El plan que Oaxaca necesita

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Bersahín López López

Muchas veces en la historia del estado, en lo particular y del país en lo general, hemos escuchado frases como “es un momento inédito”, “es el momento de hacer las cosas diferentes”, “tenemos la oportunidad en nuestras manos”, “nunca como antes…”, “es la hora de…”, “comencemos esta nueva etapa…”, “estamos ante una nueva realidad”, todas esas expresiones acompañadas de una gran carga de expectativa, de esperanza, de ganas de que nuestra realidad cambie de manera sustancial y en la gran mayoría de las ocasiones pasamos de ser positivos, al gran desánimo, porque no se concretaron las expectativas que se habían generado, culpa de uno, de todos, de ninguno o simplemente presos de las “malas circunstancias”.

Oaxaca ha padecido durante décadas el desánimo de expectativas no cumplidas; a pesar de la gran riqueza que por todos lados se pregona, no ha podido vivir una bonanza constante por muy diversas situaciones, de índole climático, social, económico, político. Nos hemos acostumbrado históricamente a ser fructíferos en algunos aspectos y a padecer carencias en la mayoría de satisfactores que pudieran darnos la posibilidad de experimentar un desarrollo sostenible.

Gobiernos y representantes de todos los colores, ideologías políticas, estratos sociales han desfilado en la arena pública del estado, pero el sentimiento de insatisfacción por lo realizado es lo que permea en el ambiente social, acciones aisladas, resultados efímeros, beneficios momentáneos, mejoras pírricas, es lo que ha dejado el alcance de gobiernos que han actuado de acuerdo a las circunstancias, reactivos a los problemas, sin una planeación que permita medir resultados y evaluar acciones, para tener plena conciencia de lo que se hace bien o en lo que hay que mejorar.

Pocas veces se habían socializado los beneficios o perjuicios de contar con un Plan Estatal de Desarrollo en Oaxaca, tal vez la idea mediática de no tener en el tiempo establecido legalmente este instrumento de planeación hizo reflexionar sobre los alcances y la importancia de planear para crecer, de analizar para obtener posibilidades de estrategias, para abatir rezagos de manera palpable y medible.

El discurso oficial que hemos escuchado durante los ocho meses de gobierno, nos dicta que la planeación tenía que tomarse el tiempo necesario para obtener un documento donde con claridad se estableciera la realidad de Oaxaca y las estrategias más eficaces para lograr objetivos perfectamente programados, con la posibilidad de medirlos en virtud no sólo de generar estadísticas, sino principalmente de que se vean reflejados en la vida diaria de los oaxaqueños.

Los planes nacional y estatales de desarrollo son el fundamento de todas las políticas públicas que los gobiernos implementan para alcanzar objetivos en muy diversas áreas de la administración publica, para que de manera eficaz y eficiente se puedan lograr mejoras en la vida de todos los ciudadanos.

A pesar de lo bien elaborado que pudiera estar cualquier plan de desarrollo, sea estatal o nacional, no es suficiente, la estrategia debe  irse articulando de diversas maneras; el plan general tiene que regionalizarse, sectorizarse, porque no hay estrategia que funcione sin un compromiso integral de todos los que participan en su ejecución, no basta con tener un plan lo mejor elaborado si no hay eficacia en su ejecución, si no hay trabajo en equipo, si la letra queda sin vigencia en los hechos.

Con la aportación de ciudadanos y expertos, después de la aprobación con el voto de la mayoría de integrantes de la Sexagésima Tercera Legislatura local, el Gobierno del estado tiene Plan Estatal de Desarrollo 2016-2022, contando con la herramienta de gestión legal para buscar, sin pretextos, concretar el desarrollo social, satisfacer necesidades colectivas de los oaxaqueños y mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos.

El Plan que Oaxaca necesita va más allá de un documento perfectamente elaborado, requiere de una actuación institucional impecable de aquellos que tienen que ejecutar las estrategias que combatan la desigualdad y pobreza, requerimos del compromiso real de las y los funcionarios públicos, de las autoridades municipales, de los partidos políticos, de las organizaciones sociales, el Plan tiene que integrarlos a una dinámica de trabajo en equipo, para involucrarlos en las metas y las formas de llegar a ellas.

El Plan que Oaxaca necesita es sencillo, no requiere de expertos o mentes extraordinarias, obedece más a la lealtad de principios, al sentido común como eje del actuar público, a la humildad con inteligencia para hacer las cosas correctas, el plan tiene que equilibrar visiones y ambiciones, saber escuchar no como un ejercicio mediático, sino como una dinámica de integrar a los que piensan distinto, pero que su aportación sirve para impulsar el desarrollo de Oaxaca.

El Plan que Oaxaca necesita no requiere de soberbia institucional, no puede cimentarse en perversidades, no debe permear por el personalismo, si no por el contrario, debe ser un conglomerado de voluntades y acciones puestas al servicio de una sola causa: Oaxaca.

Requerimos de una participación ciudadana de verdad, que se involucre en los trabajos que como sociedad nos toca llevar acabo, ni los gobiernos podrán solos ni los ciudadanos lo lograremos si no hay un trabajo coordinado. Transformar Oaxaca es una gran tarea que hoy tiene Plan Estatal de Desarrollo, pero que debe contar con estrategia de equipo, no es el círculo cercano o los pocos elegidos los que lograrán concretar las metas deseadas, es la participación de todos los ciudadanos lo que hará posible el “sueño oaxaqueño” de vivir mejor.

¿Con qué plan pondremos en marcha el Plan Estatal de Desarrollo? ¿Cuál es el plan para incluir a los que son necesarios, pero no son cercanos al circulo de poder? ¿Cuál es el plan para trabajar en equipo ante tantas diferencias? ¿El plan incluye a todos o solamente es de los privilegiados? Todas estas preguntas son las del análisis, son preocupaciones que tienen fundamento no sólo por lo que se escucha sino por lo que se ve, es impostergable la implementación de una dinámica que incluya y no siga aislando a la ciudadanía de sus representantes, sólo así metas y objetivos podrán cumplirse por el bien de todos los oaxaqueños.

Lo más deseable es que exista un plan para Oaxaca, no esperemos que el hartazgo ciudadano nos marque el camino, articulemos un plan como paisanos, como hermanos, como ciudadanos que compartimos problemas y también formas de resolverlos, armonicemos por Oaxaca y armemos en Plan que Oaxaca necesita.

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