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OPINIÓN | Hacer política siendo joven, una contradicción que nos obligan a creer

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Carlos Villalobos

¿Cuántas veces ha visto a algún candidato menor a 30 años en una boleta?¿A funcionarios públicos jóvenes tomando decisiones? Las y los jóvenes han sido expulsados de la toma de decisiones y de ocupar cargos de elección popular, han sido históricamente relegados y forman parte de una bolsa de votantes.

Cuando no carga con los estigmas de corrupción y demás adjetivos negativos, la política frecuentemente se (re) conoce por ser un espacio para hombres y mujeres experimentadas, en donde jóvenes quedan rezagados a simplemente ser una cuota más y no intervenir de forma efectiva en los procesos democráticos de la vida pública.

Como los temas que se han abordado desde esta columna de opinión, la falta de (verdaderos) espacios, se debe también a que desde la formación básica se nos venden discursos que hablan acerca de una supuesta diferencia entre políticos, ciudadanía y que ni unos, ni otros, pueden colaborar sin recibir algo a cambio.

Debido a esta exclusión, los jóvenes no se atreven a participar, repelen todo lo que tenga que ver con la vida pública y el ejercicio de sus derechos como ciudadanos. Este fenómeno solo se ve exponenciado con la mala imagen que tienen los institutos políticos en el país; provocando que jóvenes se enfrenten a una realidad que creen que no pueden cambiar y que por eso participan menos.

El acceso a información, gracias a la tecnología y nuevos medios de comunicación, ha permitido que nuevas generaciones estén al pendiente de lo que sucede en su entorno y levantar la voz cuando lo creen pertinente, provocando que el activismo juvenil se lleve a cabo desde cada una de las banderas que hayan escogido defender, porque hoy a diferencia del pasado, todas y todos defienden una causa(desde tener el derecho a portar el cabello largo, hasta la defensa del planeta).

El ciberactivismo ha permitido que diversos movimientos, como el meToo  o el YoSoy132 (con todos sus matices), sea una práctica tomada en serio, teniendo que este esquema de  participación tiene verdaderas implicaciones en la vida pública en el mundo real.

Generalizar el sin fin de agendas que tienen las juventudes alrededor del mundo sería una locura, pero si se me permite, podemos observar que principalmente se abordan 3 principales temáticas; la defensa del medio ambiente, la aceptación de la diversidad y la igualdad de género; teniendo en común el respeto y la tolerancia, aunque esta generación ha sido llamada de cristal, ha sido la única que se ha atrevido a sentir y a defender diversas banderas al mismo tiempo.

Las y los jóvenes tienen derecho a equivocarse, para poder aprender, emprender y mejorar este mundo y las instituciones que les estamos heredando; hoy la premisa es simple, empoderemos a nuestros jóvenes, dejemos que participen que hoy esta generación está moviendo el mundo.

Como adultos tenemos que estar siempre dispuestos a escuchar “El futuro es hoy ¿Oíste viejo?”, para confirmar que todos los días cambia nuestra realidad y que quienes los proponen solo quieren lo mejor para todos.

 

 

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