Libertad política para las mujeres

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Rosa Bertha Simón Sánchez

“No se trata de insertarnos en el mundo masculino, sino de ser nosotras en la realidad social en la que nos toca vivir” (Francesca Gargallo, 2004).

Hace unos días hice un recorrido por algunos municipios del Estado de Oaxaca, entre ellos Tamazulapam del Progreso de la región de la Mixteca, San Juan del Estado de Valles Centrales y Jamiltepec de la región de la Costa, donde tuve la oportunidad de conversar con las titulares de las instancias municipales de las mujeres sobre los obstáculos a los que se han enfrentado al asumir el cargo.

La situación que manifestaron fue la triple jornada en la que se ven inmersas, que se debe a las labores que realizan no sólo como servidoras públicas, sino también como madres, esposas e hijas. Aunado a la competencia por parte de sus compañeros del Cabildo, los cuales muchas veces bloquean su trabajo, no asistiendo a las reuniones que ellas convocan, no entregándoles recurso de la Tesorería para sus gestiones, minimizando su trabajo y violentado sus derechos políticos al negarles la participación en las asambleas.

Otro de los obstáculos que desafían son los chismes en la comunidad, dado que contienen cualidades coercitivas, como menciona Marcela Lagarde, contar algo de alguien puede significar en sí mismo una sanción  y una sentencia social, la pena está en el ridículo o en el descrédito y la inculpada comienza a expiarla en el momento mismo de ser objeto del chisme, el cual se convierte en castigo (2003:349).  

Esta realidad de la participación de las mujeres en cargos comunitarios y específicamente, quienes desde la política municipal dan seguimiento y acompañamiento a casos de violencia de género, ocasiona profundos daños a nuestras comunidades, donde las mujeres son castigadas y señaladas por sus acciones, donde la exigencia es mayor para ellas que para sus compañeros y en donde muchas veces tienen que ceder ante las injusticias e incluso renunciar a su cargo porque se sienten solas o presionadas al no poder realizar sus proyectos en beneficio de las mujeres.

Necesitamos libertad para el ejercicio del poder público, pero esto no significa apropiarse de riquezas o bienes materiales, aprenderse a Maquiavelo o a Hobbes para ser “mujeres políticas”, sino hacernos del mundo sólo con nuestra libertad, con nuestro movimiento hacia la igualdad, contenido en la palabra libre, con acciones trascendentes y respeto a nosotras mismas (Gargallo, 2004:2017).

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