¿Qué depara el futuro en Oaxaca y Chiapas?

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Sin Concesiones

Humberto Ferrusca

A propósito del mes de octubre, en el que se afirma que hace 525 años descubrieron los navegantes españoles que había un gran pedazo de tierra que se interponía entre ellos y el oriente, donde había todo de lo que carecían en Europa y que casualmente al toparse con esta tierra se enteraron que había gente diferente, con creencias diferentes, con culturas diferentes, con religiones diferentes y con una economía no metalizada pero con grandes yacimientos de metales preciosos que decoraban la vida de los pueblos de este continente y que alimentaron la avaricia, la ambición y las traiciones de los blancos llegados por la costa oriental que se empeñaron en explotar tierra y gente sin piedad alguna, que exterminaron pueblos completos y sus recursos y a cambio ofrecieron gloria eterna con un dios no sanguinario como la mayoría de los prehispánicos que quizá si lo eran, pero que también eran justos y respetuosos, no como el Dios de los blancos que era todo bondad y amor, pero que mantenía a su grey en una vida de sufrimientos e injusticias, de penas, explotación y enfermedades pero si, con la promesa de pasar a una mejor vida en su reino celestial que seguramente sería muy distinto a su reino terrenal, donde se le adoraba a través de la imagen de un ser sacrificado, lleno de penurias y sufrimientos, en contraste con los dioses aborígenes que exigían sacrificios para saciar su sed de sangre pero sin ser ellos los sacrificados para saciar esa misma sed de sangre que tenía el pueblo de su propia creación, de Dioses poderosos creados en el imaginario de unas culturas distintas donde se apreciaban siempre poderosos, y no un Dios creado a imagen y semejanza de los hombres que lo crearon, pues es hasta la fecha un Dios güerito y barbado que nada tiene que ver con los pueblos africanos, orientales o americanos pero que fue impuesto a todos volviéndose un gran negocio y un medio de empoderamiento nunca antes conocido, en el que a los más poderosos de aquella época se le veía siempre cubiertos por el manto de la religiosidad y la complicidad de la iglesia para efectuar los actos más deleznables de aquellos dorados años.

El mes de octubre donde los aborígenes americanos descubrieron que había gente que venía de tierras lejanas con el fin último de despojarles de unas riquezas que aquí no se ambicionaban y que en su cotidianidad no tenía un gran valor, que descubrieron que además de la brutal represión que padecieron y por la que fueron muertos con armas desconocidas también lo fueron por que el güeritos trajeron enfermedades que no conocían y que su naturaleza no estaba preparada para enfrentar, descubrieron que si un pueblo era exterminado podía ser repoblado por güeros poderosos y negros esclavizados que al asentarse y mezclarse con los naturales  dieron origen al pueblo que ahora habita estas tierras, ese fue el verdadero descubrimiento, el que enfrentaron los pueblos que habitaban estas tierras, ellos fueron los que descubrieron todo lo que desconocían, que les fue impuesto y que origino las naciones que hoy asientan sus reales en este continente. Al que ahora han aquejado fenómenos de gran fuerza y magnitud; ciclones y huracanes, sequias y terremotos que hemos visto en las noticias a través de dantescas imágenes que hacen sobrecogerse a los que atávicamente dan por cierto que puede ser el apocalipsis mismo al que nos enfrentamos, al que un Dios poderosísimo, omnisapiente y omnipresente, dechado de virtud y perfección, creador de todo lo visible e invisible da pie, porque se dio cuenta que se equivocó al crear la tierra, a la mujer y al hombre y que deberá exterminarlos para poder juzgarlos y hacer arder en el fuego eterno a los malos y a disfrutar de las mieles y mieses sagradas eternamente a los buenos, creo que la religión, al menos como la conocemos y entendemos está llegando a su fin, y eso no es apocalíptico, será más bien producto de una conciencia social distinta y de unas necesidades sociales diferentes, aunque el refugio que la fe da a personas y naciones sea indispensable.

Durante años y años, hablar del clima era como hablar sobre nada, hacerlo ahora es realmente hablar sobre nuestra supervivencia, somos mucho más supersticiosos de lo que reconocemos y es necesario un pensamiento lógico para escapar a la idea de que el mundo está siendo castigado, estos desastres naturales que destruyen pueblos y patrimonios, también destruyen las estructuras económicas que dejan personas demasiado empobrecidas y que los estados no tienen la capacidad de prever, pero lo peor, no tienen tampoco la capacidad para solucionar las tragedias a las que se enfrentan las poblaciones afectadas, y que son de los sectores sociales más desprotegidos, mismos que son la mayoría de la población, pero, que pasará después de huracanes y sismos? deberá de haber una refundación social que no permita el surgimiento de organizaciones insaciables e insensibles, que modifique la relación pueblo-gobierno, para que el primero dé respuesta a las ingentes necesidades que hoy por hoy padece el segundo, o veremos en el mediano plazo un proceso de descomposición que lleve a las organizaciones sociales y a los gobiernos a una crisis peor que la que hoy viven y que como en el caso de las religiones empiece a ser visto desde la óptica social como algo inútil y que además de no aportar ni responder a la sociedad son una onerosa carga para la sociedad.

Oaxaca ha padecido este año un desastre tras otro, pero creo que el desastre que más afectará, será la real y tangible incapacidad de los gobiernos, federal, estatal y municipales, su insensibilidad, su protagonismo y su avidez frente a una sociedad que ha sufrido una herida muy grave en todas sus estructuras, que trastocará permanentemente su vida, sus relaciones y su futuro y que no tiene frente a ella una estructura de gobierno capaz, responsable y comprometida, a la altura no solo de sus expectativas sino simplemente a la altura de sus necesidades.

Que nos deparara el futuro inmediato, a todos en Oaxaca y Chiapas? Es algo que no podemos vislumbrar aun, pero que lo que resulte de estos desastres modificara el rumbo del país, de eso estoy seguro, y deseo con fervor casi religiosos que los desastres no sean la matriz que dé a luz a una relación social que nos dañe más y que produzca liderazgos que vengan a herir más el devastado tejido social, que el olvido, la irresponsabilidad y la corrupción ha dejado en estas tierras, el futuro no es sombrío pues el vigor de nuestros pueblos es de dimensiones magnificas, la determinación colectiva con la que se enfrenta la vida debe ser ejemplar y aunque insisto, el futuro no es sombrío si es incierto, démosle un cauce adecuado desde una perspectiva colectiva, donde nuestros pueblos sean el eje y los gobiernos y organizaciones sean elementos complementarios y útiles para la sociedad, abur.

@FerruscaOax

Esta columna se reproduce en este medio informativo tal cual ha sido concebida por su autor. Las opiniones en ella expresadas no son necesariamente compartidas por este portal.

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