Audiencias libres , no tuteladas
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Bersahín López
Estamos situados en un momento donde el cúmulo de información que recibimos es tan abrumador que procesarla se ha vuelto complejo. Esto simboliza el derecho a la pluralidad, pero contrasta directamente con la veracidad y calidad de lo que consumimos a diario.
¿De qué manera influye esto en construir una sociedad en paz? Es determinante. La calidad de la información impacta directamente en la relación entre quienes integramos la sociedad y en cómo se gesta nuestro pensamiento colectivo. Una gran cantidad de datos no siempre representa estar bien informados; sin embargo, tampoco la censura ni la denominada regulación oficial permiten alcanzar la verdad.
Lo peor que podemos vivir en pleno siglo XXI es la imposición de “filtros” gubernamentales que pretendan dictar a la ciudadanía qué es verídico, qué es falso o qué tiene calidad. Esa es una tarea que corresponde exclusivamente a la comunidad, cuya capacidad de análisis les permite discernir con criterio propio en qué creer y en qué no. El verdadero derecho de las audiencias se basa en la libertad de poder elegir.
Hoy, las redes sociales, la inteligencia artificial y los sucesos en tiempo real han desatado cascadas de información diversa sobre un mismo tema. Esto nos lleva a enfrentar múltiples aristas y puntos de vista; algo complejo de procesar, pero infinitamente más sano que tener una sola verdad oficial que anule el debate y la pluralidad. La paz también tiene en la transparencia y en la libertad su principal fuente.
Una legislación nacional debe enfocarse en erradicar discursos de odio y eliminar la apología del delito, fomentando valores desde los medios de comunicación. Por ello, bajo ninguna circunstancia el Estado debe omitir el fomento de valores bajo el pretexto de posicionamientos políticos o visiones de gobierno. El derecho de las audiencias tiene que ver con el fortalecimiento de las libertades, no con anular la pluralidad intentando instalar verdades únicas.
Una sociedad informada es una colectividad con mayores posibilidades de desarrollo. En este contexto, la armonía puede ser más perdurable al carecer de mensajes polarizantes que enconen la relación social. El Estado debe ser garante de esta armonía, pero también el primero en erradicar mensajes de odio privilegiando el ejercicio de las libertades para encontrar la verdad y la paz del pueblo en su conjunto.
Una sociedad en paz requiere información plural y libre de odio. La calidad en los medios fortalece los derechos humanos y permite que los gobiernos mejoren constantemente, ya que la crítica constructiva es necesaria para perfeccionar los procesos administrativos, políticos y de gobierno. No se trata de hacer todo perfecto, sino de tener un marco normativo que nos ayude a corregir errores para tener un desarrollo constante.
Tenemos sobre la mesa de la discusión nacional una serie de lineamientos para “fortalecer el derecho de las audiencias” que han sido duramente criticados y generan polarización. Por este solo hecho, es necesario cambiar el enfoque y construir mecanismos donde la propuesta venga del pueblo y no de los gobiernos. Sí necesitamos erradicar la falsedad y los malos contenidos, pero sin propiciar censura ni sesgos a criterio del poder.
Oaxaca y el país viven momentos complejos por la escalada de inseguridad. Los medios de comunicación no deben hacer apología del crimen, pero sí informar con veracidad sobre los riesgos para poder actuar en consecuencia como sociedad. Los gobiernos tampoco pueden minimizar este ambiente para cuidar sus niveles de aprobación: la ciudadanía tiene derecho a estar bien informada, los medios la obligación de informar con responsabilidad, y los gobiernos la obligación primordial de brindar seguridad para ejercer nuestros derechos a plenitud.
El derecho de las audiencias no debe ser un pretexto para nadie, sino un ideal para construir una sociedad más justa, equilibrada y en armonía. La sociedad merece que hablemos más de valores y derechos para tener la aspiración de construir una mejor vida colectiva, donde los gobiernos no se vuelvan entes obstruccionistas, sino verdaderos generadores de libertades y cohesión social.
