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Grafitero mexicano arruina mural de campaña mundial de celulares, hipsters enfurecen

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Rodrigo Islas Brito

¿Acaso la calle es una galería?, se pregunta una usuaria de red social sobre los comentarios de “que nacos” o “que neandertales” que en las mismas redes sociales marcan las publicaciones sobre la grafiteada que sobre el mural de la ilustradora mundialmente reconocida (también en redes sociales) Sarah Andersen, se ha perpetrado en la calle Mérida de la ilustre Colonia Roma de la Ciudad de México.

“No duró ni una semana limpio, por eso no podemos tener cosas bonitas en México”, escribe  una joven twittera con información en su perfil de que es pet friendly y gusta de la comida orgánica. Su comentario de lamento exaltado va sobre lo las firmas grafiteras grisáceas que un grafitero mexicano que se hace llamar Zombra, ha pintado sobre el mural que la estadounidense Andersen realizó con sus acostumbradas figuras juguetonas, alocadas, de ojos saltones, sobre lo cual la  dibujante definió en su red social que el mural fue hecho para ser amigable con la gente y que esta pueda tomarse selfies y  fotos en sus contornos que puedan subir a red social.

Esto después de que Andersen percibiera un pago por su trabajo, pues el mural de la calle Mérida pertenece a un proyecto de impacto mundial  llamado Internet Walls, financiado por la alianza de dos  transnacionales como Samsung y Pictoline, y que tuvo lugar en la Ciudad de México en noviembre del año pasado.

Ante lo cual cabe aclarar y recordar para los no millenials que Pictoline es una compañía de diseño digital que convierte noticias y datos sobre ciencia, medicina, economía, gastronomía y otras disciplinas en infografías, tiras cómicas o gifs, que su equipo llama bacons (tocinos). Y que en poco más de un año se han convertido en un referente en México y América Latina. Tan solo su cuenta de Facebook registra más de 1,7 millones de seguidores y los tuits de sus bacons siempre superan los miles de retuits.

Según lo anunció la misma Pictoline en noviembre, Internet Walls va de la mano con el espíritu de la campaña publicitaria  #DoWhatYouCant (Haz lo que no puedas) de Samsung, que en su discurso afirma buscar empoderar a las personas en distintos rubros y ámbitos para empujar sus fronteras, y de paso seguir vendiendo sus teléfonos celulares inteligentes por todo el planeta que tan solo en 2019 contabilizaron la venta de 42 mil teléfonos celulares por hora en el mundo , a lo que cabe agregar que un año antes, en el 2018, la transnacional registró una participación de mercado del 21 por ciento, liderando las ventas mundiales de smartphones.

“Samsung inspira al mundo con nuevas tecnologías, apoyando a la nueva generación que usa la tecnología sin siquiera pensarlo, ayudando a crear un mundo tal y como se lo imaginan, un mundo en el que todos puedan disfrutar de los avances tecnológicos más increíbles” declaró Samsung como patrocinador oficial de la primera temporada de Internet Walls.

Por otra parte las imágenes del mural de la calle Mérida provienen del universo de Sarah’s Scribbles, webcomic desarrollado por Andersen desde el 2011, publicado en Facebook, Instagram y Line Webtoon que sigue las experiencias de Sarah como una millenial y se enfoca en temas como la adultez, madurez y la relatividad con las que estas dos terminan desencontrándose. En marzo de 2016, su autora incluso publicó una colección impresa de su webcomic, titulada: Adulthood is a Myth.

Es en torno a este coctel de hacer lo que se quiera y lo que no se pueda hacer, según lo marcan los márgenes millonarios de ganancias del mayor distribuidor mundial de celulares, que ha explotado  en twitteros y facebookeros mexicanos los motivos de una discusión pública sobre el respeto o no respeto que se le debe guardar a un arte estético occidentalizado hecho para consumo mediático en redes sociales, por parte de un arte callejero ilegal, invisible y marginal. O de como lo define otro internauta asqueado por el grafiti invasor, “la razón del porque las margaritas no se hicieron para los cerdos”.

“Váyanse a la mierda. La calle es así y si no entienden sus códigos, está de más su indignación idiota”, responde a esto otro usuario de red social de origen oaxaqueño que guarda entre sus fotos e información rastros de una convencida militancia en marchas y movimientos sociales.

En la misma discusión otros señalan que si iba a hacer lo que finalmente hizo, Zombra por lo menos hubiera  grafiteado algo bonito encima del mural de Andersen para callar bocas, y no “sus letras culeras de siempre”.

A lo que defensores del grafitero, al que sus más acérrimos detractores acusan de creerse un Banksy (el graffitero más famoso del mundo que nadie conoce) de pacotilla, recuerdan de inmediato que guste o no su trabajo, Zombra es un mexicano que ha participado ya en la importante exposición  “Prince·sse·s des villes” en el Palais de Tokyo, edificio dedicado al arte moderno y contemporáneo situado en el 13 avenue du Président-Wilson, cerca del Trocadéro, en el distrito 16 de París, Francia.

“Asqueroso delincuente”, califica a Zombra otra posteada de red social que muestra unas fotografías y hombres y mujeres en sus veintes que en la calle de Mérida en la sempiternamente hipsterizada Colonia Roma, luchan con los instrumentos necesarios para quitar del mural de Andersen las manchas amorfas de los grafitis del mexicano. Acusan a Zombra de vandalizar la obra de una artista verdaderamente respetable.

De las personas que han llegado a limpiar lo que nombran “la porquería que hizo el grafitero mugroso”, la posteada de una persona que muestra en sus fotos su amor andar en bicicleta y recoger la caca de su perro cuando lo saca a pasear, asegura que se trata de “mexicanos demostrando que los buenos somos más”.

Como resultado, aparece su contraparte: “les arruinaron sus fotos a los whitexicans. La verdad es que los valores de consumo que transmite el mural de la morra de Nueva York están de la chingada, por favor Zombra, tapa más cosas como estas”, es la petición y análisis que se cruza en sentido contrario a los llamamientos a defender el grafiti taquillero por encima del cálculo de una inclusión falsa y de entrada comercializada. Al final,  una nada disfrazada lucha de clases y de la imposición o no de acartonadas margaritas en cerdos rebeldes que las escupen con furia, continuará.

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