La identidad del ser mexicano ya no existe en el cine mexicano: Iván Ávila Dueñas

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Rodrigo Islas Brito

“¿Quién está planteando las ideas?, ¿De qué manera se está meditando sobre la realidad de este país? ¿A quién le interesa hoy que exista una verdadera reflexión sobre la identidad mexicana?”, se pregunta en entrevista el cineasta mexicano Iván Ávila Dueñas, a 26 años de la firma del Tratado de Libre Comercio y a unas semanas de que haya concretado la firma del TMEC, el tratado que ha venido a substituirlo en una época donde hay gobiernos que aseguran que han acabado con el neoliberalismo aunque sigan perpetuando sus prácticas.

 

El realizador de Vocación de Martirio (1999), Adán y Eva todavía (2004), La sangre iluminada (2007), La mañana no comienza aquí (2014) y El peluquero romántico (2016) identifica al TLC como el momento en el que se regaló al público mexicano, resaltando que con su nueva versión Trumpland, tampoco se buscó proveer una obligatoriedad en porcentajes en exhibición para el cine mexicano.
“Hoy el 95 por ciento de las pantallas del país está tomada por un cine norteamericano con un solo tipo de discurso. El ser mexicano ya no existe pareciera que hoy todos queremos ser gringos. Hoy todo el mundo está clavado en las redes y en los estereotipos”, apuntala el director de cine.

De su último filme, El peluquero romántico, apunta que contrario a lo que hoy se abordar en el cine, la suya es una película que habla de una restauración emocional , que parte de una perdida, aunque no obstante la define como la cinta más optimista de su carrera, aunque ese nunca haya sido su plan.

“Buscamos ir contra todas las consecuencias que hay a partir del melodrama tan arraigado que tenemos en México. Tenemos una tradición fuerte de eso en el cine mexicano y después en la telenovelas”, argumenta el también guionista asegurando que tiro por viaje las y los mexicanos usamos el melodrama para la vida real, para ocultarnos la verdad, para nunca decirnos las cosas de frente.
Ávila acusa que lo suyo en El Peluquero ha sido observar la vida cotidiana en su proceso de restauración, gracias a una espiral que sigue las siete semanas en la vida de un hombre a partir del día que muere su madre. “Los eventos van aportando una mínima cosa que gira la historia, es un personaje con el que parece que no pasa nada, pero que vive”, explica.
Afirma estar consciente que las reglas de guion hoy dicen que toda historia tiene que ir sobre un proceso de transformación para el personaje que siempre tiene que tener un objetivo y moverse constantemente, donde las secuencias que no cumplan con ese objetivo deben hacerse a un lado. Iván dice no estar de acuerdo con eso.
“El cine también puede hablar sobre cosas mundanas y cotidianas y a partir de eso conocer quiénes somos, como nos comportamos, como reaccionamos”, comenta el cineasta. Se le inquiere que algo así pensaba el iniciático y clásico cineasta japonés Yasujiro Ozu (Historias de Tokio, Flor de Equinoccio) quien siempre iba sobre historias familiares que partían de la muerte de una madre, o de la hija que se va a casar, o del padre que se queda solo.
“Es uno de mis directores favoritos, admiro a la generación de cineastas japoneses de postguerra. Estaban muy atentos sobre cómo se iba modificando su sociedad y cuáles eran las consecuencias. Con una tradición que exigía buscar un centro en tiempos que cada vez se ponían menos tradicionales”, comenta Dueñas, solo para acentuar su creencia de que la sobre dramatización está matando al cine hasta el punto en el que solo se empuja el drama para que pasen cosas fuertes pero al fin y al cabo superfluas.
El zacatecano habla sobre que en este tiempo de violencia extrema y perdidas de valores básicos las y los mexicanos deberíamos de empezar a hablar en la ficción sobre que es los que nos gusta del ser mexicanos.
Se aborda el tema de la era de las plataformas y con ellos el advenimiento de las series por encima de las películas. Con una dinámica donde la figura del director se va difuminando hasta el punto en el que sus funciones se llegan a repartir entre cinco personas se reparten la dirección de un serial. Donde el llamado showrunner es hoy el nuevo creativo poderoso del entretenimiento.
“Lo que no hay que olvidar con las series es que al final de cuentas es televisión”, responde Ávila Dueñas. “Eso no es cine, es un hibrido donde el director se vuelve una especie de director de tráfico, como en las telenovelas. Donde un director de escena solo se limita a decir el entras, caminas, te sientas, te paras y te vas”, declara el entrevistado.
“Me formé en el cine y sigo creyendo en la figura de un director que tiene la visión general de la historia que piensa contar y el manejo de los hilos dramáticos para irlo haciendo”, agrega el cineasta tras lo que observa que probablemente estemos hoy ante la última generación de gente que hizo cine con un formato de duración de hora y media para una función cerrada en salas.
Pondera que si bien es cierto que hoy la gente aun va a una sala de cine, es muy probable que en un futuro muy próximo dejen de asistir, pues “estamos en un momento histórico en el que va a cambiar el formato dramático del arte audiovisual”, donde la cultura del espectáculo ganó y la Academia Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood está todo el tiempo cuestionándose si es válido dejar entrar las ternas de sus premios Oscar a producciones de la plataforma Netflix.
“El formato de exhibición de ahora es digital, es un formato imperfecto que no tiene forma de resguardo a largo plazo, esto cuando el celuloide estaba comprobado que bien cuidado podía durar quinientos años. Hoy preferimos el negocio en lugar de la preservación”, acota el zacatecano.
Reflexiona que a la larga todo espectáculo se transforma, pues hay que recordar que en siglos pasados el teatro duraba cuatro horas y se acortó porque la gente ya no lo aguantaba , y que la opera llegó a durar ocho horas en su momento de mayor arraigo popular.
Se le comenta a Iván que hoy hasta el afamado cineasta Quentin Tarantino asegura que con la predominancia de Netflix en el mercado del entretenimiento el otrora combativo cine independiente estadounidense está muerto. El realizador asegura que eso es lógico, que a la larga el negocio mata todo
“El cine independiente será independiente pero es caro de hacer, y si queda fuera del rango de negocio del poder hegemónico desaparecerá. Decía un clásico que cualquier concepto de felicidad que aparezca en tu actualidad terminará en un súper mercado”, complementa Dueñas.
El director mexicano de 55 años asegura que hoy en el cine ya no importa si hay grandes autores o no, que lo que importa es que estos sean exitosamente absorbidos por un esquema comercial de blockbusters de súper héroes, “Antes había un equilibrio que cada día es menor”, resalta.
Sobre si hoy Netflix es la panacea de contenidos que nos quieren vender, Ávila opina que no es tanto así. Que esta te puede ofrecer vistazos de tres países diferentes, pero también un solo discurso de línea discursiva en el que no ofrece variedad. “A los mexicanos nos ven como consumidores no como productores”, arrecia el cineasta mexicano. Invita a luchar contra esa invisibilidad.
“Como podamos sigamos tocando temas sobre como vemos la vida, aunque esto esté o no de moda. La gente me pregunta ¿debemos luchar por algo que ya está un poco perdido? Yo les digo que claro que sí, pero tal vez lo hago porque ya vengo de otra generación”, declara Iván Ávila Dueñas. Refiere que aunque el negocio del mercado global no esté planeado para que los mexicanos participemos, “hay que necear y necear, hasta que todo aquello que queremos seguir viendo y siendo deje de estar en desuso”.

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