La Fiscalía General de Justicia (FGJ) del Estado de México investiga a miembros de una familia del municipio de Tlalnepantla que mataron a golpes a un perro que tenían en la azotea de su casa, luego de que el animal, presuntamente, mordió a uno de los habitantes de ese domicilio.
En el aseguramiento del domicilio, los policías encontraron el cadáver del perro en la azotea, además de una decena de pruebas que confirman el asesinato, entre estas un cuchillo de cocina con mango de madera de 25 centímetros salpicado de sangre; un par de zapatos de color café con manchas de sangre en la suela; un pantalón color café; un motor metálico; un cuchillo de cocina color amarillo, todos con manchas de sangre.
La organización “Mundo Patitas” informó que “al menos dos de estos sujetos ya están detenidos”, mientras que los restantes seis integrantes de la familia se encuentran prófugos.
“Esto aún no acaba, seguimos pendientes de este caso. Si alguien tiene información del paradero del resto de los familiares para que se hagan responsables de sus acciones, contáctenos vía inbox. Garantizamos anonimato”, escribió la organización.
Los videos, grabados por vecinos de la familia imputada de maltrato animal en Tlalnepantla, fueron difundidos en las redes sociales; se ve a al menos siete personas, incluido un menor de edad como espectador, participar de los golpes, palazos e incluso ladrillazos contra el perro.
En un segmento del video, se ve a un sujeto dejar caer en varias ocasiones un ladrillo sobre la cabeza del perro; luego circularon fotos que mostraron al animal no humano cubierto por una cobija. Vecinos de Tlalnepantla aseguran en el video que el animal estaba encadenado todo el día.
En Twitter, la FGJ del Estado de México explicó que abrió una carpeta de investigación de oficio contra los miembros de la familia de Tlalnepantla implicados. Resaltó que la difusión en redes sociales y de los medios de comunicación fue esencial como evidencia.
Familia de Tlalnepantla
“Van a ver, los voy a demandar”; “Pobrecito perro, no lo maten”; “Ya dejen a ese perro”; “Está amarrado todo el tiempo”: fueron los comentarios de vecinos. El menor de edad que fungía como espectador respondía con señas obscenas hacia los que se quejaban del maltrato hacia el perro.