Con Obrador, en el mercado del arte ya no se vende como antes, pero está bien: Hugo Tovar

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Rodrigo Islas Brito

“Mucha de la gráfica hoy está gentrificada, pero eso no le quita su validez”, expresa el artista plástico Hugo Tovar. Autor de oleos y esculturas, el pintor considera que finalmente ha logrado entrar a un mercado que le permite vivir de lo que su obra propone. Sobre lo que hoy ese mercado propone, el autor observa que ahí “ya nadie está inventando el hilo negro ni el agua tibia”.

“Nadie está haciendo aportaciones nuevas, él último que lo hizo se llamaba Francisco Toledo y ya no está en este mundo”, expresa el nacido en Tlahuac, en el antes Distrito Federal, hoy “nacionalizado” oaxaqueño. Sobre si la repetición de los mismos trazos y motivos en el mercado del arte se pueden significar en un abaratamiento de la trascendencia del mismo, Tovar vuelve a tocar el tema del relativismo. Dice que más peligros contraen los políticos corruptos sin ningún tipo de compromiso.

“Como el actual presidente municipal de la Ciudad de Oaxaca, Oswaldo García Jarquín, quien a pesar de venir de Morena no se le ve ni una ideología ni un compromiso social”, pondera Tovar asegurando que lo que hoy ve son políticas públicas justas y honestas por parte del gobierno federal de Andrés Manuel López Obrador, de quien se declara abierto partidario.

“No quisiera hablar de más, pero creo que mucho de los clientes que me compraban y que compran arte en general, estaban un poco instalados en la dinámica de evadir impuestos y de bajar recursos de aquí y allá, de andar capoteando la lana por encima de las necesidades del pueblo”, declara el entrevistado.

“Con las nuevas políticas de este gobierno ya no es tan fácil acceder al dinero fácil. Esquilmar el erario. Eso les ha pegado a mis propios clientes. Ya no me compran como antes”, enuncia el artista de 52 años. Asegura que no tiene problemas con esto, que el artista también tiene que ser capaz de arreglárselas a la hora de pagar sus cuentas al igual que un carpintero o un obrero.

El padre de Tovar es panadero. Hugo, de los chavos de en medio de un total de seis hermanos, tuvo que entrar en su niñez a chambear de pepenador en un basurero de la Ciudad de México junto a su familia una vez que el trabajo del padre terminó arruinado. Tovar recuerda esto como un momento clave para su formación de vida y de carrera.

Pues no solo aprendió de la dureza existencial, sino que también ahí empezó a relacionarse con los metales, con el aluminio, con el cobre, a construir y crear con ellos. En los talleres de plástica de la secundaria fue cuando acabó de entender que el arte era lo suyo, certeza que casi le cuesta la expulsión familiar.

A la Ciudad de Oaxaca llegó gracias a la Cervecería Cuauhtémoc que lo comisionó a ese destino como rotulista. “Era 1985 y no había tantos métodos de impresión, así que me iba bien, tenía mucho trabajo, además de que llegue a Oaxaca sintiéndome el artista más fregón , de inmediato aquí me di cuenta de que todavía me faltaba mucho por aprender”, expresa el artista.

Recuerda que entonces Oaxaca era un pueblo grandote que hervía en expresión. Cuestión por la que renunció a su chamba rotulista cervecera y se lanzó a vivir de su trazo. “Luego fui cayendo de a poco, empecé vendiendo mi camioneta, mis impresoras y termine rematando mi escalera de pintor”, recuerda Tovar sobre la primera vez que se sorprendió arruinado en Oaxaca.

Dice que aunque las cosas luego no den el chance el artista debe tener ante todo un compromiso social con lo que hace. La conversación salta al conflicto social que cimbró la Ciudad de Oaxaca en el 2006 en la lucha por bajar del gobierno estatal a una alimaña llamada Ulises Ruiz Ortiz.

“En ese tiempo tenia compadre que estaba en la dirigencia de la sección 22, era de los que iban a negociar. Ahí por julio le dije a él y a otros maestros que la represión que se venía del gobierno iba a estar terrible, que había que preparar mascarillas para el rocío de gas. Los cabrones se rieron de mí. A la semana vino el desalojo al plantón magisterial y lo que vino después ya lo conocemos todos”, relata Hugo.

Cuenta que en ese momento tenía su taller en la calle de Porfirio Díaz en el Centro Histórico de Oaxaca Capital. “Ahí quede cercado y semiacuartelado por la presencia de la policía. Aun así ese taller fue abierto para que la gente del movimiento se bañara, se cambiara e hiciera lo se necesitara”, narra el entrevistado, precisa que en el movimiento del 2006 se vio involucrado por convicción, solidaridad con sus compadres maestros y también porque no le quedó de otra.

Tovar participó en marchas, mantas, pintas y escaramuzas. “Creo que fue una de las etapas más felices de mi vida, conocí el amor verdadero de la gente y también la autenticidad de la miseria espiritual y humana de un poder al que tarde que temprano le vas a tener que partir la cara antes de que venga a rompértela a ti”, agrega el pintor con una convicción que no se estrecha.

Recuerda que su obra empezaba a posicionarse y adquirir valor de mercado en el 2006 con una exposición en Róterdam, Holanda y un contrato de exclusividad con una galería que le permitía una libertad económica que no había tenido nunca.

“Todo pintaba excelente sobre todo cuando uno busca vivir de esto. Conforme el movimiento del 2006 se fue dando y la persecución del gobierno se fue haciendo más sanguinaria, toda la seguridad económica se fue recortando hasta llegar el momento en el que yo ya no tenía ni para pagar la renta”, recuerda Tovar sobre la segunda vez que se arruinó en Oaxaca.

Dice sin embargo que aquello lo asumió como parte de su aportación, como parte de su trabajo para que las verdaderas cosas sucedan. Precisa además que el movimiento social del 2006 a la gráfica en Oaxaca le dio un impulso que hasta ahora no se ha detenido. “Comenzó el Taller de la gráfica popular, donde el grabado estuvo al servicio de la causa político social”, considera Tovar.

El artista enuncia al óleo sobre acrílico, a las mezclas distintas y mezclarlas , a las pequeñas esculturas con las que jugaba su pequeña hija y que lo llevaron a hacer años más tarde piezas más grandes donde pudo darle con todo a su amor por el volumen y la forma. “El verdadero artista todo lo saca del corazón. Y a lo que de ahí saca, lo acopla”, define el pintor y escultor.

Finalmente, ante la necesidad de tiempo de que esta entrevista termine, Hugo Tovar remarca que le ha sido “muy difícil llegar y vivir de esto”, de sus trazos, de sus esculturas. “Ya tenía una hija y no aun no lograba vivir de mi pasión, pero nunca me caí y nunca me permití quedarme con el no de las cosas. En esta chamba como en todas, hay que rifársela”, concluye el artista.

 

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