OPINIÓN | La nueva normalidad

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José Manuel Luis Vera

La Organización Mundial de la Salud, (OMS), ha declarado que el COVID-19 se ha convertido en un virus endémico, es decir, llegó para quedarse en nuestras vidas, quizás para siempre.

Las enfermedades forman parte de la historia de la humanidad; desde que el ser humano empezó a organizarse en sociedad y a crear núcleos de personas, que convivían juntos en un mismo espacio territorial, las enfermedades contagiosas tomaron un especial protagonismo. A medida que la población mundial fue creciendo, las enfermedades se extendían y afectaban a varias regiones del planeta, entonces empezaron a presentarse las primeras pandemias.

Estas pandemias en ocasiones transformaron las sociedades en las que aparecieron y, muy posiblemente, han cambiado o influido decisivamente en el curso de la historia. 

La primera epidemia de peste de la que se tiene constancia es la llamada Peste de Justiniano, que afectó al Imperio romano de Oriente o Imperio bizantino, incluyendo a la ciudad de Constantinopla y otras partes de Europa, Asia y África entre los años 541 y 543. Al final de la epidemia, la capital imperial había perdido casi el 40% de su población, y en todo el imperio se había cobrado la vida de 4 millones de personas.

Las consecuencias económicas fueron catastróficas, pues hubo momentos en que el número de muertos superaba el de vivos. 

En nuestros días, la pandemia ocasionada por el Coronavirus, lamentablemente ha cobrado la vida de muchas personas, ha hecho que se paralicen actividades escolares, laborales, industriales y comerciales, obligando a las personas a quedarse en casa para evitar la propagación; sin embargo, los esfuerzos no han sido suficientes, cada día se registran nuevos casos y fallecimientos. 

Recientemente, el Gobierno de la República ha declarado que a partir del 01 de junio, de manera gradual regresaremos a una “nueva normalidad”, es decir, se permitirá la apertura de actividades que se consideraban no esenciales, así mismo se establecerán horarios escalonados de entrada y salida, por sector y/o ubicación. Se seguirá con el uso de cubrebocas en transporte público y lugares aglomerados; lavado de manos frecuentemente y uso de gel antibacterial; mantener la sana distancia, no saludarse de mano y/o beso; limpieza de espacios de trabajo y en el hogar; entre otras medidas. Estas acciones son importantes, pero ¿serán suficientes? La nueva normalidad o, mejor dicho, la nueva realidad, sin duda nos obligará a ir más allá de sólo hábitos de higiene.

Tan solo por mencionar unos ejemplos de nuestra nueva realidad, hoy día estamos haciendo mayor uso de las herramientas tecnológicas para realizar nuestras actividades ordinarias, se trabaja desde casa (home office), se hacen reuniones de trabajo vía video conferencia, se toman clases y cursos en la red; compras y trámites bancarios se hacen por internet; hasta se puede consultar a abogados y médicos en línea.

Cierto es que no todas las personas tienen acceso a una computadora o al internet. 

En un principio quizás pensamos que estas circunstancias serían pasajeras, pero ante el panorama que nos presentan las autoridades de salud, debemos plantearnos la necesidad de hacer cambios económicos, sociales, políticos, culturales, en nuestras vidas.

En materia de justicia, sin duda el reto no es menor, en la anterior normalidad, el rezago de expedientes en las instituciones de impartirla era impresionante, los procedimientos judiciales eran largos, lentos y costosos; con la nueva normalidad no crean ustedes que será mejor; así que también debe haber un cambio de paradigma en la forma de impartir justicia.

Por ello, creo que es el momento de plantearse la posibilidad de una justicia digital, una nueva normalidad legal, que permita agilizar y eficientar tiempos, reducir costos, desahogar trámites administrativos o celebrar procesos judiciales de manera virtual.

Julio Verne, escribió en su novela “París en el siglo XX”, escrita en 1863, que en el futuro la humanidad podría firmar “letras de cambio o contratos” a miles de kilómetros de distancia. También, en una película muy famosa de los años ochenta, “Volver al Futuro”, el joven Marty McFly y el Doctor Emmet Brown, aterrizan el 21 de octubre de 2015, después de haber viajado 30 años en el tiempo en un auto DeLorean volador. Los protagonistas llegan a un momento en que no sólo los coches volaban, sino también las patinetas; además había hologramas 3D en los cines y la ropa se secaba y ajustaba sola. En una de las escenas el Doc le dice a su joven acompañante: «El sistema de justicia es muy veloz en el futuro. Suprimieron a todos los abogados«.

Si bien no estamos a favor de suprimir a los abogados, pero sí de eficientar los procesos judiciales de nuestro país. La retardación de justicia es considerada como una de las preocupaciones más importantes en las democracias latinoamericanas, según instituciones como Naciones Unidas o la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Justicia retardada es justicia denegada.

Así que es el momento de revisar y modificar nuestros hábitos legales, para transitar a una nueva realidad como la visionaron o soñaron muchos en el pasado. Considerar el voto electrónico; plantearse la presentación de demandas en línea, sistemas de notificación por correo electrónico, celebración de audiencias por video conferencias, etcétera.

Es cierto que muchas de ellas ya se implementan en la materia electoral y en el juicio de amparo; pero esto ya debe ser una nueva realidad en todo nuestro sistema jurídico. 

En fin, la pandemia del COVID-19 nos ha dejado muchas desgracias, pero también la oportunidad de crear una nueva normalidad que sea mejor para todas y todos.

 

¡Usted tiene la última palabra! 

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