DILEMA OAXAQUEÑO…

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Bersahin López 

Desde tiempos ancestrales, las formas de gobernar o autogobernarse todas las culturas tenían como principio fundamental, la dominación como elemento primordial, para mantener el orden, la obediencia, los tributos, la tranquilidad, entre los habitantes de los pueblos, actuando en ocasiones de manera brutal, ante cualquier sublevación o brote de desorden, con la complacencia de aquellos que preferían vivir en orden, a costa muchas veces, de sus derechos o libertades.

Por supuesto que las sociedades fueron avanzando, se modificaron formas de actuar, tanto de gobernados como de gobernantes, los ciudadanos fueron conquistando paulatinamente derechos, sujetándose a un sin fin de normas, que permitieron un equilibrio, entre obligaciones y libertades, los regímenes totalitarios tomaron formas más democráticas, los abusos, dominaciones, esclavitud, fueron teniendo diversos matices, que permitieron a la luz de esos siglos, visualizar gobiernos y sociedades en armonía, cosa tan real, pero a la vez tan llena de mentiras.

Los pueblos vivieron revoluciones, guerras civiles, conocieron el sufrimiento, la tierra se pobló de libertadores, revolucionarios, hombres y mujeres que conducían a las masas “a la tierra prometida”, vivimos siglos en esa misma dinámica social, no había gobierno que no viviera en la constante amenaza de ser derrocado y no existía “libertador” con la seguridad de no ser asesinado, traicionado, puesto en el paredón, sobrevivía el más fuerte, el astuto, aquel que camuflajeaba sus intenciones, quien pasaba desapercibido esperando el momento oportuno, para hacer lo que dicen no logran los revolucionarios : Gobernar.

Pero dentro de todas esas confrontaciones, realmente alguien podía preciarse de gobernar? Existían condiciones para dirigir, desde la frialdad e inteligencia de la administración, a los pueblos? Llegaban los mejores o los más inteligentes? Fueron rebasados por las circunstancias los gobernantes? o vivieron en algo que permea, que se siente, que tiene significado, aunque no necesariamente rostro: la ingobernabilidad.

Y así a golpe de siglos, nos heredaron formas de pensar, de gobernar, de actuar, rencillas, ideologías, conflictos, vivimos todavía en el pasado que no hemos alcanzado a superar, a cada gobierno lo contaminan los errores de los anteriores, no afrontamos retos, porque no hemos superado obstáculos, muchos de ellos ancestrales, ni la pobreza ni la forma de combatirla son diferentes, ni los gobernantes ni sus gobiernos son distintos, al contrario seguimos siendo rehenes de lo que nos creó, pero que no necesariamente representa nuestro presente y mucho menos el futuro.

Oaxaca está en un proceso de asimilar nuevos tiempos, de buscar esquemas distintos de solución a sus ancestrales necesidades, de moldear desde la participación ciudadana, gobiernos eficaces, transparentes, honestos, con credibilidad y resultados. Educar desde las Instituciones a oaxaqueños comprometidos con su entorno, con sensibilidad, capacidad y un desprendido amor a su tierra, es un camino viable.

La ingobernabilidad es una palabra, que placea las mentes de aquellos que buscan en las ataduras del pasado, tener cobijo a sus intereses, de los que pretenden  a través del chantaje, la simulación, la falsa redención social, saciar sus ambiciones económicas y de limitado poder que sienten  al generar caos, ellos están siendo presa del arreglo o la solución, que genera  otras complicaciones, siendo una cadena interminable, que hoy tiene a Oaxaca, en las circunstancias de desorden que nos toca vivir.

Existen situaciones difíciles, problemas con solución estratégica más que mediática, un Oaxaca herido, no es necesariamente un estado ingobernable, hay soluciones que no se visualizan en la esfera del poder, recomendaciones que no se escuchan, síntomas que no se perciben y que deben de tomarse en cuenta, para construir un Estado en paz, con verdaderas condiciones de desarrollo social.

Vivimos en una sociedad harta del engaño, saturada de la “clase política” que no ve más allá, de lo que su aspiración electorera le permite, del desatino en el manejo de las instituciones, que hoy se encuentran en el desprestigio por los excesos que desde ahí se han cometido.

Debemos darle paso a la ciudadanía participativa y dejar de cobijar muchas veces desde el poder, la mal llamada “manifestación social”, que solo sirve para la presión y negociación de unos cuantos, con unos cuentos.

La confianza con rendición de cuentas, la fortaleza con sensibilidad al diálogo, el orden con respeto, las libertades sin libertinaje, el uso sin abuso, el conocimiento sin soberbia, la comunión social sin complicidad, son elementos necesarios para lograr concretar un mejor estado, son condiciones fundamentales para disfrutar de gobiernos responsables, donde el ciudadano se vea representado, donde el gobernante encuentre respaldo, donde coincidamos en objetivos y formas de construir el futuro.

Las sociedades y sus gobiernos, tiene el gran reto de no atarse al ayer, pero sí de encontrar fortalezas en lo valioso del pasado, de conjuntar capacidades, de armonizar ímpetus, de inspirar a aquellos que tienen que aportar todavía experiencia, juventud, conocimiento, sensibilidad, a Oaxaca y sus Instituciones.

Con estrategia, prevención, conducción, mucho se podrá avanzar, la expectativa es alta, las tarjetas de presentación importan, pero para este reto vale más la conformación del equipo de trabajo, de aquí o de fuera, pero con las capacidades suficientes, no para mandar, sentirse virreyes o exquisitos, sino para ayudar, al que hoy por la voluntad cívica de los oaxaqueños, tiene la enorme responsabilidad de gobernar: Alejandro Murat Hinojosa.

La visión se adquiere al recorrer, al caminar, al platicar con el extraño, no con el compadre del funcionario o con el amigo del cercano, el inicio es difícil, recomponer en el camino necesario, contar con los mejores para Oaxaca imprescindible, riqueza natural, ideológica y humana la tenemos, encontrar coincidencias es lo que necesitamos…

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