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Bersahin López Opinión

OPINIÓN | Lo que viene…

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Han pasado algunos días desde la enorme lección del 6 de junio. Quienes de una u otra forma han tenido la posibilidad de un análisis o reflexión de los números y resultados, se darán cuenta que existen un sinfín de mensajes cifrados en cada resultado municipal, local o federal, tal vez no son idénticos, pero sí conllevan un hilo conductor: la gente está cansada de los mismos y apuesta a algo nuevo, se disfrace o sea realmente innovador.

 

La gente en su mayoría percibió una enorme posibilidad de resucitar un pasado político que ellos mismos enterraron hace algunos años y lo que fue canto de batalla para algunos, se convirtió en mensaje de alerta para los ciudadanos que, con estos mensajes, decidieron salir a votar y en su mayoría nos dijeron que es lo que necesita una auto evaluación, pero sobre todo, nos dijeron, voto con voto, que es lo que ya no quieren que regrese.

 

Cambiar es posible, pero la ciudadanía requiere de rostros distintos, de personas que se identifiquen con alguna lucha válida para las aspiraciones de la mayoría. No importa el partido o el color, importa la forma, la determinación de la propuesta y también las redes sociales, en síntesis el mensaje y la forma de viralizarlo es fundamental.

 

 

 

Ganó la mayoría Morena, salió una gran cantidad de ciudadanos a votar; cifra récord en una elección intermedia; ganaron algunos impensables y perdieron quienes se sentían más perfilados hacía la victoria; un resultado que mostró que no hay invencibles, pero que tampoco la solución es juntarse todos cuando no hay coherencia o identidad; los mismos de siempre son el obstáculo principal para tener una opción real de contrapeso al poder de Morena y una oposición inteligente, con credibilidad.

 

Las sabanas de resultados electorales del INE o los institutos electorales locales, muestran una gran pluralidad: ideas de gobierno distintas; avance de partidos donde no se visualizaba que pudieran permear; rechazo de la ciudadanía hacía opciones nuevas o integradas que ya habían sido descartadas. Recordemos que la ciudadanía también vota contra alguna opción y esto beneficia al adversario más cercano, ya no son los partidos tradicionales, los que pueden provocar un cambio estructural, ellos son en gran medida los causantes de los triunfos de otros, imposibilitando que emerjan verdaderas opciones de representación política y de gobierno.

 

El sistema de partidos, la dinámica del proceso de campaña, las anquilosadas formas de “cuidar” casillas, las coaliciones políticas, la forma de asignar representación proporcional,  deben ir cambiando para atraer más ciudadanos a la política, para lograr eliminar las barreras que impiden la participación electoral o inhiben el derecho de ejercer el voto. Un cambio profundo no se logrará con fórmulas que ya demostraron su nulo interés de transformar para mejorar.

 

 

El país requiere urgentemente de una oposición clara, con visión y trabajo territorial, para lograrla hay que jubilar a quienes siguen viendo a la política, como la plataforma de la dádiva para obtener poder, deben de terminarse aquellos partidos del siglo pasado que siguen poniendo a las mismas y los mismos en los cargos de representación política. Ahí está la verdadera culpabilidad del porqué la gente hoy se carga a un movimiento que no ha transformado, pero que sí tuvo el gran mérito de sacar a una “clase política” que hartó a los ciudadanos, cuya lección fue repetida el pasado 6 de junio.

 

Estamos a tiempo de aprender la lección, desde lo municipal hasta lo federal requerimos esquemas distintos, armados políticos diferentes, agruparnos en torno a causas, fortalecer proyectos locales que tengan posibilidad de inspirar trabajo en equipo, convencer a la ciudadanía de participar en política es el primer elemento para llegar a las urnas con renovadas posibilidades de que distintos le cambien el rostro al país.

 

Mientras sigan existiendo las opciones tradicionales, que cada proceso asusten con que pueden volver, la ciudadanía los volverá a poner en su lugar, ayudar a construir opciones distintas también tiene que ver con que liderazgos tradicionales acepten que por el bien de México tienen que dar un paso de costado. Construir es posible, reciclar innecesario, una nueva etapa tiene que comenzar redefiniendo a la política y la participación del ciudadano en esta etapa que vive la nación, tan peligrosa la posibilidad de construir una nueva era políticamente absolutista, como impensable querer traer y revivir  al pasado, que fue el verdadero culpable de esta incipiente transformación.

 

Lo que viene tiene que ser innovador, debe inspirarse en el futuro que deseamos construir y no depender del pasado que se niega a morir, debe tener identidad propia y estar cercano a los verdaderos intereses de la comunidad.

 

Lo que viene tiene que lograr captar la atención de la mayoría, de los jóvenes y adultos mayores, que se han convertido en un gran nicho de oportunidad electoral, la propuesta tiene que ser clara, certera y sincera para que logre penetrar a los demagógicos pero eficientes programas de gobierno, no hay maquinaria electoral que supere el embate de la verdad y necesitamos aprender a comunicarla.

 

Lo que viene depende mucho de la lección aprendida el pasado 6 de junio, existe un gran obstáculo para enfrentar las adversidades políticas y constituirnos en un país plural y verdaderamente participativo, ese gran obstáculo está en la misma “clase política” que se niega a jubilarse para permitir la construcción de verdaderas alternativas de  representación política, la otra parte es saber arrebatar esos espacios, unirnos los distintos para lograr renovados acuerdos de participación política y social, que se vayan los mismos, depende mucho en cómo los nuevos desean pelear por los espacios, si es que realmente les inspira participar en beneficio de su país.

 

Lo que viene tiene que ser de muchas COINCIDENCIAS.

 

 

 

 

 

 

 

 

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