Cuarentenas, contagios y por qué el Coronavirus en México se ha convertido en un asunto de clases

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Rodrigo Islas Brito

“Debemos aislarnos, pero somos demasiado pobres para aislarnos. Estamos en una trampa”, suelta un preocupado y apesadumbrado Alfonso Gutiérrez en una esquina de la Ciudad de Oaxaca, México. Observa que aunque desde hace dos semanas se ha dicho mucho en las redes sociales que los mexicanos ya deberíamos de habernos ido a encerrar a nuestras (en su gran mayoría microscópicas) casas a pasar cuarentena para impedir que la pandemia coronavirus covid 19 se expanda por el país, la gente continua en la calle y subiéndose a los microbuses y los taxis simplemente porque lo necesita.

“Tengo un primo que trabaja y vive en China desde hace años. Me contó que se echó un mes y medio encerrado, lo mandaron a trabajar a su casa. Su refrigerador inteligente le hizo todo el paro de indicarle cuales eran las dietas del día. Que si ese era su día de comer huevos, el refri le decía no hay huevos y mi primo marcaba al súper mercado para que se los trajeran y todo se lo cargaban a su tarjeta de crédito”, cuenta Poncho.

Comenta que esa es una historia que le causa gracia como historia de aislamiento porque él no tiene tarjeta de crédito (su historial crediticio hace un rato que terminó de una manera abrupta de la que comenta que no vale la pena dar más detalles) y mucho menos un maldito refrigerador inteligente. “Mi pinche refri a veces ya ni enciende”, resume sobre su comprometida situación de cara a una pandemia que ha registrado en México hasta el último conteo 118 casos positivos y una defunción acaecida el día de ayer en la persona de un hombre diabético de 41 años.

“Esa es otra. Que el pinche virus ojete ese es más peligroso con la gente que tiene males crónicos”, Alfonso cuenta que se refiere a la mujer con la que vive desde hace año y medio. Se llama Sandra y pesar de no pasar de los treinta años, ya pasó hace unos años por una operación producto de una complicación que tuvo en los riñones. Cuestión que la dejó con dietas estrictas de por vida.

El entrevistado cuenta que así le den a su pareja permiso o no, dejará de laborar en la oficina en la que trabaja y se irá a encerrar en cuarentena al departamento que los dos comparten. ”No quiero que le pase nada”, comenta. Luego comenta que la cafetería que atiende y que le acaba de ser traspasada la mantendrá abierta y trabajando hasta donde se pueda.

“No voy a cerrar. Tengo un buen de deudas con lo del traspaso. Dinero que creo que también me van a empezar a exigir. Así que ahorraré lo que sea hasta que la cosa se ponga irremediable”, expresa en medio de una Jornada Nacional de tomar Sana Distancia para no contagios, sobre el que el sociólogo y activista de origen alemán y nacionalizado mexicano, Oliver Fröhling, tiene algo que decir.

“En Oaxaca, no existen las condiciones materiales para la sana distancia. El 80.5 por ciento de la población ocupada se encuentra en la economía informal, sin posibilidad de ausentarse con pago de salario, ni con acceso gratuito a servicios de salud”, enumera.

“La mayoría de la población depende de un sistema de transporte concesionado deficiente y sobresaturado. Los servicios de salud no pueden ni cumplir con su tarea normal, hay falta de personal, desabasto de medicinas y falta de equipo básico. A veces no hay ni aspirina en el IMSS. No hay agua suficiente para medidas básicas de higiene en la capital”, conceptualiza.

Fröhling, con más de 30 años de vivir en México observa que para enfrentar la crisis presente, más allá de apelar a conciencias y la buena voluntad, le toca al gobierno crear las condiciones para que verdaderas medidas se puedan llevar a cabo, como inversión en servicios de salud, suspensión de pagos de agua, luz y predial, apoyo financiero directo a familias para dejar de arriesgarse en el transporte y sus trabajos, y agua para todos en un tiempo en el que el líquido lleva escaseando desde hace años en muchas colonias de Oaxaca capital.

“Si no se crean estas condiciones, cualquier llamado a la «sana distancia» es simplemente otra simulación de un gobierno que habla pero no hace, y culpa a la población por sus fracasos”, define el activista. Conceptos con los que Alfonso Gutiérrez se muestra de acuerdo.

“Este coronavirus está sacando lo peor del género humano. De entrada estigmatiza y discrimina a la gente pobre, que en México son millones. Donde el sesenta por ciento de la población se subemplea a sí mismo y tienen que salir a trabajar para ganarse el sustento diario”, comenta

“¿La gente buena y responsable se queda en casa y la gente mala e irresponsable sale a la calle a trabajar para poder comer? No chinguen”, pregunta y cuestiona el entrevistado. Señala que como todo en México, el Coronavirus también se ha convertido en un asunto de clases. De gente que recomienda películas de Netflix y libros para irse a encerrar a su casa, y de gente que no sabe cómo hacer eso de irse a encerrar a su casa y seguir comiendo.

“¿Qué sigue después de eso? ¿Subir a los ancianos a los camiones y llevárselos lejos para que no puedan infectar a nadie?”, se pregunta Gutiérrez a raíz de un proceso acelerado de psicosis en los que todo el país se está viendo envuelto. Dice que si la gente no se organiza, después de esta pandemia pandemónium y con el dólar ya casi a 25 pesos, los ricos serán infinitamente más ricos y los pobres más jodidos.

“Es como si hubieran parado todo. Como si alguien hubiera dicho hay que parar, irnos a nuestras fincas, nuestras mansiones, descansar hasta que la cosa se calme. Y regresar a seguir haciendo lo mismo”, teoriza Gutiérrez. Recuerda un estado que leyó en el Facebook de unos de sus contactos y que busca y comparte para ejemplificar sus dichos.

“Soy parte de ese gran sector de la sociedad que se está viendo afectado económicamente por las medidas contra el virus. Si no muero por coronavirus quizás moriré de hambre. Así que como artista freelance ofrezco mis servicios a quienes les pueda interesar, ya sea como ilustradora, diseñadora, diseñadora editorial, ilustración animada, artista textil, y similares”.

Alfonso explica que él también hará lo mismo, que con la gente en sus casas tal vez también allá un campo de oportunidad. Todo esto en un país donde 6 de cada 10 empleos son de empleo informal, y con una economía que por lo menos en 2019, 23 de cada 100 pesos terminaron siendo generados por este sector.

 

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