Rodrigo Islas Brito
“Estimada clientela, por el problema de salud por el que estamos pasando todos. Reanudaremos actividades hasta pronto aviso”, dice el letrero que un Efraín en cuarentena lee todos los días frente a su pequeño departamento. Lo lee y lo vuelve a leer telefónicamente. Lo considera amable, incluso esperanzador.
“Este mal los estamos pasando todos. Ojala la gente se diera cuenta de ello pronto. Antes de que quieran correr de su casa a alguien de su familia porque empezó a toser”. Hoy su padre, la esposa de su padre, su hermana menor, su hermano mayor y la esposa de su hermano y él mismo están en cuarentena divididos en tres casas debido a la posibilidad de ser positivos por coronavirus Covid 19.
Fue el novio de su hermana, él dio positivo por coronavirus por la Secretaría de Salud, lo que alertó a la familia de que probablemente estaban en un problema.
Su hermana y su hermano mayor han presentado síntomas claros de la enfermedad y ambos están esperando los resultados de sus pruebas de Covid 19, a su padre, diabético y de 56 años, no le han hecho prueba porque no presenta síntomas. Efraín, quien no da su nombre real asegura que se reservará los resultados de las pruebas de sus familiares, porque hacer lo contrario sería jugar al morbo.
“La gente sigue creyendo que perseguir a los posibles contagiados por el virus significa una diferencia. Que eso los salvará de algo. Que ilusos”, afirma el chico de 26 años con una inflexión de gravedad e ironía. Cuenta que su hermano fue denunciado en su círculo social como sospechoso de tener coronavirus por sus mismos amigos con los que comentó sus miedos.
La pronta expansión de noticia llevó a que al padre de Efraín empezaran a bombardearlo con mensajes preguntándole “oiga licenciado, ¿qué según su hijo tiene coronavirus?” El padre negó y aclaro lo que pudo las acusaciones. Efraín manda capturas de pantalla de las conversaciones en el que le exigen a su progenitor que diga si es no es su hijo al que mencionan como enfermo de coronavirus para saber por dónde anduvo y a quien pudo infectar.
“La gente se torna tan básica cuando tiene miedo. El que lleva el asunto de la pandemia por parte del gobierno, Hugo López Gatell, ya dijo que va llegar un momento en que los casos positivos van a ser tantos que ya no se van a poder ni contar”, destaca el entrevistado resaltando que en algún momento la gente dejará de obsesionarse con que la diagnostiquen como coronavirico o no coronavirico, aunque para eso aún falta mucho.
El secretario de salud de Oaxaca, Donato Casas Escamilla declaró hace poco a la prensa que a lo largo del brote epidémico de COVID-19, los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO) estiman una “tasa de ataque” de entre 8 mil 255 a 10 mil contagios, de los cuales 347 podrían ser pacientes que enfrenten complicaciones muy graves y requieran atención en terapia intensiva.
Escamilla admitió también que hasta el momento sólo se tienen disponibles 77 camas de terapia intensiva con 20 ventiladores específicos para esta contingencia por el COVID-19, aunque aseguró que el Gobierno Federal va a mandar más. Conteo en el que no se incluyen las áreas de urgencias del IMSS, ISSSTE u otras instituciones de salud.
Hoy Hugo López Gatell anunció en su conferencia nocturna diaria que la burocracia gubernamental se suma a la Jornada Nacional de Sana Distancia que incluye la suspensión de actividades laborales y escolares hasta el próximo 20 de abril.
“No sabes la impotencia que se siente y la tristeza. La rapidez con lo que pasa todo”, comenta Efraín sobre el dolor presente. Cuenta que hoy su familia solo quiere estar encerrada sin contestar teléfonos ni preguntas, ayudándose a pasar este trago amargo en el que pueden presentar o no presentar los síntomas, en los que pueden salir o no positivos en su prueba de Covid 19, punto sobre el que Efraín insiste que ya no revelará nada “porque ya no tiene caso”.
“Según lo que contó el novio de mi hermana, el trancazo del Covid te puede durar hasta tres días”, relata Efraín. Cuenta que cuando él hizo pública la historia de su familia en la pasada entrega de este recuento, hubo gente cercana que lo identificó y de inmediato se fueron sobre su hermano y hermana, quienes decidieron negarlo todo.
“Y no los culpo, aunque tampoco me reclamaron. Historias como las que no está pasando a nosotros se van a repetir por montones. Tampoco es que en Oaxaca hayamos hecho mucha prevención sobre el asunto”, observa el chico.
Comparte que otra cosa que ha pensado que también puede aquejar a su hermano mayor, quien ha presentado todos los síntomas de coronavirus excepto la fiebre, es la influenza. Manda nota que da cuenta que hoy en Oaxaca se reportan ocho muertos por esa información y 97 casos positivos por su misma causa.
Para eso que está pasando su familia cita una frase de la filósofa y académica Judith Butler. “El virus por sí mismo no discrimina, pero nosotros humanos seguramente lo haremos, formados y animados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia, y el capitalismo”.
Efraín dice que después de esto debería de venir la revolución del virus en el mundo. “Una rebelión de algo, un cambio, no sé, algo que signifique que esto está pasando por algo”, suelta el joven con un dejo muy fuerte de un también joven idealismo.
Después desde su reclusión por sospecha de haber adquirido un coronavirus del que se mantiene asintomático, se despide por teléfono, dice que volverá a ver el letrero que hay frente a su ventana, ese que lo anima a creer que aunque en estos momentos se hable de aislamiento como una solución frente al caos, al final también algo de unión pueda surgir de todo este repentino y tan masivo sufrimiento.
- Primera entrevista a “Efraín”:
Familia oaxaqueña pierde la calma ante posible contagio de COVID-19