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Adolfo Sánchez Pereyra Opinión

Metamorfosis

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Adolfo Fernando Sánchez Pereyra

El sueño de todo político es lograr que sus adversarios terminen haciendo lo contrario, es decir que las causas por las que luchaban sus opositores se diluyan haciendo que dos discursos coincidan, el del opresor y el oprimido. Creo, sin embargo que en ello no hay motivo de grandeza sino de habilidad instrumental, de aquello que la semiótica llama manipulación. En ocasiones se llega a ello de manera circunstancial, no como algo deseado desde el principio, sino porque muchos elementos se conjugan y se entrecruzan y dan por resultado el menoscabo de las posiciones originarias de quien protesta. He tratado de ser explicito y breve porque mi intención es hablar de ciertos hechos a los que se puede aplicar mi descripción como por ejemplo uno de los problemas derivados de la aprobación de la segunda reforma educativa de este siglo en México.

Todos los trabajadores están dotados de ciertos derechos laborales como el derecho al salario justo. Y uno pensaría que un régimen que se jacta de cierto humanismo casi religioso o meta religioso tales derechos son como dijeran los iusnaturalistas inalienables de la persona humana. Solo que este ensueño no siempre es posible en una sociedad capitalista donde la disputa por el salario y la plusvalía se encuentran cotidianamente. La plusvalía aumenta a medida que disminuye el salario. El patrón no está dispuesto a renunciar a su cuota de plusvalía para beneficiar al trabajador o pensar en sus hijos o en su familia. Por su parte, el Estado capitalista tampoco esta dispuesto a renunciar a la integridad del presupuesto invocando miles de patrañas. Entre otras, que si concede un incremento a unos se los tiene que conceder a otros, que fue el argumento por el cual terminó la huelga de la Universidad Metropolitana, tristemente. De nada sirve la invocación al oprobio pasado, para el estado ya paso y ya.

Los maestros de la CNTE querían entre otras una revisión salarial satisfactoria, y lo han querido los maestros de Chiapas y Michoacán primeramente, sin lograr nada. Ahora el Estado ha inventado la tesis de que por efectos de la reforma educativa, los maestros no tienen que pelear ya incrementos salariales pues los pueden lograr si se capacitan y se evalúan, como si de veras fuera cierto de que tienen tantas plazas disponibles en un haz de categorías al infinito. Esto es, la evaluación ha sido convertida en el elemento punitivo de nueva cuenta. En mi concepto los aumentos salariales deben ser independientes de la situación particular de cada individuo e independientes de los niveles escalafonarios. Es pues, una jugada magistral pero sucia la que ha inventado el Estado para deshacerse de obligaciones que si nos las respeta el mismo mucho menos lo hará el sector privado en sus relaciones laborales.

El hecho concreto es que tampoco la reforma Peña Nieto cumplió sus compromisos de mejorar las condiciones de vida de los profesores y los examinados o evaluados siguieron siendo lo mismo. Tal vez si cumplió, si vemos las cosas desde el punto de vista ideológico, y como la ideología es una distorsión de la realidad pobres de aquellos que creyeron en ella pues resultaron engañados.

No es novedad constatar estas maniobras del Estado Mexicano, siempre han prevalecido a través de la historia. Los movimientos sociales en México siempre han sido reprimidos y combatidos por el Estado. Es falso que ahora Estado y sociedad compartan objetivos e ideales.

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