Construyendo espacios de libertad, desde una educación popular feminista

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Rosa B. Simón Sánchez

“Las alas estallan justo en el instante en que uno/a  está preparado/a para emprender el vuelo” (Delgado,2012).

Los derechos humanos abarcan nuestra vida, su ejercicio nos permite vincular la libertad y dignidad de las personas, es por ello que el feminismo plantea un enfoque mediante el cual las personas enseñan y aprenden conjuntamente, analizando críticamente sus vidas, sus contextos y las desigualdades que se han presentado por la diferencia biológica de sexos.

El proceso de aprendizaje concientiza, empodera y define una agenda en común desde la perspectiva de Paulo Freire: “la educación popular es un enfoque educativo que analiza las experiencias cotidianas de manera colectiva y crítica, a la vez que fortalece la concientización en pos de la organización y la construcción de movimientos, movilizando una visión política contra la injusticia a partir de los intereses de los más marginados (Freire, 1999:117)”.

Desde el feminismo, se enfatizan estrategias de facilitación, las cuales implican:

  1. Crear un espacio seguro de confianza y solidaridad.

  2. Partir de las experiencias cotidianas de las mujeres y niñas.

  3. Utilizar historias, arte, teatro y otras formas artísticas para generar preguntas abiertas que promuevan el análisis crítico y creativo, profundizando la comprensión del poder.

  4. Fomentar el aprendizaje a través de las acciones que tengan relación con problemas concretos y soluciones prácticas.

  5. Priorizar la reflexión, el diálogo y la acción como vía principal hacia el aprendizaje.

  6. Visibilizar y abordar la diversidad, las dinámicas de poder y el conflicto.

  7. Reconocer la necesidad de cuestionar los supuestos asumidos y buscar alternativas.

  8. Compartir conocimientos y términos nuevos, que permitan a los y las participantes nombrar lo que experimentan e identificar las fuerzas globales que están detrás de lo local y de lo personal.

  9. Permitir que se exprese el sentido de esperanza, de inspiración y de alegría de las mujeres y niñas.

  10. Apartar el tiempo para el autocuidado y la renovación personal.

Hablar de una educación popular feminista implica no abandonar, en ninguno de los niveles de enseñanza, la formación de valores comunitarios, éticos, políticos y espirituales, los cuales permiten el compromiso de las nuevas generaciones con las transformaciones sociales más justas y equitativas.

Deconstruir la educación hegemónica patriarcal nos permite mirar nuevas formas de convivencia, libres de violencia de género y discriminación. Rita Pierson menciona la importancia de la conexión humana, donde plantea que “ningún aprendizaje significativo puede ocurrir sin una relación significativa”, y si agregamos la visión de la pedagogía feminista, Luz Maceira destaca que, sin esta conexión, no se podría realizar “la validación del aprendizaje, la búsqueda de aprendizajes significativos, la legitimación de saberes propios y diversos y la relación dialéctica entre pensamiento y acción” (Maceira,2008:12).

Desde mi experiencia como facilitadora he descubierto que existe una conexión entre lo personal y lo cultural, es por ello que utilizo la anécdota, el lenguaje corporal y el arte (música y poesía) como dinámicas de aprendizaje. Esto me ha permitido creer que una educación más humana constituye un instrumento para el cambio social.

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