LAS MAESTRAS RURALES EN MÉXICO

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 *Rosa Simón Sánchez

Dedicado a  Yolanda Simón Ortiz y Maryan Ramírez

La invisibilidad de las mujeres en la historia permea todos los espacios. Cuando aparecen  son atípicas, ligadas a un hombre importante, lo que quiere decir que han sido invisibles para el discurso histórico.  

En México, cuando se habla de educación, lo primero que pensamos es en las instituciones, las políticas educativas, los líderes sindicales del magisterio etc. Pero nunca en las maestras que trabajan en las comunidades rurales y su aporte a la vida cultural de los pueblos.

De acuerdo con algunos registros existentes de la época de la Colonia, las primeras maestras fueron de origen español o criollo que imitaban el modelo europeo de escuela “femenina” llamado las amigas o “migas” y su enseñanza era esencialmente religiosa y doméstica.

En los años de 1920 a 1940, de acuerdo a un texto de David Raby, las maestras rurales realizaban diversas tareas en las comunidades: establecían cooperativas, organizaban sindicatos y comités agrarios, fundaban escuelas a pesar de la oposición de curas y caciques; fueron por algunos agredidas, expulsadas e incluso asesinadas. Aunado a ello, las mujeres que pretendían ingresar al magisterio afrontaban además las desventajas salariales, tenían que enfrentar las ideas machistas de una sociedad que reprobaba el hecho de que las mujeres trabajaran y la de sus compañeros maestros, que no estaban dispuestos a dar un trato igualitario y equitativo, por lo que eran tratadas como “intrusas”.

En las Breves informaciones sobre la campaña contra el analfabetismo, Vasconcelos menciona diversos casos de maestras honorarias que se dedicaban a las tareas de alfabetización en diferentes partes del país ateniendo campesinos, obreras y obreros, niños y niñas del vecindario, mozos; lo que abundaban eran mujeres que enseñaban en sus propias casas que convirtieron sus hogares en aulas.  Desde un inicio Vasconcelos recibió el apoyo de las maestras no sólo para la alfabetización sino para impulsar otras campañas, como la de los comedores escolares, los festivales al aire libre y las de higiene. Por ello es digno reconocer a Eulalia Guzmán, Elena Torres, Elena Landázuri, Luz Uribe, Luz Vera, Adela Zendejas y Palma Guillén, ésta última buscaba alumnos y alumnas en las obras en construcción, fábricas, comercios, vecindarios, mercados y calles.

Las maestras rurales no tenían conocimientos de pedagogía, psicología o lingüística, pero tenía grandes virtudes: su entusiasmo, intuición, sentido práctico y naturalidad de tratar a las personas, la empatía y el respeto eran el principio del conocimiento. El mayor movimiento educativo en el mundo se lo debemos a las maestras y maestros rurales que incorporaron la educación popular, las actividades escolares con la comunidad y que pugnaron por la coeducación.

Es por ello que hoy quiero recordar las palabras de la profesora, educadora y maestra Maryan Ramírez, quien dijo: “La vida que tocamos para bien o para mal, toca otra vida y  a otra y nunca sabremos hasta donde llegará. Pocas profesiones tienen este impacto y la docencia es una de ellas”.

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