Bersahín López | Coincidencias
El tiempo constituye una idea vaga de la eternidad, sentirnos dueños de un segundo nos da la idea de ser eternos. No siempre somos totalmente conscientes del tiempo y sus circunstancias. Los segundos, minutos y las horas son relativos cuando se trata de aprovechar el tiempo.
Con cada momento el tiempo se desgasta, se acaba, nunca se regenera, y aunque sí hay “nuevos tiempos”, nunca es por compensación, sino por su sola renovación.
Los creyentes aseguramos que Dios es el único verdadero administrador del tiempo, que todo lo demás corresponde a variables que sí influyen, pero no determinan el manejo del tiempo.
¿Por qué hoy escribo sobre la administración del tiempo? Porque la actualidad nos pone sobre la mesa lo importante y lo urgente. Nos hace ver en el mismo momento el objetivo y el distractor, y es ahí donde el tiempo y su administración juegan un papel extraordinario.
El tiempo constituye una idea vaga de la eternidad. Sentirnos dueños de un segundo, nos da la idea de ser eternos y cuándo descubrimos que ese segundo se ha esfumado, aun antes de terminar de pronunciarlo, solo nos queda como consuelo en Oaxaca, decir que Dios nunca muere y entonces, seguimos teniendo la idea de un tiempo infinito, en una tierra bendita.
Los seres humanos hemos dejado de lado la enorme bendición de disfrutar el tiempo y ante lo vertiginoso de la actualidad, lo sufrimos y vivimos con miedo de perderlo. Por eso es importante aprovechar segundo a segundo para crecer, para construir, dejando huella en lo que hacemos y lograr hacernos aliados del tiempo y sus circunstancias, algunas buenas, algunas malas, pero todas con la posibilidad de ser aprovechadas.
Ya lo decía la canción “Sabia virtud de conocer el tiempo”, pero la sensación de esta generación no está en conocer, sino en administrar, en controlar el tiempo y ahí es donde la sabiduría humana no ha podido lograrlo. Tal vez, ocupar el talento podría llevarnos a encontrar los mecanismos para que, como un gran artista, descubramos el arte de influir sobre el tiempo.
Todos llegamos a un punto donde nuestra historia tiene que delinearse y encontrar el objetivo primordial de nuestra estadía en este plano terrenal, ahí es cuando el tiempo lo conjuga todo, permitiendo que se armonicen muchos factores y se concreten planes, objetivos y destinos.
Elevar nuestra espiritualidad y llegar a conectarnos más allá de lo mundano, puede ser una posibilidad para administrar el tiempo, disfrutándolo, encontrando el porqué o la inspiración que haga que el tiempo “no corra”, sino se aproveche. Ahí el ser humano puede alcanzar la anhelada idea de administrar todo, hasta el tiempo.
Jesús de Nazaret le sentenció a un incrédulo, cuando este cuestionaba la capacidad del Nazareno de decir la verdad, diciéndole “en tus manos está lo que ha de vivir o lo que ha de morir”.
La mayor virtud del tiempo es la experiencia, la capacidad de poder diferenciar lo que nos pasa en la vida y colocar cada cuestión en su lugar, es ahí donde comenzamos a disfrutar el tiempo y valoramos lo que el tiempo trae a nuestras vidas: años, caídas, triunfos, pérdidas, bendiciones, en resumen, sabiduría.
Con el tiempo, vale la pena atreverse a disfrutarlo más que a tratar de controlarlo.
En este de información en tiempo real, de materialismo, de una vida vertiginosa, es importante disfrutar el tiempo en el que nos ha tocado estar, desde la familia, el trabajo, las diversiones, la naturaleza, todo aquello que el tiempo pone a nuestra disposición y que debemos ser capaces de valorar a plenitud.
Es tiempo también de la verdad, de la justicia, de los valores. Es el tiempo de la redención, es momento de visualizar tiempos de armonía, paz y felicidad colectiva y eso se construye desde nuestro interior, se fortalece en las acciones diarias y perdura cuando más personas siguen contagiando a más de buenas acciones para tener comunidades sanas en ambientes de desarrollo integral
Nos toca disfrutar y mejorar este tiempo. El que viene no será igual al que tenemos y eso es lo importante, porque será consecuencia de lo que hoy hagamos nosotros. El tiempo no puede ser controlado, pero tal vez sí pueda tener esencia y esa esencia es la que le imprimamos nosotros. Logremos que sea de hermandad, empatía y felicidad, lo merecemos los de este tiempo y los que vendrán en el futuro.
Construyamos y edifiquemos en este, que es nuestro tiempo.
¿Coincidimos?