Tras asesinato de “Chander”, en Acatlán continúan las acusaciones de abusos policíacos, Oaxaca
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Álvaro Morales
II de II Partes
A nueve meses del asesinato del futbolista de la Tercera División Profesional, Alexander Martínez Gómez, en Acatlán de Pérez Figueroa, cuatro de los cinco policías municipales que viajaban en la patrulla 023, que interceptó a Alexander y sus amigos al momento del ataque, continúan en funciones y cometiendo agresiones y actos de intimidación en contra de la población, sostiene Virginia Gómez, madre del hoy extinto.
El año pasado, agrega, integrantes de la policía de Acatlán interceptaron y “sacaron” de la carretera a uno de los amigos que atestiguó el asesinato de “Chander”, lo que provocó que el joven “se reventara” un dedo.
A pesar de que Virginia sostiene que durante las horas posteriores al homicidio de Alexander, el nueve de junio de 2020, la Secretaría de Seguridad Pública de Oaxaca (SSP) reportó que despojaría de sus armas a la corporación municipal y que sometería a sus integrantes a diversos controles de confianza, ello no ocurrió y los elementos continúan armados y haciendo operativos ocultos en la oscuridad y tomando por sorpresa a transeúntes y conductores que muchas veces, de acuerdo con la versión proporcionada a este medio, son tundidos a cachazos.
–¿Y los policías (que viajaban en la patrulla 023) siguen trabajando?
–Así es, siguen trabajando, andan por todo el pueblo aquí patrullando como si no hubiesen hecho nada malo; ellos se sienten bien protegidos por su presidente, al que ellos le dicen El Patrón, el señor Adán Maciel Sosa.
–¿Qué les ha dicho la Fiscalía en ese sentido?, ¿hay posibilidades de detener al resto?
–Solamente (nos dicen) que va a haber justicia, el señor Fiscal (ex fiscal Rubén Vasconcelos) nos prometía que va a haber justicia, que va a haber justicia, pero queremos hechos porque esto es desgastante.
»Económica, moral y sicológicamente a nosotros nos tienen de la patada; sicológicamente porque es un dolor que llevábamos y que no podemos soportar esta pena que nos embarga al ver que esos policías sigan patrullando y que se estén casi burlando de la comunidad, de la familia.
Y agrega: “Hace poquito sacaron de la carretera a uno de los amigos de mi hijo, lo sacaron de la carretera y el muchacho se lastimó un dedo, se reventó su dedo y ellos no metieron ni las manos para ver si el muchacho estaba tirado e irlo a levantar”.
A raíz del activismo que ha realizado desde el asesinato de Alexander, cuenta Virginia, muchas víctimas de abusos policiacos, sobre todo jóvenes, acuden a buscarla para que los asesore y los acompañe moralmente.
“El muchacho vino con su mamá a darme la queja. Yo les aconsejé que fueran a poner la denuncia a Tuxepec, como debe ser, porque sin van aquí, a Acatlán de Pérez Figueroa, con esa Fiscalía, aquí no les van a hacer caso, aquí va a haber caso omiso”.
–Hay más agresiones, entonces.
–Acostumbran a hostigar a los jóvenes: los paran, los bajan de sus motos, los revisan, les pegan culetazos con las armas y les dicen malas palabras.
–¿Con qué argumento?
–Porque dicen que tienen un filtro, que están revisando. (Dicen que tienen) un filtro cuando no ponen conos ni nada (y) no mantienen prendida su torreta. Únicamente salen en lo oscuro, los paran, les prenden en el momento la torreta y ellos quieren que en ese momento los muchachos se paren.
»¿Cómo se van a parar? si estamos en un mundo de delincuencia; ellos (los jóvenes) se espantan, piensan que algo les va a pasar, que los van a levantar… muchas cosas. (Los policías) actúan de esa manera porque no tienen la suficiente capacidad, no están capacitados sobre cómo se deben hacer los filtros, cómo deben de manejar a la juventud.
Pese a impunidad, reciben amenazas
–¿Han sido involucrados en otros crímenes o delitos?
–Sí, al parecer, sí, pero las familias son las que están procediendo. Se les ha dado carpetazo anteriormente a todos ellos por lo mismo, porque la gente se queda con los brazos cruzados por miedo, porque los amenazan así como amenazaron a mi hijo.
La familia de Chander, además de haber perdido al más pequeño de sus integrantes, ha tenido que lidiar con múltiples amenazas de muerte que les han hecho llegar ante las denuncias públicas efectuadas en medios de comunicación estatales, nacionales y extranjeros.
Aproximadamente en septiembre pasado, tres meses después del crimen, Alexis, el hermano mayor de Alexander, recibió amenazas de muerte a través de redes sociales.
A pesar de que Virginia y Alexis interpusieron la denuncia correspondiente y la Fiscalía de Oaxaca dijo que indagaría los hechos por medio de la policía cibernética, pero nunca les llamaron para notificarles los avances.
“Quédate callado, chamaco, porque te estás metiendo con El Patrón y más vale que te calles porque así te irá bien…” decía un mensaje de texto enviado al Facebook de Alexis.
“Era la página Acatlán con Adán; le mandaron la solicitud y como la aceptó, por ahí le mandaron el mensaje por Messenger”, agrega la madre.
“Le dijeron que se callara porque los que pasó ya se había olvidado”
–¿Cuándo fue eso?
–Como a los tres meses que mataron a mi hijo. Enseguida pusimos la denuncia y abrieron una carpeta de investigación; supuestamente, iban a investigar la procedencia de esos mensajes y estamos esperando todavía, que la policía cibernética haga su trabajo… hasta el día de hoy no nos concluyen nada.
A pesar de los obstáculos, advierte Virginia, ella no cesará en sus esfuerzos hasta que los responsables de la muerte de su hijo paguen por el delito de cometieron.
–¿Cómo va el proceso judicial del único detenido hasta el momento, cuántas audiencias se han llevado a cabo?
–Han sido cuatro.
–¿Cuándo se espera que se emita sentencia, le han dicho?
–Estamos esperando el juicio oral para que entreguen cada quien sus pruebas, tanto nosotros como el señor ese; es el juicio oral y de ahí viene la sentencia.
¿Estamos hablando de seis meses, mínimo?
–Estamos esperando la fecha para el juicio oral y no nos la han dado; ya tenemos como cuatro meses esperando.
–¿Tienen abogados?
–Sí, claro que sí, tenemos tres
–¿Qué les han dicho sobre la procedencia de la detención del resto de policías?
–Ellos están trabajando en eso para que sean llamados para que ellos también paguen su delito porque ellos también tienen delitos por omisión porque también dijeron mentiras; todo lo que declararon fueron puras falsedades…
»Sin duda, también tienen responsabilidad y estamos esperando que la Fiscalía proceda, que es la que no nos ha dado muchas largas.
Los hechos
Alexander Martínez Gómez fue asesinado la noche del nueve de junio de 2020, cuando regresaba a su domicilio junto con un grupo de amigos, después de haber acudido a cargar gasolina y comprar unos refrescos para festejar el cumpleaños de otro amigo, Gerardo.
La intención de Chander y sus acompañantes –que viajaban en motocicletas– era cooperar y comprar refrescos y retornar con la madre del primero, quien pondría el dinero que hiciera falta para comprar unas pizzas.
“Los niños pasan por él y se van rumbo a la gasolinera porque él dice: ‘Mami, ahí nos vamos a juntar y allá vamos a ver cuánto juntamos de una vez porque yo voy a aprovechar para echar gasolina’”.
Virginia recuerda que le dio 100 pesos a su hijo y cuando terminó de hablar con él y éste se despidió, se metió a bañar. Pasaban ya de las 9 de la noche.
“Yo ya tenía en el corredor la mesa, todo para los muchachos”, precisa.
De pronto, minutos después, continúa, regresaron dos amigos de Alexander para alertarla de que unos policías les habían salido al paso, que les habían disparado y que su hijo se había caído de la motocicleta que un mes antes el joven había comprado y que apenas estaba empezando a dominar con pericia.
“Venían tartamudeando, venían espantados. Ellos me dijeron: ‘Venimos de la gasolinera, Chander echó gasolina… cuando atravesamos el pedacito de carretera para venirnos para acá, los policías estaban en lo oscuro, nos embistieron y se bajaron a disparar y nada más salimos corriendo, pero al parecer Chander se cayó.
“Cuando salgo al auxilio de mi hijo, yo decía: ‘Voy a ver que se cayó porque se asustó por los tiros’, pero no, mi hijo tenía un disparo en la cabeza, pero no se le veía porque estaba en el cabello.
“Yo pensé que se había golpeado en la cabeza porque en el lugar donde cayó había mucho escombro, pero no mi hijo tenía un disparo en la cabeza”, resalta.
En el lugar, la mujer pidió el apoyo de los policías, quienes de acuerdo con su testimonio nunca respondieron a las peticiones de Virginia sobre llamar una ambulancia para valorar el estado de salud del menor; incluso, para saber si continuaba con signos vitales.
“Les decía yo que le hablaran a la ambulancia, que le hablaran, por favor, a la ambulancia, y ninguno movió un dedo; mi hijo seguía tirado”, cuenta.
En su desesperación, Virginia agrega que marcó al teléfono celular de un hombre llamado Jesús Ortega Marín, identificado como mano derecha del edil de Acatlán, y con el que Chander había jugado en varios equipos de futbol que el político patrocinaba.
“Y le marqué y le marqué, le puse audios de auxilio: ‘ayúdeme, licenciado; mi hijo, los policías, no sé qué cosa tiene. Se cayó, se golpeó, necesito una ambulancia, necesito una ambulancia…’”
Nunca obtuvo respuesta.
“Ese señor ahorita va para Morena para presidente municipal”.
Finalmente, Virginia convenció a otro conocido que llegó al lugar de los hechos de que pidiera apoyo con una ambulancia. Primero, el hombre, dudó, pero la mujer le recordó la ocasión en que ella lo había socorrido cuando el hijo de éste tuvo un problema.
Al arribar, los tripulantes de la ambulancia no querían recoger el cuerpo, pero el hermano de Alexander se paró frente a la unidad y dijo que no se movería hasta que socorrieran a su hermano.
“Me traje a mi hijo a un consultorio en el pueblo para que lo checarán y ahí fue donde me constataron que mi hijo tenía un disparo en la cabeza y que ya no tenía vida”.
A las afueras de aquella clínica, Virginia realizó la primera denuncia pública acerca de los hechos, cuyo video se viralizó en redes sociales en cuestión de horas. Fueron las primeras horas de un tormento que aún no termina.
Hace dos semanas, los días previos a que se cumplieran los primeros nueve meses de la muerte del adolescente, Virginia acudió a las instalaciones de la Universidad del Golfo de México para que le regresaran los documentos que acreditaban los estudios de su hijo y su pertenencia al equipo de futbol de Tercera División, su último contrato.
“Es una cosa dolorosa ver lo que le arrebataron a nuestro hijo. Es como poner el dedo en la llaga cuando apenas estamos queriendo pasar un poquito este dolor.
“El ir a ver su campo donde él jugo, donde quería cumplir sus sueños de un día llegar a Primera División y jugar para su selección y ver que se lo truncaron unos policías que no estaban capacitados”.
Continúa: “Fue una arbitrariedad muy grande. Saber que nada más tienen a uno (detenido), que entregaron a uno ellos mismos (los policías), lavándose las manos y que Fiscalía no hizo lo debidamente porque tenían que haber detenido a los cinco policías”.
Para Virginia, la autoridad estatal de Oaxaca tuvo que haber presentado ante el juez a los cinco policías que tripulaban la patrulla, pues de una u otra forma, reitera, estuvieron involucrados en los hechos.
En ese sentido, recuerda cómo, meses después, en Orizaba, Veracruz, tras una serie de hechos violentos, las autoridades de aquél municipio desarmaron y detuvieron a todos los integrantes de la policía municipal, cuestión que en Oaxaca quedó lejos de ocurrir.
Actualmente, un compañero de equipo de Chander, Emilio Martínez, ha logrado debutar en Primera División con el club Puebla, mientras que otro joven, de nombre Adrián, fichó con los Tiburones de Veracruz, equipo de Segunda División, la antesala del máximo circuito.
A Virginia no se le va de la mente que su Chander, como le dice, podría, también, estar cerca de su debut, pues ya había sido llamado a una prueba con Rayados del Monterrey.
