LA IMPORTANCIA DEL “PORQUÉ”

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Guerras, cruzadas, travesías, gobiernos, interminables encomiendas se han iniciado con finales dudosos, poniendo la vida y el destino de millones de personas en la delgada línea de la “suerte”, al no existir una estrategia definida, al no visualizarse distintos puertos de atraco en el inmenso mar de las circunstancias, derivadas de las empresas emprendidas.

El sustento de todos los males y también de todas las cosas positivas tienen un origen, un punto de partida específico; responde a una condición natural o humana, no se encuentran aisladas sino al contrario, representan la parte de un todo y cuando no están claras las bases sobre las cuales descansan esas encomiendas, cuando los “porqués” no se han puesto de manifiesto, se comienza a estar a la deriva, no se haya sentido al por qué luchar o recorrer algún camino.

Jesús de Nazaret soportó humillaciones, vejaciones, golpes y la propia crucifixión porque conocía -según lo que relata la biblia- el origen y contexto de su encomienda en el mundo terrenal. Sabía el porqué de sus acciones y la de las circunstancias que lo rodeaban, jamás claudicó y aunque al final le encomendó su espíritu a su padre, siempre fue dueño de su destino, porque lo conocía.

Alejandro Magno vivió años soportando inclemencias del tiempo en sus campañas, sorteando desencuentros militares, políticos y sociales, construyendo el sueño de conquistar el mundo conocido hasta ese entonces. Tenía claridad del porqué de sus acciones, visualizaba el final con base en el dinamismo y conocimiento de lo que lo impulsaba.

Cristóbal Colón emprendió una de las travesías más importantes de la historia, sin tener conocimiento pleno de las distancias y las circunstancias a las que se enfrentaría. A punto de desistir y con la tripulación de sus embarcaciones en proceso de amotinarse, se encuentra de casualidad con un continente desconocido. Descubrió América sin ser dueño de la situación; a la deriva encontró la salvación en una circunstancia afortunada, el porqué de esa travesía tuvo un error histórico afortunado, no siempre esos son los finales.

En un mundo globalizado como el actual, donde las ráfagas de información nos inundan a cada momento y en ocasiones llegan a confundirnos, es importante saber el porqué de las acciones que diariamente realizamos. Los proyectos personales o comunitarios deben tener una base sólida, siendo perdurables para una humanidad que camina a la velocidad de la luz, donde la creación y el olvido son prácticamente en un mismo momento y en tiempo real.

El amor, dicen los poetas, no tiene explicación; el desamor, aseguran los que saben, tiene un porqué, nace de algo concreto, explicable, determinante. Lo que hoy domina a la humanidad se encuentra más en lo material, por eso es importante conocer los “porqués”. En la ciencia, en la política, en lo social, todo lo que pueda materializarse debe tener explicación, según afirma la comunidad científica. En el mundo de las ideas los porqués son fundamentales para que exista destino, meta, sueño alcanzable, concluir con éxito lo emprendido es el objetivo.

Ser dueño de las circunstancias nos pone en posibilidades de visualizar opciones diferentes, nos abre panoramas, nos da herramientas adecuadas para afrontar dificultades, el conocer el porqué de determinada acción, sueño o encomienda, otorga certezas o por lo menos aceptación de beneficios o repercusiones, el nivel de compromiso pone al éxito como el destino más claro.

En la actualidad vivimos gobiernos y liderazgos que no tienen claridad en su encomienda, con carencia de acciones que concreten beneficios sostenibles, un mar de políticas públicas y legislación sin algun sentido, el quehacer cotidiano, la falta de planeación y la ausencia del “porqué” en acciones genera confusión, desestabiliza, dejando sentir la inestabilidad y zozobra de no saber hacia dónde nos dirigimos.

La generación que hoy en día cuenta con la posibilidad de tomar las riendas del destino de toda la humanidad, fraccionada esa responsabilidad en municipios, estados, naciones, continentes, debe tener claridad en el “porqué” de todas las acciones a realizar, es necesario que conozca su pasado y presente para poder proyectar el futuro que se pretende alcanzar, si no hay un porqué o sino se cuenta con un sustento ideológico, material o moral, estamos condenados a seguir a la deriva en un posible naufragio de nuestras aspiraciones como humanidad.

En México vivimos una etapa que definirá el rumbo del país, es el momento de encontrar el origen de los esfuerzos por realizar, estamos ante la posibilidad histórica de desempolvar los “porqués” de la acciones conjuntas que requerimos realizar para cristalizar el sueño histórico de una nación próspera, independiente, dueña de su propio destino.

Los políticamente activos, los socialmente influyentes, los que dirigen, promueven y direccionan esfuerzos globales deben tener la prudencia, sensatez e inteligencia para desempolvar los “porqués” y tomar las decisiones adecuadas para el tránsito de los ciudadanos hacia mejores condiciones de vida, no sólo en el discurso, sino en las acciones concretas que la realidad amerita.

En las inmensas historias diarias de éxitos y fracasos, se encuentran los fundamentos de nuestro presente y futuro, ahí están los “porqués” que requerimos para cometer los errores necesarios y emprender las acciones determinantes con las coincidencias necesarias, en beneficio de aspiraciones personales y comunitarias.

COINCIDIR es lo que nos puede salvar de posibles catástrofes, desencuentros o finales de terror, nuestros hijos, familias y el bienestar del prójimo son argumentos suficientemente fuertes, para encontrar COINCIDENCIAS en un mundo plural que nos reclama el mejor de los esfuerzos.

 

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