Fue sentido de supervivencia

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Ivonne Matteo

Los elementos de Seguridad Pública que participaron en el enfrentamiento magisterial el pasado 19 de septiembre del 2016 han sido señalados como los villanos de aquellos hechos, pero con 106 de ellos heridos, baleados e incluso inhabilitados para laborar, habría que cuestionarse si más que victimarios, podrían haber sido también víctimas del Estado fallido en el cual vivimos.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos presentó el pasado 18 de octubre la recomendación 7VG/2017 sobre en enfrentamiento entre la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y elementos de Seguridad Pública en Asunción Nochixtlán, San Pablo Huitzo, Hacienda Blanca y Trinidad Viguera, que dejó muertos y heridos.

Titulares de diversos medios de comunicación tanto estatales como nacionales del día siguiente coincidieron en responsabilizar a un sólo sujeto tras el informe: “Hubo abuso policial en Nochixtlán” encabezó El Universal; “Policía reprimió maestros”, dijo El Siglo de Torreón; “Policía responsable de 3 muertes en Nochixtlán”, comunicó Aristegui Noticias; “Efectivos federales y estatales cometieron graves violaciones en Nochixtlán”, encabezó La Jornada, y podría continuar con las referencias persiguiendo el mismo objetivo, los verdugos, los culpables, los villanos, como en toda manifestación, son los elementos de seguridad pública, o al menos así lo entendió y visualizó gran parte de la sociedad.

Aquellos a los que la ciudadanía prefiere señalar de corruptos y abusivos son aquellos que preferirían no volver a ser partícipes de un conflicto en el cual, hagan bien o mal su trabajo, van a terminar siendo juzgados.

La CNDH detalló que 30 elementos pertenecientes a la Banda de Guerra y diverso personal administrativo de Seguridad Pública fue enviado para intervenir, pero tenían más de 24 horas laborando, no contaban con el equipo completo ni adiestramiento, resultando lesionado casi 15 % del personal que se ubicó en estos supuestos; así mismo la CNDH acreditó que hubo agresiones con artefactos de fuego por parte de los manifestantes en contra de los policías y pobladores señalaron que las detonaciones de arma de fuego provenían de los civiles.

El 19 de junio del 2016, se reflejaron las fallas que han ido creciendo a través de los años en el sistema de seguridad pública, se puso de manifiesto un cuerpo policial en el cual no se conoce o se minimiza la importancia de una cadena de mando y coordinación entre los elementos, reflejó la falta de preparación de los uniformados para actuar en escenarios inesperados durante los enfrentamientos, y los operativos mal diseñados y por ende mal ejecutados.

De acuerdo con Manelich Castilla Craviotto, comisionado de la Policía Federal, en el enfrentamiento de Nochixtlán hubo más de 90 policías federales heridos, 12 de ellos desarmados, resultaron con heridas graves de bala, que los inhabilitó de por vida para el servicio público.

Un elemento de Gendarmería que accionó su arma declaró que “nadie dio esa orden, todo fue el sentido de la supervivencia”.

Los policías también fueron víctimas y me atrevería a asegurar que son las principales víctimas, expuestas al coraje de una multitud que en su afán de demostrar su odio al Estado los provoca y los agrede con salvajismo, y que las autoridades en su necesidad de establecer un control autoritario, se escuda detrás de ellos enviándolos a cumplir con una misión sin tener la preparación ni equipo necesarios, así como un respaldo que los proteja frente a la adversidad.

Es necesario observar y analizar a cada uno de los bandos y dejar de atacar a quienes quizá no tienen el mínimo interés en resultar lastimados ni lastimar; cuestionar al responsable principal de establecer el orden y garantizar un verdadero Estado de Derecho.

 

Esta columna se reproduce en este medio informativo tal cual ha sido concebida por su autora. Las opiniones en ella expresadas no son necesariamente compartidas por este portal.

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