Juventud participativa en el poder global

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Bersahín López

Desde el inicio de los tiempos, lo más aptos, lo más fuertes, los físicamente preparados, los mentalmente desarrollados fueron los que conducían las hordas, los clanes, las tribus; un sinfín de características componían al guía, al líder de aquellas épocas, siendo la fuerza y la audacia las características más representativas para encabezar a un grupo de seres humanos.

El sedentarismo delineó características distintas en la generación de liderazgos sociales, la relación con la naturaleza, el establecimiento de líneas de comunicación o acuerdos entre grupos sociales para generar una convivencia estable puso de manifiesto necesidades distintas para encauzar primero pueblos y más tarde naciones enteras, el conocimiento de otras áreas del saber con manejo de distintas herramientas fueron indispensables.

Los liderazgos comenzaron a ser más integrales, no sólo fuertes o aptos, sino también capacitados en diplomacia, estrategia de guerra o economía, ya no bastaba el arrojo, la prudencia fue siendo una virtud cada vez más necesaria en los atributos de aquellos que pretendían erigirse como guías o conductores de un grupo de seres humanos, cualesquiera que fuera su denominación sociológica o política.

A los veinte años Alejandro Magno, en el 336 a. C., gobernaba ya Macedonia e iniciaba el camino para conquistar el mundo hasta entonces conocido, provisto de la capacidad y la capacitación de sus mentores seleccionados personalmente por su padre Filipo; Napoleón Bonaparte en la tercera década de vida se convertía en el primer cónsul de Francia, primer paso para llegar a ser el emperador más joven que habían visto los franceses.

Sin contar a los reyes, zares, reinas, emperadores que nacían ya con el encargo de dirigir naciones, Isabel II de España, Iván “El Terrible” de Rusia, María Estuardo de Escocia, Alfonso XII de España, Luis XV de Francia, Clodoveo de Austria, son algunos de los ejemplos que la historia nos da de personajes que en plena juventud tenían la responsabilidad de liderar naciones enteras, tomando decisiones que repercutían directamente en el beneficio o perjuicio de sus habitantes.

La idea generalizada a través de generaciones acerca de la necesidad de experiencia para gobernar, nació seguramente cuando muchos de esos jóvenes llegaron a la edad madura y al sentirse “rebasados” multiplicaron la premisa de la edad como virtud para buenos gobiernos, así se forjaron las dictaduras más significativas de la historia, como el extenso mandato de Fidel Castro en Cuba, quien a la edad de 33 años se catapultó a la cima del poder en la isla caribeña.

América Latina y Europa en el siglo XX vieron desfilar a gobernantes que, por la vía electoral en su mayoría, asumieron el poder en plena juventud: Alan García en Perú, a los 36 años; Fernando Collor de Mello, a los 41 años en Brasil; Mateo Renzzi asume el cargo, antes de cumplir 40 años de edad, de primer ministro de Italia; Felipe González, a los 40 años, juraba como tercer presidente de la España Democrática; Benazir Butto, a los 35 años, era nombrada primera ministra en Pakistán, todos ellos con amplias expectativas para redireccionar el rumbo de las naciones que daban la oportunidad a jóvenes, en la vía democrática, de acceder al poder.

Sin el poder de las redes sociales, con liderazgos que se mantenían en la discrecionalidad global, los jóvenes gobernantes del siglo XX gozaron de menos presión mediática, sus acciones podían mantenerse en el anonimato o tardaban hasta años en saberse sus logros o desatinos, todo esto impensable en la acelerada y vertiginosa vida del siglo XXI.

La caída del muro de Berlín, la apertura de las economías, la globalización de las ideas, del crimen, de la tecnología, del bienestar social como una necesidad colectiva, trajeron consigo el rediseño de las características del liderazgo que tiene que enfrentarse a retos que cambian, sin exagerar, de un momento a otro; liderazgos con la capacidad de adecuarse rápidamente a las circunstancias de una globalidad que no respeta ni tiempos, ni modos, ni regiones, mucho menos ideologías o formas de ser.

El mundo vive en esta fase de la historia retos de cohesión, de paz interna y externa, de equilibrios, está confundido en dilemas existenciales que le permitirán seguir la ruta de la prosperidad dañándose lo menos posible. La experiencia de los gobernantes experimentados es crucial, pero las ideas que momento a momento van evolucionando requieren de la agudeza que la juventud le dota a quien la posee, para estar a la altura de las circunstancias que la actualidad reclama.

Una sociedad más informada requiere de liderazgos integrales que hagan frente a retos en tiempo real, la preparación y el sentido común como base fundamental del liderazgo moderno provocará que las sociedades experimenten este tipo de líderes en una ruta más despejada hacia mejores condiciones de vida.

Ya no bastan las estructuras políticas arcaicas, los discursos demagógicos, los gobiernos represores o autoritarios, porque ya no hay sociedades desinformadas, no se actualizan quienes no quieren por comodidad o desinterés, pero existen múltiples herramientas para ser activos importantes en los cambios del mundo.

La forma en la que han irrumpido liderazgos jóvenes en la escena mundial pone de manifiesto el hartazgo social hacia “lo mismo de siempre”, los ciudadanos han podido organizarse para hacer valer su decisión de gobiernos diferentes aunque no siempre sean eficaces o eficientes, pero avanzar en atrevernos a cambiar es importante, que los jóvenes se atrevan a combatir el status quo es fundamental. Que los electores en los regímenes democráticos respondan a estos incentivos harán que la manera tradicional de hacer política y gobernar, pueda irse transformando, con debate, sensibilidad, raciocinio, sentido común, logrando con jóvenes, adultos o adultos mayores, una sensación renovada de participación social.

Emanuel Macron, en Francia, despertó la conciencia de su pueblo con una campaña surgida  de la “temeridad de atreverse”, la simple idea de cambio sedujo a los ciudadanos para volcarse por el hoy joven gobernante, que tiene el enorme reto de mantener la credibilidad y aceptación del pueblo francés ya como su presidente, dejando la idea de redentor, asumiéndose como un gobernante con todo lo positivo y negativo que ello implica.

Leo Varadkar, en Irlanda, a los 38 años es jefe de gobierno de ese país; Juri Ratas, en Estonia, con 39 años dirige los destino de la nación como primer ministro; Volodymyr Groysman, en Ucrania, de 38 años fue investido como primer ministro; Charles Michel, en Bélgica y Youssef Chahed, en Túnez, ambos con 41 años dirigen a su nación.

Sebastián Kurzt es el nombre que es noticia en el mundo, al convertirse a los 31 años en el más joven que gobernará Austria, con una corta pero bien desarrollada carrera política como canciller, y ahora convertido después de las elecciones legislativas en ese país, en el virtual líder de la nación.

Esta generación de jóvenes políticos que a muy temprana edad han llegado a la cúspide del poder en sus respectivas naciones son parte de una dinámica mundial de hartazgo ciudadano, la forma tradicional de ver la política y ejercer el poder está causando reacciones alérgicas en los ciudadanos, que buscan la cura de los males colectivos en rostros nuevos, discursos frescos, acciones contundentes que permitan sociedades con sentimiento de satisfacción en sus gobiernos y representaciones.

Es importante que en la escena mundial irrumpan jóvenes con capacidades, con una preparación integral que los haga capaces de afrontar retos tan diversos en distintas materias, con el conocimiento de la vida real que dé sustento a decisiones que generen bienestar, esto logrará que los ciudadanos comiencen a percibir a la política no como una actividad clientelar, sino como una posibilidad de encontrar en ella el sendero hacia la consolidación de objetivos personales y colectivos.

Pero existen en la actualidad jóvenes entusiastas, valerosos, con capacidades, no están en los foros internacionales pero contribuyen desde la calle, en el campo, en las comunidades marginadas, son profesores, médicos, albañiles, taxistas, taqueros, carpinteros, todos ellos luchan por salir adelante en este mundo global, aunque todavía no los alcanzan los reflectores mediáticos, pero ahí están dándole sustento al desarrollo de las comunidades, fortaleciendo el núcleo básico de la sociedad que es la familia, aportando a la micro y macroeconomía, ellos requieren oportunidades de representación en un sistema que sino se renueva está condenado a fracasar y arrastrar a los que por comodidad no se atreven a impulsar los cambios necesarios.

Kurz, Macron, Benazir Button y Renzi son referentes que no pueden verse lejanos en este mundo global, las capacidades superan los retos más difíciles, pero necesitamos que verdaderamente pasemos del discurso a los hechos, no puede haber un sistema político renovado cuando en los hechos se sigue marginando a los jóvenes con capacidades probadas, aprovechemos el ímpetu por participar de la juventud, porque cuando entremos en un “callejón sin salida” entonces sí reclamaremos la participación de las nuevas generaciones, ¿pero cómo les pediremos actuación inmediata a los que nosotros mismos ayudamos a enterrar?, la tenacidad, perseverancia y unión nos conducirán necesariamente al éxito,  afortunadamente eso nadie lo puede cambiar.

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