Pedagogía del erotismo

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Rosa Bertha Simón Sánchez

“El deseo cabe en todas partes y se manifiesta de las maneras más insospechadas”.

 Luisa Valenzuela, La travesía.

El cuerpo y el erotismo de las mujeres están prohibidos en primer término para ellas mismas. Las mujeres aprenden el erotismo heterosexual, es decir, a partir del cuerpo de los otros, de las necesidades eróticas de los hombres, no de las suya.

La enseñanza del erotismo en los hombres es a través de mirar a las mujeres como objetos, donde puede haber un pago o una relación de poder. El erotismo llega a institucionalizarse desde el poder patriarcal, por eso muchas mujeres con las que he conversado me dicen que no han sentido un orgasmo o que son frígidas, esto se debe a que no descubren sus propios procesos de placer, ni las prácticas que les permitan conocer su cuerpo.

El erotismo se vincula con la palabra, ya que a través de ella hay reacciones corporales que despiertan la sensualidad por medio de la capacidad imaginativa de cada lector o lectora. La poesía erótica es un texto de goce que permite a las mujeres conectarse con el cuerpo y a los hombres conectarse con sus emociones.

Como menciona Luisa Valenzuela en Reflexiones de una escritora: “Hay conciencia de cuerpo también para el cuerpo de nuestra escritura. Sería ésta una forma de defender nuestro propio oscuro deseo, nuestras fantasías eróticas tan distintas de las del hombre. Nuestros fantasmas. Defendemos por lo tanto el erotismo de nuestra propia lengua y de nuestra literatura, para no seguir siendo el espejo del deseo de los hombres”.

Entonces el erotismo implica aprendizajes de las normas que permiten, restringen o prohíben  de acuerdo con el estereotipo de trato erótico. Siempre alguien enseña y alguien aprende, alguien tiene el saber erótico y alguien carece de él. “La centralidad del erotismo en las relaciones sociales conyugales y en la ideología de la pareja amorosa, lo hace un espacio político por excelencia” (Kate Millet, 1975).

La dimensión del disfrute sexual y el erotismo de las mujeres son la conquista feminista de casi  poco más de medio siglo. Es por ello que seguimos proclamando que lo personal es también político.

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