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OPINIÓN | Los usos y costumbres, en plural.

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Carlos Villalobos

La característica primordial del estado de Oaxaca, como un microcosmos, definitivamente y sin lugar a dudas se puede definir en la diversidad. Distintos sabores, colores, sonidos e incluso maneras de organizarse en favor de las y los oaxaqueños.

Aunque desde la óptica de expertos, desde ciudades urbanas, han planteado como un ancla de desarrollo el accionar de los Sistemas Normativos de Usos y Costumbres por lo diversos que estos son alrededor del estado. Oaxaca ha sabido organizarse, a tal grado que desde la concepción del estado, en un país federado, se le permitió al estado diferenciar cada una de sus formas de organización a través de esta figura.

Los usos y costumbres plantean un entorno que permite que las y los ciudadanos, desde sus concepciones locales lleven a cabo deliberaciones en favor de sus comunidades de manera conjunta y sin perder el ánimo del fin último de la sociedad, que es el bien común, pero sobre todo, el consenso público pacífico, dejando de lado, la resolución de problemas de una manera violenta, respetando así, el contrato social que cada comunidad crea pertinente.

Los principales retos a los que se ha enfrentado la sociedad occidental, frente a esta peculiar forma de concebir la participación política y social son, en primer lugar que no existe una manera unificada que permita una medición única y en segundo lugar, la unificación de conceptos como lo son los derechos humanos o la adopción de prácticas propias, como el tequio.

Aunque desde una perspectiva fuera de las comunidades denosta y desacredita el actuar de estas comunidades, hay que reconocer que es extremadamente palpable el compromiso cívico de todos los pobladores con su comunidad, el sentido de pertenencia es muchísimo más arraigado y que el sentido de la comunalidad es una realidad, características que en la práctica la democracia mexicana ha perdido, orillando a que las y los ciudadanos finquen los espacios de participación a únicamente emitir un voto en una urna electoral.

Nos queda mucho por aprender como sociedad de nuestras comunidades, para que nuestro estado y nuestro país como conjunto, traslademos a buen puerto nuestro actuar social.

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