Muere Guadalupe Ángela, la poesía que fue su destino… la hará volver cada cuanto

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Rodrigo Islas Brito

“Gracias por tu poesía, por tu sonrisa, por permitirme reflejarme en ti”, comenta Paola Reséndiz en su red social al enterarse del fallecimiento de su amiga la poeta, escritora y promotora cultural Guadalupe Ángela este sábado nueve de febrero a los 51 años después de una larga y valerosa batalla contra el cáncer.

Horas después, en una funeraria con su cuerpo presente, más amigos, amigas y conocidos se dan a la tarea de lamentar pero también de celebrar la vida de una mujer que siempre mostró un amor generoso por la literatura, la cultura y la expresión de todo aquello que significara ver hacia adentro y analizarlo afuera.

“Era una poeta intimista, muy consciente del hecho de ser mujer y de la trascendencia y el sabor de las vidas de las mujeres que rodearon su vida y su infancia”, comenta el escritor Víctor Armando Cruz Chávez, quien no deja de comentar que hoy Guadalupe Ángela Ramírez Victoria luce tranquila, dormida, como si en cualquier momento fuera a despertar y a hablar sobre encontrar ese punto de origen donde se asoma la primera letra, donde se enuncia lo que se halla oculto.

Hoy Guadalupe Ángela acaba de acceder a la verdad del último gran misterio de la vida. Cuauhtémoc Peña uno de los dos responsables de 1450 ediciones, editorial oaxaqueña que sacó a la luz dos de los libros de la poetisa, La alquimista y Autorretratos de una joven bailarina , la cual le dedicó a su hija Abril, recuerda que Guadalupe estaba ya incluso incursionando en la pintura.

“Para el escenario literario oaxaqueño era una de las voces más activas y más potentes de la poesía oaxaqueña. De producción amplia, madura, tenaz. Nunca se desdijo de su pasión por escribir y enunciar las cosas. Sus participaciones en lecturas en encuentros literarios se seguirán recordando por mucho tiempo”, comenta el editor y también escritor.

“Ángela estaba en plena madurez. Fue la primera generación de la maestría en Literatura Mexicana por la UABJO, la primera mujer en titularse”, apunta Peña, sobre una relación de la autora con la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, que un gran amigo de la poeta, el escritor Jorge Pech Casanova, se apresta a detallar.

“Como directora de la Facultad de Idiomas de la UABJO, su gestión fue ejemplar. La mejor y más productiva etapa que ha tenido esa facultad.”, explica Pech sobre un cargo y gestión en el que la poeta se desempeñó del 2009 al 2013. El también ensayista, editor y crítico de arte recuerda que junto a un grupo de valientes catedráticos, la poeta combatió uno de los cacicazgos más corruptos que ha tenido la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca hasta acabar con él. “Como directora, logró rescatar la Facultad y convertirla en un modelo. Es un orgullo haber colaborado con ella en las aulas que restauró y dignificó”, agrega.

Otros asistentes al funeral de Ángela hablan sobre su amor a las bicicletas, sobre la extraordinaria sensibilidad de Guadalupe para las artes en general, recuerdan sus estudios críticos del lenguaje, su pasión por enseñar y compartir esa certeza de que a la poesía hay que buscarla siempre aunque se esconda, su capacidad de traductora y maestra e idiomas que comenzó con una estancia mochilera en el Berlín de su juventud y que la llevó a coordinar la antología Zarpamos con la participación de 17 artistas visuales radicadas en México e Italia.

Se comenta también que hoy Guadalupe ha alcanzado en el camino a su entrañable maestra, Rocío González, poeta nacida en Juchitán fallecida también por obra del cáncer el año pasado. La reflexión que viene es ese no comprender cómo dos mujeres tan llenas de vida se han ido antes de su tiempo.

Sobre la amante de los haikus y autora de Poemario de las vírgenes, Cichillitos y ¡Cuidado! ¡Te cae la nube!, se recuerda entre quienes la conocieron, la quisieron y a veces también le temieron, su sinceridad y ética para decir las cosas, su amor por tres ciudades que resultaron muy significativas en su formación: Oaxaca, Puebla y Berlín, a donde llegó a vivir a los 24 años y a la que procuró regresar para ir aclimatando su propio espíritu del viaje y finalmente sobre su petición en sus últimas semanas de vida frente a un final que ella sabía inminente de que su biblioteca personal pasará a ser propiedad de la Facultad de Idiomas de la UABJO por la que tanto hizo y a la que tanto quiso. Petición que fue confirmada por la propia escuela de la que hoy se construye un nuevo edificio y cuya biblioteca se ha prometido que tendrá por nombre Guadalupe Ángela Ramírez Victoria.

Para Guadalupe Ángela la poesía fue un arroyo con piedras vacilantes, una piedra con moho que cabe en una sola mano, un canto de cuervo en una ciudad de rascacielos, una tumba en donde crece la hiedra, una niña que grita: mamá, tengo miedo, un ciclista en la cuesta mirando la montaña, una pareja de chicos intentando contar las estrellas. Para Guadalupe Ángela la poesía fue su vida y antes que cualquier cosa, su destino.

 

 

 

 

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