«¡Enrique, Enrique!», ovaciona Oaxaca a Bunbury en el Auditorio Guelaguetza

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«¡Enrique, Enrique, Enrique!», entonaron miles de oaxaqueños la noche de ayer, quienes inspirados en la añoranza de Flamingos, se entregaron ante la leyenda viva del rock en español, Enrique Bunbury, mismo que, en medio de una gama de luces color púrpura, les cantó por dos horas en el Auditorio Guelaguetza.

En lo bajo de la Rotonda de las Azucenas, filas interminables de seguidores veían con pesar y angustia como el cielo oscurecía mientras la hora anunciada para el inicio del concierto más esperado del año se acercaba cada vez más.

Eran las 8:50 de la noche, niños, jóvenes, adultos y hasta personas de la tercera edad caminaban de un lado a otro, apresurados y bajo la lluvia, ansiando tener poder sobre el tiempo y detenerlo, pues las filas no avanzaban.

Después de 15 interminables minutos las hileras aceleraron su andar. «¡Enrique, Enrique, Enrique», coreó, una vez adentro del Auditorio, la gran mayoría. Mientras afuera, quienes aún no accedían, se veían unos a otros. ¡Que aún no salga, que aún no salga!, pedían a la buena fortuna. Pero no tuvieron eco, ningún Dios los escuchó.

Las luces en el Auditorio Guelaguetza se apagaron, y un destello azul iluminó el escenario. La batería, las guitarras y la voz grave y vacilante de Enrique Bunbury provocaron gritos desesperados del público.

«Caminando, sobre arenas movedizas, tus pies se hunden (…)», el monstruo español comenzó a cantarle a Oaxaca, tras seis meses de anunciar su llegada.

«¡Enrique, Enrique, Enrique!», los fans volvían a corear al término de cada canción. No podía ser diferente, se trataba de la primera vez que el ex vocalista de la legendaria banda Héroes del Silencio ofrecía un show en la entidad.

«La ceremonia de la confusión»; «La actitud correcta»; «En bandera de Plata»; «Cuna de Caín» y «Parecemos tontos» fueron las primeras canciones que Enrique Bunbury ofreció a los fanáticos oaxaqueños, quienes de pie, cantando a todo pulmón, gritando una y otra vez su nombre, levantando los brazos en señal de entrega, y haciendo llegar rosas al escenario, expresaron el agradecimiento de su presencia en esta ciudad.   

«El mar no cesa»; «El anzuelo»; «El rescate»; «Despierta»; «El hombre delgado que no flaqueará jamás»; «Hay muy poca gente»; «Héroe de Leyenda» (con dedicatoria especial a María Sabina; «Que tengas Suertecita» y «Más alto que nosotros solo el cielo» hicieron retumbar el Auditorio Guelaguetza antes de que los gritos de euforia se convirtieran en abucheos.

«No me gusta cantar y que no me escuchen», lamentó Enrique Bunbury después de pasar por alto dos fallas en el sonido. El mismo, después de la tercera imperfección, desapareció del escenario para resurgir a los diez minutos y culpar a la lluvia por los errores técnicos.

El público lo recibió, nuevamente, enérgico y vociferante, con más ganas que nunca de cantar con él.

«Mar adentro»; «De todo el mundo»; «Maldito duende»; «Apuesta por el Rock & Roll»; «Extranjero»: «Infinito»; «Sí» y «Lady blue», fueron las canciones que sonaron en el Cerro del Fortín, seguido de la despedida y agradecimiento del cantautor español.

Pero, como era de esperarse, Oaxaca se resistió a dar el adiós y pidió más. “¡Otra, Otra!”, suplicaron los seguidores en unísono y Enrique los complació.

Las luces se apagaron nuevamente y el Auditorio Guelaguetza fue iluminado solamente con los teléfonos celulares de las más de 10 mil personas que cantaron, por primera vez en ese recinto oaxaqueño, «Sólo porque vagué por el desierto, hasta que te encontré, me diste cobijo bajo una palmera, y me diste de beber, si algo no sale bien, serás mi constante».

«¡Gracias Oaxaca!», dijo Enrique y, corriendo como un niño, se esfumó del escenario.

@ivonnemateo_

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