres tengan ni más ni menos que lo que pueda tener cualquier niño u hombre de acuerdo a sus capacidades, que hombres y mujeres tengan la oportunidad de desarrollarse armónica y justamente, y que veamos todos el futuro inmediato como un reto a superar con la convicción y el compromiso que un gran pueblo como nuestro siempre ha tenido, feliz año 2018, abur.

@FerruscaOax

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