Tequio: expresión de unidad y hermandad colectiva

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Bersahín López López

El tequio como expresión social es una herencia prehispánica que se ha venido perdiendo a través de los tiempos, sentido comunitario de ayuda común que se ha desgastado por múltiples factores políticos y económicos, el individualismo que le ha ganado terreno a la colectividad, la falta de coincidencias en las múltiples diferencias ciudadanas, han permitido que se vaya perdiendo el sentido de identidad común.

Esta actividad milenaria se ha mantenido viva en municipios de “usos y costumbres”, los cuales por su organización interna permiten la participación directa de todos los habitantes en asuntos administrativos, políticos, religiosos y de infraestructura social, cuyas características permiten que cualquier actividad colectiva no genere algún sesgo externo, sino que su único fin sea el bienestar de la comunidad.

Las marcadas diferencias entre las distintas formas de pensar y actuar de aquellos que dirigen comunidades, estados o países han llevado a fragmentar de manera muy marcada a los sectores de la población; hay temas o situaciones de interés general que solamente se resolverán con la participación de la comunidad, pero rencillas, intereses, futurismos políticos o económicos no permiten la unión de voluntades por un beneficio en común, prevaleciendo intereses personales o de grupo.

La cada vez más desgastada imagen de los gobiernos, gobernantes, políticos o pseudo actores sociales, ha generado complicaciones que no permiten tener servicios públicos de calidad; las administraciones, en distintos ámbitos de gobierno, no reparan en necesidades básicas de los ciudadanos cuya solución más que de presupuestos elevados, requiere de voluntad y sentido común; han visto en la división la mejor forma de lograr metas personales, sacrificando la unidad ciudadana que permitiría mejorar, de manera sostenible, la calidad de vida de los municipios pequeños o las grandes urbes.

En Oaxaca existe una forma muy particular de visualizar los asuntos públicos, vivimos intensamente las dinámicas de participación política, nos apasionan las distintas actividades que conllevan posibilidades de cambios sociales, todas estas características dan mayores posibilidades a una participación comunitaria efectiva, plagada de beneficios comunitarios cuando así lo decidamos hacer, convocados desde la misma necesidad que los gobiernos no han podido resolver.

La Constitución local contempla que “las autoridades municipales preservarán el tequio como expresión de solidaridad comunitaria, según los usos de cada pueblo y comunidad indígenas”, esto nos demuestra el reconocimiento que existe de esta forma de participación social. Diversas comunidades, al pasar de los años, han demostrado que se logran importantes beneficios en servicios de agua potable, caminos, educación, energía eléctrica, a través de la colaboración colectiva en los tequios.

La politización de la ayuda social ha desgastado la solidaridad en asuntos públicos, se ha hecho más marcada la distancia entre las necesidades y las estrategias para resolverlas; diferencias políticas, más que económicas, que han mermado la unidad comunitaria. Pero todavía existen una gran cantidad de municipios que defienden y preservan el tequio con sus beneficios, estos ejemplos son los que nos deben invitar a trabajar en conjunto para lograr los beneficios que merecemos como habitantes de una comunidad, municipio, estado o nación.

Los oaxaqueños tenemos arraigado ese sentido de ayuda mutua que se refleja en nuestras costumbres, fiestas y tradiciones. Nuestra Guelaguetza cultural es el reflejo de cómo la pluralidad puede fusionarse en un mosaico maravilloso de colores, danzas, música, esa muestra folclórica debe traducirse a lo social, “el gran tequio que Oaxaca” necesita de la participación de todos en asuntos de intereses general; sin importar creencias, situación social, afiliación política, es necesario unirnos con un solo objetivo: Oaxaca.

La ayuda que necesitamos no distingue comunidades cercanas o alejadas, colonias en situación de pobreza de grandes ciudades o municipios enteros, todos ellos tienen alguna necesidad que requiere de la participación colectiva. En todos esos lugares es necesario de la fuerza ciudadana, ya que la fuerza de la autoridad legalmente establecida no ha logrado las mejoras que se necesitan para lograr elevar la calidad de vida de sus habitantes.

La unidad y la hermandad colectiva debe ser la dinámica de la participación social, requerimos de una colaboración más efectiva que afectiva, la unidad debe lograr lo que las disputas ideológicas o de cualquier índole no han podido. El tequio constante y no sólo ocasional se convierte en una oportunidad de coincidir, en un punto de encuentro, en un motivo para unificar acciones. Las generaciones venideras lo agradecerán, embellecer una calle, conservar un monumento histórico, reparar vialidades, construir espacios verdes son la carta de presentación del verdadero sustento del tequio: hermandad colectiva.

El tequio debe surgir de una necesidad sentida por la población, las soluciones deben demostrar a gobiernos y gobernantes que debemos de volver al sentido común como eje del actuar público. En esa unidad habrá espacio para la critica constructiva, el reconocimiento, la valoración, pero jamás volverá a tener cabida el desinterés o la omisión para resolver lo que con trabajo en equipo tiene solución.

Oaxaca necesita el gran tequio de las voluntades y las acciones, los que nacieron, crecieron, viven aquí, podrán tomar fuerzas de esas herencias milenarias para afrontar los retos de un mundo cada vez más demandante de satisfactores materiales.

Necesitamos que los ciudadanos se sientan convocados, animados, inspirados para hacer equipo; sino ha podido a través de los años un personaje o ideología, la que lo logre que sea la necesidad, que convoque el hartazgo de seguir sin mejorar, que sea la oportunidad de vernos en hermandad, que seamos los oaxaqueños quienes luchemos juntos por salir adelante, el tequio es la oportunidad, la esencia, es Oaxaca, lo demás serán COINCIDENCIAS.

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