Leucemia, aplomo incesante en Román

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Ivonne Mateo/CIO

Los ojos aceitunados de Cecilia se tornan brillosos, las lágrimas amenazan con aparecer en cualquier momento, como presintiendo el desplome, la mujer de 44 años lleva las palmas de sus manos a su rostro y lejos de entregarse al llanto, suelta un suspiro y disipa su rostro impregnado de nostalgia:

-Le prometí ser fuerte, estar en pie.- justifica.

Su hijo, el carismático Román anhelaba convertirse en médico cirujano, apenas tenía 16 años cuando la vida amenazó sus aspiraciones y cambio en absoluto la ruta de su camino.

“Ya había entrado al bachillerato, tenía muchos amigos, siempre lo buscaban porque era alegre, lo veías bailando, cantando, era muy seguro de sí mismo, puedo decir que disfrutó la vida como si supiera lo que venía.” abunda Cecilia.

De acuerdo con la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC) Oaxaca se ubica entre las entidades con los más altos índices de cáncer en menores de 18 años.

Román presentó los primeros síntomas en el mes de abril de 2013, dolores de espalda, de articulaciones, mareos, fiebres y sangrados inusuales anticiparon su futuro.

“Nunca llegas a comprenderlo, lo aceptas, pero no lo entiendes. Era un niño, y sólo Dios sabe porqué hace las cosas pero no puedo entender que mi hijo haya tenido que pasar por todos los tratamientos para que al final no se haya podido hacer nada”, lamenta Cecilia, su mirada se torna lejana, no está aquí.

Anualmente, según AMANC se registran de 80 a 100 nuevos casos de cáncer, los principales corresponder a la leucemia con 6 de cada 10 casos, además de linfomas y tumores gonadales trofoblásticos y germinales.

Román no se dejó caer durante los últimos tres años de su vida, a pesar de atravesar por fuertes quimioterapias y ambivalentes diagnósticos.

“Él no dejaba de sonreír, no sé si lo hacía para no dejarnos verlo mal, ver su dolor, pero mi niño bromeaba con todos, hasta con las enfermedades y sus doctores, fue muy querido, no dejaba que lo vieran mal, eso es lo que nunca se me va a olvidar, me decía que ante todo Dios tiene la última palabra.“

Las visitas a los templos cristianos se volvieron una costumbre mientras Roman podía desplazarse, y cuando tenía que estar en cama, la palabra en la que él creía buscaba la forma de llegar a sus oídos.

“Desde pequeños nosotros los llevamos a la iglesia, mi esposo es cristiano y se llevaba a mi niño desde chico, incluso entró a los grupos de danza y de música, te digo, siempre fue muy amigable, risueño, muy alegre.”

Las esperanzas de un futuro junto a Román definieron los días Cecilia durante los últimos días de Octubre del 2016; el cuerpo de su hijo respondía, sus oraciones estaban siendo escuchadas.

“De ninguna manera se puede aligerar el peso de perder a un hijo, pero creo que lo hubiese aceptado un poco más pronto, o no sé. Es que los últimos exámenes, los diagnósticos del doctor, de las enfermeras, era que mi hijo se estaba recuperando, incluso ya comenzaba a salir una o dos horas con sus amigos.”

Noviembre irrumpió trágico, la vida le fue arrebatada a Román, las últimas quimioterapias para combatir la leucemia resultaron agonizantes para el jóven de 19 años de edad. Su familia se desplomó.

“No sé de dónde una saca fuerzas. Es lo peor que le puede pasar a una madre, a un padre, perder a un hijo. Es como si te quitarán a ti la vida y siguieras aquí, sin motivo, sin fuerza. Pero mi niño me quería fuerte para sus hermanos, para su papá.”

Lamentablemente, AMANC reporta que el 90 por ciento de los casos recibe tratamiento ya en etapas avanzadas, de estos sólo 4 de cada diez menores sobreviven después del diagnóstico.