El terror de México y Argentina en la 38 FIL Oaxaca

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Actualidad de la literatura de terror fue el nombre de la mesa donde el escritor mexicano Bernardo Esquinca y la argentina Marina Enríquez charlaron sobre su labor como narradores de este género fantástico, con Luis Jorge Boone como moderador.

Boone abrió la charla poniendo sobre la mesa el tema de la minimización que muchos escritores hacen del cuento y del terror, ya que muchos consideran a este género como algo propio de los inicios de un autor y no como algo que deba continuarse en la madurez, pues la meta, para muchos, es escribir novela.

Sobre esto Enríquez señaló que para ella la ficción es “más capaz de hacernos ver los horrores de la vida real a través de la subjetividad”, ya que considera que la ficción “desnormaliza” situaciones de terror a veces ya cotidianas.

“Quiero reproducir esa sensación de cuando era joven de haber lanzado lejos un libro de Stephen King por el miedo que me causó”, apuntó la Argentina. Tanto ella como Esquinca coincidieron en que King es su referente, aunque el mexicano agregó que en el circuito literario nacional está mal visto expresar admiración a ese autor.

Apuntó que tampoco es bien recibido escribir alguno de los subgéneros, especialmente el terror, ya que los autores consolidados ven  éste como algo menor. “Lo ven como algo que deberías hacer en la adolescencia, antes de pasar a la literatura seria”.

“La literatura en México es muy realista, eso es extraño teniendo un bagaje fantasioso y mitológico tan amplio. Viviendo en un país tan rico en fantasía un psiquiatra tendría que explicarnos por qué eludimos estos temas en nuestra literatura”, refirió Esquinca sobre las características de la creación literaria en el país, alejada de lo fantasioso.

Enríquez dijo que en Argentina esta situación es distinta, pues no es minimizada la escritura de fantasía e incluso dijo que existe una amplia tradición sobre este tema. Abordó además la presencia de política en sus textos de terror, ya que creció en la época de la dictadura en su país, en los años setenta.

Desapariciones, torturas y el silencio que los acompañaba fueron noticias constantes en su juventud. Esquinca por su parte apuntó que una violencia similar se vive actualmente en México pero en sus cuentos se aborda de manera más fantástica. “Me gusta hablar de esos poderes, creer en esas posibilidades. Me parece más interesante una persona que cree en estos mundo que un escéptico que sólo cree en lo que pueden ver sus ojos”, finalizó.

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