Repensar el amor para poder crear relaciones más igualitarias

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Rosa B. Simón Sánchez

“Tenemos que comprender el amor; tenemos que ser capaces de enseñarlo, crearlo, predecirlo o el mundo será vencido por la hostilidad y el recelo”. A. Maslow

¿Qué es lo que mantiene a los seres humanos unidos? ¿Qué es aquello que nos da felicidad? Me preguntaba mientras leía a Jaime Sabines, Pablo Neruda y Guadalupe Amor, tres poetas que dentro de su obra nos dan una respuesta: precisamente, compartir y ser cómplices hacen de la humanidad la mejor creación.

Hablar de amor no es fácil en estos tiempos cuando vemos tanta violencia y relaciones destructivas por un amor malentendido. El amor no es sufrimiento, no es anularse para que el otro (a) sea feliz.

El amor es un cúmulo de respeto, empatía y complicidad, las novelas y los cuentos de hadas nos han mentido toda la vida. No existen príncipes azules ni princesas rosas, existen hombres y mujeres que deben conocerse sin anestesia, mirarse en igualdad de condiciones para saber quererse.

Hace unos días, platicaba con una amiga que me decía que quería encontrar a su media naranja, le respondí que se sentía como una fruta incompleta. La verdad me causó risa, porque todo el mundo anda por ahí buscando a su complemento. En mi opinión, creo que todos deberíamos ser personas completas, cumplir nuestros sueños y al final del día compartirlos, ya sea con una pareja o con amigas y amigos.

Escuché una frase que dice: “El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el valor de ir a buscarla al borde de un precipicio”. Es verdad, el amor crece y se desarrolla conforme avanza la confianza y la lealtad.

Existen momentos difíciles, cuando un amigo (a) se encuentra enfermo (a), cuando tiene problemas con su familia, cuando simplemente necesita ser escuchado. Abrazarnos tal y como somos implica que el hecho de existir y compartir nos da la pauta para construir un mundo menos egoísta y dispuesto a mirarse sin distinción alguna.  

Quisiera hacer una reflexión sobre cómo debemos amarnos, no desde likes en Facebook, Twitter, no con rosas y chocolates, sino con palabras de afecto, abrazos y reconocimiento de nuestra valía. Amarnos por lo que somos y no por lo que tenemos. Saber que la felicidad se comparte y que lo esencial no es palpable.

“Tu alma gemela no es alguien que entra en tu vida en paz, es alguien que viene a poner en duda las cosas, que cambia tu realidad, alguien que marca un antes y un después en tu vida. No es el ser humano que todo el mundo ha idealizado, sino una persona común y corriente, que se las arregla para revolucionar tu mundo en un segundo” (M. Benedetti).

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