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OPINIÓN | Generación alfa y omega

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NIGROMANCIAS | Jorge T. PETO

Las nuevas relaciones humanas han dado un giro profundo que tiene ya repercusiones en todas las sociedades, sean del tipo que sean. Una nueva forma de ser social más allá de lo que Aristóteles veía cuando afirmaba que “el hombre es social por naturaleza” – o político si se quiere reducir a una actividad el famoso “Zoon Politikón”-, dado que esta condición está mutando de manera radical y no se sabe aún si por la fuerza de la misma naturaleza o como efecto de la acción del hombre mismo. 

De alguna manera, las nuevas generaciones, llámese X, Y (millennials) Z o como como se llame a la que opere en la pospandemia, tienen ya una diferente concepción del mundo y de sus propias individualidades. El apego al cuerpo humano no es precisamente lo suyo, menos al alma, aunque la sientan y la sufran en momentos de angustia; su apego es a la imagen, la distante cercanía, en fin, la interacción impersonal. Para poder satisfacer esas necesidades vitales que forman parte de su existencia cuentan con diversas herramientas virtuales y una industria expansiva y en crecimiento acelerado permanentemente. 

Hay quien ya ha bautizado a la generación naciente con el nombre de Alfa, y con la característica principal de ser la primera cien por ciento digital (Alba Solé Borrull, BBC News Mundo, 28 de mayo de 2019) Estamos ante esa nueva realidad y ante la inminente construcción de un nuevo orden social. Las sociedades de mediados y finales del siglo actual serán sumamente robóticos y, aunque seguirán sintiendo y pensando, la velocidad a la que deberán actuar o dar respuesta necesariamente les obligará a un manejo y control muy duro de sus emociones y reflexiones. 

Alfa y Omega le llamaría yo a esa generación y a la era que les tocará vivir, que igual y sea fugaz, pues se da en un puente entre la generación llamada millennials o Z (Omega es la última letra del alfabeto griego como la Z lo es del español) que está llegando a su final y la ya entrante y creciente generación Alfa, que es como volver a iniciar con la primera letra, es decir, una nueva forma de vida, bajo diferentes esquemas de interrelaciones y con nuevos paradigmas o modelos en la construcción del conocimiento y del entendimiento entre los seres humanos.

Las nuevas formas son impersonales, a través de una pantalla y mediante una red que vincula a quienes puedan tener acceso a la sociedad digital. Lo personal será un lujo de unos cuantos que tienen el control de esos aparatos por donde los demás consumiremos nuestros días, nuestro tiempo. Todo estará en la red, todo será público y estará al alcance de los generadores de la in-comunicación.

Como mencionamos arriba, en las nuevas formas de interacción social, lo personal ya no es para todos; lo impersonal es la nueva regla del comportamiento humano, a través de signos (letras, símbolos, imágenes, sonidos) en los que nuestra voz se escuchará muchas veces distorsionada, lo mismo que nuestros rostros y en vez de una comunicación real, tendremos una gran base de datos en cada uno de los individuos, serán una gran memoria con gran capacidad para almacenar mucha información que podrán intercambiar o usar para sus fines.   

Desde luego que nuestra personalidad estará vigilada y todo lo que hagamos estará al servicio de los amos de las redes sociales, financieras, culturales, educativas, laborales, políticas, etc., todo, en fin, dependerá de quienes tengan los medios de producción de información a intercambiar. Podríamos hablar de una intimidad trastocada y de una privacidad publicitada, pero también de un confinamiento de lo público en el espacio de las esferas anteriores. Hay, ahora, una penetración sutil de aquellas parcelas reservados a uno mismo o a la familia en su defecto. Pero no solamente se acotan o se diluyen las distancias entre una esfera de las otras, sino que incluso ahora son prácticamente imposibles de separar. Un confinamiento virtual de lo público y un enajenamiento prácticamente real, aunque digital de lo privado y de lo íntimo.

Casi sin darnos cuenta, hemos pasado de una época a otra, hemos evolucionado hacia otras formas de entender aquellos tres ámbitos de acción, lo público, lo privado y lo íntimo. Que la escuela, la oficina, el trabajo y muchas otras actividades más, nos las hemos llevado a casa y hemos dejado al descubierto nuestra privacidad y que nuestra intimidad tan solo se limita a nuestro yo interno, el pensamiento, el sentimiento, aunque estos también ya los hemos hecho públicos muchas veces más de las que creemos. Ya no tenemos una habitación propia, un cuarto propio – V. Woolf – y los extraños han compenetrado los confines de nuestro ser como nosotros hemos traspasado sus espacios sin siquiera pasar por una puerta o asomarnos a una ventana.

Estamos atrapados en las redes de un mundo nuevo, entre el fin de una era y el inicio de otra, una que es prácticamente impersonal. ¡Que haya paz! nigromancias@gmail.com Twitter: @JTPETO 

 

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