Tortura y asesinato de Fátima Cecilia y la calma que se pierde en el hartazgo contra un país feminicida

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Rodrigo Islas Brito

Apenas hace unos días el asesinato y descuartizamiento de Ingrid Escamilla a manos de un depredador que era su esposo causó un temblor de indignación en las redes sociales que hoy se torna en terremoto con la noticia de que el cadáver de una niña llamada Fátima Cecilia fue encontrado en una bolsa de plástico con huellas de tortura tirada en el interior de un bote de basura en Tulyehualco en la alcaldía Tlahuac, en la Ciudad de México.

10 mujeres son asesinadas cada día en México registrándose tan solo en 2019 un total de 976 feminicidios cuyas principales escenarios de impunidad se dieron en entidades federativas como Veracruz, Estado de México y la Ciudad de México.

Fátima había desaparecido a las afueras de su escuela desde el once de febrero, pero apenas con la certeza de su muerte la Fiscalía del antes Distrito Federal hicieron públicas imágenes de un video del C4 donde se ve a la niña caminar de la mano de una mujer por la que hoy el gobierno ofrece dos millones de pesos a quien proporcione datos claros sobre su paradero.

¿No pudieron haber hecho eso antes? ¿Cuándo la niña estaba viva y secuestrada?, se pregunta la gente con los dedos en el teclado de sus celulares o de sus computadoras. La jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, ha dicho que sobre eso se identifican una cadena de negligencias que serán investigadas, incluyendo el hecho de que las autoridades de la escuela Enrique Rébsamen, ubicada en Santiago Tulyehualco, Xochimilco, se hayan deslindado de la seguridad de la pequeña a partir de la puerta del colegio, una vez que a su madre se le hizo tarde para ir a recogerla.

Familiares de la víctima han dicho que esta fue encontrada sin algunos órganos internos, otros medios han publicado que al ser hallada la pequeña estaba rapada y le habían pintado las uñas de color rojo. La madre de la niña Mariana Magdalena Antón reveló que a su hija “la golpearon muy fuertemente” y le quitaron dientes de abajo antes de morir. “Su carita está muy morada”, ha comentado.

Después frente a los medios de comunicación, a la salida del Instituto de Ciencias Forenses (INCIFO) donde identificó el cadáver de su hija, Antón Fernández, ha acusado a un hombre de nombre Alan Herrera de ser el asesino de Fátima, y de haber asesinado también a su hermana y su cuñado, además de tener secuestrados a sus sobrinos, todo bajo la supuesta protección madre de la Fiscalía de la delegación Azcapotzalco. Incluso la madre ha dicho que al que identifica como presunto asesino de su hija ha venido fingiendo su propia muerte. De la mujer que se llevó a Fátima de la puerta de la escuela ha dicho que no la conoce.

Al respecto partidarios del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, consideran que es ridículo pensar que un gobernante con año en funciones sea capaz de solucionar un problema tan complejo y terrorífico. Aseguran que muchos están aprovechando la ocasión para demostrar su capacidad de gobernar en vista de que no es afín a sus intereses, o simplemente han insinuado que la tortura y asesinato de una niña de siete años es parte de una conspiración contra el gobierno federal, todo con la intención de que hoy en México todas y todos vivan con miedo y sin esperanza en una país donde se registran desde hace mucho tiempo escenas de verdadero horror, masacres y crímenes de odio.

Aseguran que aunque Obrador pueda tener poco tacto y una oratoria cada vez más deficiente en su conferencias mañaneras, él en esta historia es el bueno que busca sacar a México de una espiral destrucción y horror iniciada hace por lo menos dos sexenios y que hoy reporta a lo largo y ancho del país hasta 90 asesinatos por día.

Lo cierto es que lejos de las buenas o malas intenciones, la actitud de Obrador respecto al tema del feminicidio ha sido auto inclementemente errática por lo menos en las últimas dos semanas, las cuales iniciaron con el fiscal General, Alejandro Gertz Manero, explicando y dando a conocer una propuesta de ley con la que pretendía homologar el feminicidio bajo la figura del homicidio doloso , con la intención de agilizar las investigaciones desapareciendo así el termino feminicidio de las leyes de un país al que ya hace algunos años se le califica como abiertamente feminicida.

Al día y medio de lo anunciado por Gertz, y definido por Obrador como una explicación muy clara de una propuesta que luego el mandatario anunció tres veces que no apoyaría, se dio el asesinato de Ingrid Escamilla, joven de 26 años acuchillada y desollada por el tipo con el que vivía, quien intentó tirar sus restos en las alcantarillas. Fotos del cadáver descuartizado de la joven fueron exhibidas por medios de comunicación, situación que de la indignación hizo que el glamour social se fuera a la furia.

Decenas de marchas feministas después y luego de improvisar un decálogo a favor de las mujeres el pasado viernes, Obrador le ha pedido hoy a las feministas que con todo respeto no manchen ni pintarrajeen las puertas ni los monumentos ni las paredes, pues su gobierno está trabajando para que no haya más feminicidios. Luego, consonante con su siempre anunciada estrategia de seguridad basada en atender las causas de la pobreza antes que a los delincuentes, le ha atribuido el asesinato y tortura de Fátima Cecilia a la crisis de pérdida de valores que trajo el modelo económico neoliberal.

Sus críticas y críticos en redes sociales han señalado que lo más preocupante es que el presidente no parece tener mucha idea de lo que implica la violencia contra las mujeres y las niñas, ni tampoco disposición para tenerla. Englobando todas las causas en la desigualdad económica, dejando fuera los ingredientes de la misoginia y violencia de género que definen al feminicidio. Agregándole variantes asesinas como las redes de trata de personas o las estructuras criminales de poder que oprimen a las mujeres y a las niñas.

Por lo pronto en México se torna cada vez más difícil conservar la calma. Hay gente que habla sobre intentar escribir algo ya no poder definir más el horror del país en el que se vive, mientras otros aseguran que eso ya lo han venido viviendo desde el gobierno panista de Felipe Calderón, quien por cierto debería estar enfrentando cargos penales y no posteando en Twitter cosas como que condenado la actitud de Obrador respecto la violencia contra las mujeres, cuando el suyo fue el gobierno iniciador de la Guerra Contra el Narco que ha dejado hasta ahora un saldo de más de sesenta mil desaparecidos, luego de que su secretario de seguridad pública, Genaro García Luna está preso y siendo enjuiciado en Estados Unidos acusado de recibir millones de dólares de los cárteles del narcotráfico a los que se supone que perseguía.

Por su parte miles de mujeres hablan hoy en redes sociales de aquí todo arda, de aquí en México el feminicidio es ya una Emergencia Nacional. En contraste la petición de AMLO a las feministas de que ya no pinten más vía publica con sus demandas ha hecho que ahora usen fotos suyas para escribirle un ¡ya basta! , o un ¡Ni una más! Aunque al final, lamentablemente, en México, siempre están muriendo más.

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