OPINIÓN | Acumulación previa del capital
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ADOLFO FERNANDO SANCHEZ PEREYRA.
Pienso en el discurso de Andrés Manuel López Obrador y cuantas palabras necesita para subsumir toda una época y así centrar los significados que quiere establecer como válidos para todos.
Por ejemplo, el concepto neoliberalismo, que el aclimata y sitúa en México durante los gobiernos de Salinas, Cedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto.
Desde luego que el neoliberalismo no es mexicano de origen y tampoco se centraliza en ese solo período pues irrumpe en el país gracias a los becarios de Harvard que terminan por impulsarlo cuando comienzan a ubicarse en puestos clave de la administración pública federal.
Estamos hablando ya del sexenio de Miguel de Lamadrid. Seguramente la política privatizadora tiene mayor auge a partir de los presidentes que cita, sin embargo me pregunto si cualquier país en cualquier fase de su desarrollo capitalista que fuere podía convertirse en neoliberal (por ejemplo en la fase del capital usurario) o si como ocurre con el desarrollo desigual y combinado el modelo más avanzado termina por imponerse y establecerse preservando vestigios de lo anterior.
Es evidente que lo que destaca y quiere hacer énfasis el presidente es la política económica nacional que pone al servicio de la iniciativa privada los bienes del sector público o como él dice la política consistente en hacer negocios al amparo del poder público, política económicamente desastrosa que lleva a los presidentes a privatizar las empresas de estado como Teléfonos de México, Ferrocarriles nacionales de México, la industria del acero y la de fertilizantes, Comisión Federal de Electricidad y por último Pemex, desde luego todas las empresas descentralizadas como Conasupo que gracias a eso deja de ser la tienda más importante de Latinoamérica.
Orlando Ortiz, en su momento, hizo un recuento de lo privatizado que excedía más de 600 empresas de estado que causaban escozor al gran capital que pensaba en la posibilidad futura del socialismo, desde luego erróneamente dado que el esquema mexicano se debió más bien a la adopción del keynesianismo.
En realidad el neoliberalismo es una vuelta a la política económica clásica, esto es la idea de un mercado a cargo del capital privado, con la protección del estado basado en la explotación intensa de la fuerza de trabajo de los países con abundante fuerza de trabajo, mercado donde, desde luego, el pez grande se come al chico.
En realidad una vez que el imperialismo terminó su labor de adueñarse de la producción mundial e imponer las reglas del capital, se trataba de sembrar la ideología del libre cambio sin más fronteras que las del capital internacional y sus beneficios.
Nadie pensó que esta política se agotaría por la competencia y la saturación del mercado y por efectos de la ley de la caída decreciente de la cuota de ganancia y que los países exportadores comenzarían a restringir los mercados privilegiando las medidas proteccionistas. Ahí estamos.
No obstante, cuando una crítica se hace desde un país igualmente capitalista y sin proyecto de transformación económica me suela a ideología, sobre todo cuando se está en el poder.
Todos los proyectos anunciados se pueden inscribir dentro del capitalismo, el tren maya, las zonas económicas especiales, son expansiones del capitalismo empresarial, yo diría: anunciados procesos de acumulación originaria de capital que si transforman el sureste será en beneficio del gran capital y convirtiendo a sus pobladores en botones, jardineros, meseros, lancheros, etc.
No hay que celebrarlo tanto pues.
