Columna | ¿Quién manda en México?

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Cipriano Flores Cruz

En definitiva, la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco fue una decisión política por parte del nuevo grupo gobernante encabezado por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador. Decisión política que se inscribe en la lucha por la separación de la economía y la política en el proceso gubernamental en nuestro país.

Con el control del resultado de la consulta, la resistencia de los hombres de dinero respecto al proyecto lópezobradorista durante el transcurso de la consulta, obligó al presidente electo tomar la decisión de suspender, transitoriamente, el proyecto de Texcoco. Decimos transitoriamente porque siguen las reuniones de negociación de manera directa entre empresarios y López Obrador, por ende, puede haber sorpresas en los próximos días.

El nivel de la lucha por el poder político se demostró después de la consulta: Los poderosos, como llamó Maquiavelo a los hombres de dinero, trataron a toda costa de crear una crisis de los mercados mediante información alarmista sobre el nivel de intercambio del peso y del dólar, sobre información de la Bolsa de Valores, así como  sobre la pérdida de confianza de los inversionistas en nuestro país, ataque feroz sobre la naturaleza de la consulta.

Sin embargo, si bien los mercados reaccionaron, no entraron en crisis como lo deseaba la clase empresarial, incluso el Secretario de Economía del gobierno saliente, declara a la prensa que hay reacción de los mercados pero no se produjo una crisis. Fue la señal para que el presidente electo creara una Comisión, integrada por los futuros titulares de Hacienda, Comunicaciones y Transportes y de la Oficina de la Presidencia con el propósito de extender un puente de comunicación con los empresarios para entrar en el proceso de negociación sobre las inversiones públicas, la orientación del gobierno, dentro de esto la construcción del nuevo aeropuerto.

Pronto la Comisión rinde frutos, el presidente electo recibe a dos prominentes empresarios y anuncia el rumbo del presupuesto público del año 2019. No podía ser más que buenas noticias para los hombres de dinero puesto que: se establecieron políticas que mantienen los equilibrios macroeconómicos que convienen a los capitalistas, tanto nacionales y extranjeros; no habrá aumento de impuestos; no habrá más endeudamiento; habrá fuerte inversión pública en áreas estratégicas del país; se seguirán las pautas del nuevo acuerdo económico con Estados Unidos y Canadá. Con todo esto los poderosos no podían estar más que complacidos.

En contraparte López Obrador proyecta un presupuesto de alto contenido social como una forma de corresponder el apoyo de las clases populares, los pobres, los excluidos y los marginados, campesinos y obreros. Se clarificaba la estrategia de Cuarta Transformación: Sin dejar de reconocer la importancia de la clase empresarial en el proyecto, es muy importante la subordinación de los capitalistas  al proyecto social del nuevo gobierno: la reducción de los niveles de desigualdad social y de la pobreza.

La nueva clase política manda un mensaje muy claro a los hombres de negocios: contribuyen al desarrollo de esta política social, bajo el mando del próximo Presidente de la República, por la vía de la negociación, creando una sociedad más justa, o habrá la necesidad de aplicar toda la fuerza de la ley a los corruptos de los últimos 18 años, por esta razón Amlo no ha soltado la autonomía plena de la nueva fiscalía de la República.

La lucha por el mando de los poderes del Estado de estos meses, cuyo símbolo ha sido la terminación del nuevo aeropuerto en Texcoco, parece que no tiene otro mandamás que Andrés Manuel López Obrador. Su control del Congreso de la Unión, de cerca de una veintena de congresos locales, de 5 gubernaturas, de un sin número de municipios, pronto de grandes sindicatos, la debilidad de los partidos de oposición, buena relación con el vecino del norte, caray, es el sueño de cualquier gobernante, cualquiera que sea su orientación ideológica o corriente política.

Ante este escenario de dominio de una corriente política llamada Regeneración, comandada por un hombre avispado, de firme convicciones, testarudo en su lucha, los analistas, la comentacracia, los intelectuales observan el nacimiento de un nuevo régimen que lo califican desde los más diversos ángulos: populista le dicen algunos, autoritario le dicen otros, Presidente, así con mayúscula es ya para los demás, demócrata es para algunos, lo cierto es que a los gobernantes sólo se les puede calificar por sus resultados de gobierno, un buen gobernante es aquél que logra alcanzar sus objetivos con eficacia, no hay de otra, pero si me gustaría calificarlo, al final de su período gubernamental,  de Estadista. Bueno, dependerá de él y de su equipo de trabajo así como de la buena fortuna.

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