Bersahín López
@bersahinlopez
Esta semana da inicio en nuestro país la justa futbolística más importante del orbe. El Mundial de Fútbol será inaugurado por tercera ocasión en México, en el emblemático Estadio Azteca, compartiendo sede con Estados Unidos y Canadá. Con esto no solo llega la fiesta y los millones de visitantes que se esperan, sino que el país ve fluir la demanda social y las voces calladas que encuentran en este momento la oportunidad ideal para visibilizarse a nivel internacional.
México es un país que vibra en lo social, con los carnavales, festividades y justas deportivas que reúnen al pueblo en torno al festejo; pero también es una nación aguerrida que se manifiesta en la plaza pública cuando el dolor común hace estragos.
El año 1968 previo a las Olimpiadas representa una herida grabada en el alma de las familias mexicanas, y el terremoto de 1985 concentró la ayuda mutua en las calles. En este 2026, la manifestación social reaparece en sectores del transporte, educativo, comerciantes y en la legítima exigencia de las madres buscadoras, quienes con movilizaciones exigen una atención digna y eficiente por parte de las autoridades.
Que estas expresiones emerjan hoy, con la FIFA evaluando cada detalle y los gobiernos tratando de tener a punto las sedes, es síntoma de un poder que no escucha permanentemente y que sufre por el desfogue social cuando un evento importante está por suceder.
Antes, durante y después de que el balón ruede, debe darse cauce y atención a lo que va a permanecer, que son las necesidades sociales. Una parte de este Mundial es en México, pero los beneficios coyunturales no llegan a todo el país, lo que sí está en todo el territorio es la necesidad de seguridad, inversión, infraestructura, la necesidad de gobiernos sensibles que escuchen y cumplan lo que prometen en las ya tan recurrentes campañas políticas. Logrando eso, tendremos una extraordinaria justa y un mejor futuro, comunidad por comunidad, de este futbolero y combativo país.
Los grandes pendientes nacionales no han podido ser subsanados por ninguna de las dos versiones de la llamada Cuarta Transformación. Estamos en la posibilidad de avanzar con la voluntad de la presidenta Claudia Sheinbaum en esta etapa del país, pero requerimos de un gran ejercicio de humildad republicana para aceptar que hay rezagos en la agenda nacional heredados del sexenio pasado.
Hacerlo nos conducirá a cambiar el discurso triunfalista por la conversación política real, donde se encuentren propuestas de soluciones para un México que debe sanarse desde lo local.
Las benditas redes sociales, como el bendito fútbol, vinieron a poner sobre el escenario el conflicto, pero también la oportunidad de avanzar resolviendo. En el lenguaje futbolero se dice que la mejor defensa es el ataque, y en la soberanía debe ser igual: el ataque a los lastres de corrupción, nepotismo e inseguridad del pasado y del antiguo sexenio.
Por eso este gobierno tiene la oportunidad de mejorar sustancialmente. Un gol en el último segundo es posible para ganar un Mundial; una acción en los momentos convulsos es posible para ganar el futuro desde este presente incierto, pero con la inmejorable posibilidad de entender cambiando y de ganar luchando.
¡Que vibre el país y que el balón ruede!… pero que broten también las soluciones permanentes que merecemos en cada rincón del país. Y por cierto… ¡que llegue el quinto partido para esta selección! ¿Coincidimos?