Oaxaca entra en transición de fase uno a fase dos del COVID-19
Compartir
Rodrigo Islas Brito
“A este ritmo, los que se adelantaron a irse a encerrar a hacer cuarentena cuando salgan les van a decir que se regresen a sus casas. Y entonces ahí si se van a volver locos”, vaticina Carlos Aranda en su local abierto a unas cuantas cuadras del parque El Llano en la Ciudad de Oaxaca.
Se refiere a la restricción al libre tránsito de la ciudadanía que el edil municipal morenista, Oswaldo García Jarquín, anunció el fin de semana para estos tiempos de contagio coronavirico, y sobre lo cual el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo ayer en un restaurante de Oaxaca que él nos iba a decir a todos los mexicanos cuando teníamos que irnos a encerrar a nuestras casas, aunque ese día no ha llegado.
Dentro de la fase de transición de fase uno a fase dos, anunciada por la Secretaría de Salud Federal en la que ha entrado México entero, patrullas y camionetas de la policía municipal de la ciudad recorren ahora los contornos de las plazas y parques públicos del centro de Oaxaca capital con un audio en el que invitan a la población a regresarse a sus casas para salvaguardarse de la pandemia. Pero no va más allá, ni los policías se bajan de sus vehículos para obligar a nadie a hacerlo, ni la cada vez más escasa ciudadanía que está en las calles hace caso de moverse de los jueguitos en los que miran a sus pequeños hijos trepar y sonreír.
La parsimonia recorre un sentido de fatalidad del que ya nadie se salva en Oaxaca y tal vez en México. Aun el más renuente e incrédulo teórico de que en realidad nada está pasando empieza a verse rebasado por la gran cantidad de negocios que han cerrado sus puertas y en su mayoría despedido a sus trabajadores sin sueldo con la promesa de que todo se reactivará en un mes, cuestión que muchos dudan si se toma en cuenta que Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, estimó hace tres días que será hasta dentro de dos meses, exactamente en el mes de junio, cuando se tendrá el mayor número de casos de coronavirus COVID-19 en México, incluidas las personas infectadas que requieran hospitalización.
“Es lo que digo”, insiste Carlos Aranda, quien pide mantener en secreto el giro de su negocio a la hora de que se escriba este artículo. “Prácticamente están anunciando que la cuarentena obligatoria va a venir más o menos por esas fechas. Es decir que la gente que desde ahorita ya se fue a encerrar a sus hogares, a sus bunkers, entre ellos muchos amigos míos, puede que después de cuarenta días acaben siendo los más sanos, pero mentalmente ya van a estar muy tronados. Más si los niños al final no regresan a clases, y mucho más si el dólar llega a los 27 pesos”, comenta y acepta que futuriza el comerciante consultado.
Comparte que su negocio lo mantendrá abierto hasta que el municipio le diga que ya no puede hacerlo. Quiere pagar la renta por lo menos de abril y después pedirle alguna clase de descuento a su arrendataria, sobre la que confiesa que no tiene mucha fe que acceda.
Del futuro dice que sabe lo mismo que sabe todo el mundo, que es incierto, que el dólar en su tipo de cambio hoy está a límites históricos. Espera mantener abierto su negocio pero asegura saber que eso es más un deseo que una realidad.
“El coronavirus está rompiendo de tajo las cadenas productivas de este país. Así de simple”, considera el comerciante. Se ríe cuando recuerda que clientes extranjeros suyos que se han quedado a pasar el coronavirus en Oaxaca, le han dicho que los oaxaqueños están locos por no irse a esconder a sus casas, con el ejemplo de los colapsos sanitarios que hoy están ocurriendo en países de primer mundo como Italia, España y Estados Unidos.
“Una señora jubilada de Maine casi se muere cuando vio en el periódico que hace unos días una organización social (CODEP) había instalado en el zócalo de la ciudad un plantón con letrinas y puestos de tacos”, recuerda el comerciante a punto de la risa.
“¿Pero cómo pueden hacer esto en plena emergencia mundial sanitaria?, me preguntó. Le dije a la pobre mujer que la verdad es que se había venido a pasar la pandemia universal a una ciudad de puros locos. Desde entonces no la he vuelto a ver”, concluye el entrevistado.
