“No somos nada”, pero también “somos todo”

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Sin Concesiones

Humberto Ferrusca

En 2003 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró la festividad del día de muertos como “Obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad”. Esta celebración tiene particularidades propias de las regiones y etnias del país, pero es común a todos por la dualidad del festejo, la parte publica, de panteones y practicas comunitarias que dependen de la cosmovisión que en ellas vertieron nuestros antiguos pueblos y las etnias que hoy conservan con el sincretismo que aporto la colonia y el mestizaje, y además la parte intima, la familiar, la de dentro de los hogares, que ha sido “conservada” en las familias mexicanas de acuerdo al apego que inculcaron en ellas las generaciones anteriores, y aun con la mezcla transculturizadora del Halloween de origen Celta y que como en nuestros pueblos originarios es común a todas las culturas pre cristianas, y que con sus diferentes conceptos tienen como eje original el culto a la muerte, al respeto que entraña, al miedo que conlleva, al misterio que le rodea.

En toda la geografía de nuestro maravilloso país se celebra bajo diferentes nombres y conceptos que según sus pueblos ancestrales y sus particulares conceptos, hacen concurrir a todos los mexicanos en una expresión cultural maravillosa que asombra a propios y extraños, diversos estudios históricos y antropológicos han permitido constatar que las celebraciones dedicadas a los muertos no solo comparten una antigua práctica ceremonial en la que conviven la tradición católica y la precolombina, sino también manifestaciones que se sustentan en la pluralidad étnica y cultural de nuestro país.

Sorprende particularmente que para todos estos festejos, los muertos tienen vida, por lo tanto sus espíritus tienen necesidad del sustento tanto como los vivos, por esta razón se les preparan los guisos que solían disfrutar en vida, para mantenerse con energía durante su trayecto desde el más allá, es una celebración de concurrencia, en la que las familias se reúnen, en la que vienen algunos que por diversas razones han estado o están ausentes y se congregan en esta fiesta milenaria con las almas de los seres queridos que vuelven y también comparten los alimentos que con cariño los vivos les ofrecen, logrando que vivos y muertos se reúnan cada año nuevamente, es una fiesta de comunidad, donde la colectividad muestra sus más ricas y variadas coincidencias, donde un pueblo magnifico pero estoico, de profundas raíces culturales que son violentadas sistemáticamente por las modas y las aspiraciones lucha por conservar vivas sus tradiciones y las mezcla con las influencias de las que son sujetos, pero en toda esta fiesta de la muerte, esencialmente celebramos la vida, celebramos la aspiración a la inmortalidad, a la permanencia, porque entendemos que la cesación de la vida es un punto, al que de llegar, no hay retorno, la muerte provoca dolor y fiesta, si es el cuerpo la casa del alma y éste al dejar la vida obliga al alma a salir y seguir viviendo, tenemos un misterio que cada pueblo y cultura mira y conserva de diversas maneras.

El culto a la muerte es también el culto a la vida, es el circulo de la realidad a la que más allá de las culturas y conceptos todos los humanos enfrentamos, el inicio de la vida y la cesación de la misma, que ha dado a las sociedades de todo el mundo su cultura, sus historias y sus tradiciones, la que nos muestra que si efectivamente “no somos nada”, también “somos todo”, es el final del ciclo vital, es un final pero paralelamente es también, un principio.

Es también el preludio de las fiestas del fin de año, en las que materialmente celebramos lo mismo, el fin de un ciclo y el inicio de otro, es la época en la disipación, la del olvido de muchas facetas de la realidad, es el breve tiempo del; …y por que no?, del; solo se vive una vez…, del; si no es ahora, cuando? Todos esos conceptos tienen el fin de obtener satisfacciones que han sido negadas o que no se han podido obtener, que impulsan la economía colectiva pero que lesionan la propia, la del festejo antes de las penurias y ahora también estamos frente al fin de un ciclo que para la mayoría de nosotros ha sido muy largo y difícil, el del gobierno peñista, este proceso que va llegando a su fin nos pone frente a la encrucijada del, que irá a pasar?, y seguramente más allá de quien tome las riendas del gobierno en el ciclo por iniciar, nos deja en la incertidumbre respecto a: cómo nos puede ir?, del, no nos puede ir peor, del: quien será capaz de cambiar las cosas?

Ese punto está próximo y la decisión que tomemos marcará el destino de nuestros próximos seis años, pero no debe ser producto de la casualidad ni de la especulación de si nuestras aspiraciones las puede modificar un solo hombre por voluntad o por casualidad, el inicio del próximo ciclo está en nuestras manos y conciencia, no podemos ser presas del fatalismo ni de esperanzas infundadas, debemos ser responsables de nuestros actos, de nuestra convicción social, no debemos enfrentarnos estérilmente en el contraste de nuestros principios, sino coincidentes por nuestras necesidades, debemos analizar las ofertas y la posibilidad de hacerlas realidad, la esperanza no gobierna ni decide, la realidad y el contexto nos deben guiar responsablemente, el análisis responsable y consciente debe ser nuestra premisa, no podemos ni debemos esperar que los deseos, la irrealidad y la irreflexión nos lleven a un mejor futuro, hagamos el compromiso familiar y colectivo de decidir, de participar con el instrumento más valioso con el que contamos, el poder del voto que es lo que guiará nuestro futuro, no dejemos en las manos de otros la decisión del rumbo de nuestro porvenir, en nuestro país votamos en promedio entre el 50 y 60% de los ciudadanos que pueden hacerlo, es decir de los poco más de 87 millones de mexicanos que lo pueden hacer, solo entre 43 y 52 millones de mexicanos lo hacer, si tenemos una elección de tercios, el posible ganador lo será por entre un 15.5% y un 18.6% de los ciudadanos que participen, es decir que entre el 81.4% y el 84.5% de los mexicanos no optaremos por esa opción sea ésta cual sea, la ilegitimidad en el ganador es lo que ha producido los espacios de denuncias e infundios que guían las ofertas políticas, empoderamos individuos una ofensiva minoría que decidimos por la mayor parte de los mexicanos, nos puede ir mejor o peor, no lo sabemos, pero si podemos ser parte de esa decisión cualquiera que sea el resultado, nuestro futuro es nuestro, no dejemos que nadie lo decida por nosotros, demos a nuestra democracia un vigoroso impulso social, determinemos aun a riesgo de equivocarnos lo que queremos, no nos quedemos en el comodino espacio de la esperanza de un mejor e inalcanzable futuro, si niños y jóvenes han aprendido a separar basura y nos lo están enseñando, si ahora están preocupados por el bienestar de los animales y la sustentabilidad del planeta y nos lo están enseñando, enseñémosle con nuestro ejemplo que la responsabilidad de votar y de nuestra participación social en el proceso, es nuestro aporte a la vida democrática y la apuesta por un mejor futuro, abur.

Oaxaca de Juárez, noviembre de 2017

@FerruscaOax

 

 

Esta columna se reproduce en este medio informativo tal cual ha sido concebida por su autor. Las opiniones en ella expresadas no son necesariamente compartidas por este portal.

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