Por ADOLFO FERNANDO SANCHEZ PEREYRA
El problema de Venezuela requiere de un análisis político detenido. Existe un contexto, en mucho inducido, en el cual la llamada “opinión pública” se está orientando en el sentido de los intereses geopolíticos del bloque occidental comandado por los EEUU. Al juicio político de los medios se ha añadido una condena moralizante en contra de Nicolás Maduro.
Terry Eagleton al disertar sobre lo moral en lo general dice que: “El moralismo abstrae los llamados “valores morales” del conjunto del contexto histórico en el que se inscriben, y a partir de ahí, procede por lo general a impartir juicios morales absolutos” (Eagleton, 2018) Existe en el moralismo la tendencia a separar e ignorar el asunto de las causas de los problemas. Hay que separar la moral de la moralina que es esencialmente una ideología que sirve a intereses nunca explícitos.
El verdadero juicio moral debe indagar, como dice Eagleton, todos los aspectos de una situación social y humana. Quienes se preocupan hoy por la situación política en Venezuela debería preguntarse que llevó a ese país a una especie de ruina económica, no solo condenar esa situación per se, como si no hubieran países que han orillado a Venezuela a tan penosa situación económica. A Venezuela le están recetando la misma medicina que a Cuba.
Los países globalizadores capitalistas que giran en torno a los EEUU como Francia, Alemania, España, Inglaterra, practican bloqueos económicos criminales que por desgracia son apoyados por la mayoría de países integrantes de la OEA que históricamente han servido para custodiar los intereses de los EEUU, lejos de representar auténticamente a las comunidades de los países latinoamericanos.
La última medida incautadora del capital del Estado Venezolano ha corrido a cargo del gobierno de Inglaterra, quien ha repetido las medidas de EEUU imposibilitando el manejo de fondos soberanos depositados en esos países por la economía venezolana con antelación al conflicto.
Cualquier observador minucioso de la información periodística podrá corroborar en que medida se han empleado por los EEUU las redes sociales para sembrar en el mundo protestas sociales y levantamientos. ¿O no esa fue la vía que emplearon en la llamada “primavera árabe” que destruyó los estados islámicos para imponer gobiernos títeres que han empeorado la situación de los llamados derechos humanos y las economías de esos estados intervenidos por razones geopolíticas?
No se puede simplonamente acusar al gobierno venezolano de ser un fracaso económico sin mencionar los embargos que ha sido objeto con su capital y con su petróleo. Lo que las agencias noticiosas capitalistas difunden como el fracaso de la economía venezolana es verdaderamente perverso, retorcido y ruin. Pero la gente no ve más allá de lo que dicen los locutores apoyadores del gran capital. Ya por inconsciencia o bien por conveniencia. Cuando se estudie con detenimiento histórico este proceso se comprenderá como a partir de la manipulación de la información se puede llevar a cabo una campaña ideológica tendiente a controlar a los destinatarios del mensaje y forjar consensos.
Si viéramos la última fase del conflicto nos daríamos cuenta de lo ilegítimo del proceso. La “oposición” decide no participar en las últimas elecciones presidenciales no presentando candidato. Luego, decide acusar al gobierno de Maduro de elecciones antidemocráticas. ¿Porque no participó desde entonces el hoy autoproclamado “presidente” Juan Guaidó. O por que no lo hizo el sistemático opositor Enrique Capriles? Creo que porque hubieran perdido. Y no preservarían la legitimidad que les da el hecho de ser oposición. Las actuales “ayudas” humanitarias del mundo capitalista como la canadiense no tienen el propósito de salvar a los hambrientos y si así fuera ¿Por qué no la dieron desde un principio al gobierno constituido y legal?
Entonces, este es un proceso de descalificación de las elecciones anteriores donde la autoproclamación, y la búsqueda de apoyos externos tiene como fin romper la legitimidad de la izquierda venezolana, confundir a los electores, y preparar las bases de una intervención militar o de una nueva elección en condiciones desfavorables al presidente Maduro.
¿Cuál es el fondo del asunto? Que desde el gobierno de Hugo Chávez se está intentando construir un nuevo estado socialista en América Latina cosa que perturba las mentes norteamericanas y a su doctrina Monroe: México debe mantener la política de la no intervención y de la solución pacífica de los conflictos prevista en la doctrina Estrada y en su texto constitucional. Si Fox, Calderón y Peña hicieron lo contrario no es razón suficiente para seguir haciéndolo, pasando por encima del texto constitucional.