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“Nunca había visto morir a tanta gente”, narra Mayra, enfermera COVID 19 de Oaxaca

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Álvaro Morales

Entre su vocación profesional de salvar vidas y su instinto materno de cuidar de sus dos pequeños hijos, Mayra lleva nueve meses sometida al episodio de estrés más severo de sus 29 años, como ella lo admite.

Desde junio de 2020, la mujer oriunda de San Juan Bautista Tuxtepec forma parte del equipo médico y de enfermería del área de atención de pacientes COVID 19 del Hospital Regional “Presidente Juárez” del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ubicado al norte de la ciudad de Oaxaca.

Mayra duerme entre cinco y cuatro horas diarias porque el resto de su tiempo lo dedica al cuidado de sus hijos Víctor y Marjorie, de un año con cuatro meses y dos años con siete meses, y a recorrer los pasillos del área hospitalaria delimitada para el seguimiento de los pacientes con SARS CoV 2, donde convive con enfermos delicados y graves.

En 36 semanas, ha visto morir a varios enfermos, incluidos compañeros del sistema de salud; también, en diversas ocasiones, ha sido una de las personas con las que los pacientes han cruzado sus últimas palabras antes de sucumbir.

Mayra divide su vida profesional de la siguiente forma: en cuatro o seis horas recorre las camas del hospital del ISSSTE para monitorear a los pacientes, en tres más elabora los reportes de seguimiento correspondientes y otros 60 minutos los dedica a quitar y ponerse el equipo de protección que está obligada a portar para no contagiarse.
Después, en la segunda etapa del día, se dirige a casa para continuar con la educación de sus pequeños hijos Víctor y Marjorie, jugar con ellos, enseñarles a hablar y escribir, prepararles sus alimentos, bañarlos, llevarlos a la cama y esperar que concilien el sueño, una faceta que llega a prolongarse hasta las 12 o una de la madrugada.

Al área COVID 19  en plena lactancia

Tres meses después de comenzada en Oaxaca la pandemia, la enfermera Mayra Hernández Ceballos fue notificada de que sería enviada al área de atención de Covid 19, debido a que el personal que semanas antes había sido contratado por el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) del gobierno federal, fue insuficiente para atender la saturación que, desde entonces, se reportaba en aquel nosocomio.

Ella formaba parte de la plantilla eventual de trabajadores del ISSSTE, un sector del que la institución decidió echar mano para contrarrestar el déficit de personal.

“Como no había suficiente personal, no se lograba completar la plantilla, fue que ahí tuvimos que hacerlo… Al momento de ser personal eventual nos dijeron que ni modo, no hay personal y hay que entrar”, narra, en entrevista.

En aquel momento, el más pequeño de sus hijos, Víctor, tenía siete meses de nacido y la más grande, Marjorie, un año con 11 meses. Ambos, acostumbrados a pasar la mayor parte de su tiempo al lado de su madre.

Mayra, sin embargo, vio en la contingencia sanitaria una posibilidad de trascender profesionalmente a través de la salvación de vidas, por lo que no se negó a acatar las disposiciones de la institución.

“Cuando yo entré, ya no existían contratos Insabi que realmente son los mejores pagados; sin embargo, aunque sabía que ya no había contratos Insabi, por mi vocación, entré por un interinato para trabajar en el área Covid; todos los enfermeros Insabi y todos los enfermeros con interinato, tenemos que entrar al área Covid.

–¿Entonces, usted sabía que la iban a mandar para allá?, pregunta Agenda CIO.

–Desde el principio ahí te dicen que te van a dar un interinato, pero tú tienes que entrar al área Covid. No hubo negación por parte de mi persona para entrar al área, porque es la manera de mostrar la profesionalización de la enfermería, cuando realmente te gusta la carrera.

La joven tuvo que arreglárselas no sólo para ingresar al aérea de atención sin contagiarse para no poner en riesgo a su familia, sino también para no suspender la lactancia del pequeño Víctor.

Un mes después de su ingreso a la zona de emergencia y alto riesgo, Mayra, ataviada con el traje de protección al que apenas se estaba habituando, le mandó un mensaje de felicitación a Marjorie, su mayor hija, con motivo de su cumpleaños número dos.

“¡Feliz cumple!, Marjorie. Te amo”, dice la frase que Mayra se pegó al cuerpo con papel autoadherible, mientras permanecía con su equipo de protección sobre sí.

–¿Qué ha sido lo más pesado que le ha tocado presenciar?

–Muchas muertes, como nunca en mi vida. Nunca había visto morir a tanta gente, que ahorita está bien y te dice: ‘Enfermera yo no me quiero morir’ y, al otro día, ya murieron.

>Un paciente que me decía: ‘Yo voy a estar bien, yo voy a salir de esto, y ya no salió; por ejemplo, una doctora que se murió y dejó a su hijo.

–¿Era compañera suya la doctora?

–No. Era doctora de otro hospital, (pero) la atendimos ahí (en el ISSSTE); ahí atendimos a la doctora, hicimos todo lo posible y no (sobrevivió). (La doctora decía) que tenía muchas ganas de vivir por su familia, por sus hijos…

–¿Duro, no?

–Sí… se hizo de todo y murió y dejó a su hijo.

Un desmayo, en el primer día

–¿Cuánto cambió su vida a partir de entonces?

–Cambió completamente porque tenía mucho miedo de contagiarme, tenía mucho miedo de contagiar a mis hijos, de contagiar a mi mamá, pero yo sabía que la solución estaba en mí porque tenía que bañarme y continuar con la lactancia con mis hijos; yo iba a la sala de lactancia institucional a extraerme la leche todas las mañanas (y enviárselas a mis hijos).

>Cambió mi vida porque entras y sales con hambre; entras y tienes que entrar desayunado porque te puedes hasta desmayar; el primer día me desmayé y me tuvieron que internar porque no aguanté el equipo de protección.

–¿Qué fue lo que pasó?

–El calor, los nervios, el miedo… suena exagerado, pero el equipo de protección es como extra a tu cuerpo: no ves como estás viendo ahora, no ves con los googles; ese día yo veía borroso, sentía mucho calor por el traje, sentía muchos nervios, sentía que no podía respirar, sentía que tenía nauseas; se me bajó la presión y como era mi primer día, no desayuné…, recuerda.

–¿Hubo otras personas que pasaron por lo mismo?

>Todos, todo el personal; de hecho cuando estuve ahí internada me dijeron: ‘No te preocupes, que no te dé pena; todas las enfermeras de todos los servicios se han desmayado’, y en mi paso he visto a 10 o 15 enfermeras que les ha pasado esto, que se han sentido mal, pero no pasa nada es normal.

–¿Las jornadas de cuántas horas han sido?

–Tienes que estar ocho horas en Covid: el turno de la mañana entra cuatro horas, el turno de la tarde entra cuatro horas y el de la noche seis horas y el de fin de semana, también entra alrededor de seis horas.

–¿Cuál es el proceso que tiene que hacer al salir del hospital?

–Desde que te estás arreglando son como 20 minutos, en lo que te pones el traje; en lo que te pones el gorro, la careta, los googles; igual, para salir, te tardas alrededor de 20 minutos porque vamos saliendo uno por uno, de bloques de uno por uno… si tu salida es a las 14:30 horas y se forman cinco o seis enfermeras, vienes saliendo a las 15:00 o 15:30 horas.

– Vas llegando a tu casa como entre 4 y 5 de la tarde; en mi caso, yo llegaba muy cansada, con ganas de dormir, con ganas de que alguien cuide a mis hijos, (pero) con ganas de saber si hay que hacerles la comida y si la señora que los cuida ya les dio de comer.

>Estoy estudiando y también hubo momentos en los que también quise llorar y gritar, sintiendo que me volvía loca del estrés, de que dije: ‘no puedo, no puedo, no puedo’. Sentir que el cuerpo no puede más, pero llega el fin de semana, descansas y recargas todas las pilas y vámonos al otro día

–¿Eso cuándo fue?, cuándo usted sentía desfallecer?

–Tendrá como 15 días.

–Hay un estudio sobre que los médicos comenzaban a extenuarse desde los seis primeros meses de comenzada la pandemia, ¿es verídico, entonces?

–Sí, y aquí la ayuda sicológica la tenemos que buscar nosotros porque es bien pesado.

–¿Usted lo ha hecho?

–No, pero ya estoy a días… ya estoy en esta semana de hacerlo para recuperar esa vitalidad; estoy estudiando y no he entregado algunas actividades y pedí disculpas y dije que ya me voy a poner las pilas que otra vez, que ya voy…

>Realmente cambia tu vida, cambia en todos los aspectos: llegas tan cansada que no te dan ganas de hacer ejercicio, o hago ejercicio o como o cuido a mis hijos o hago mis tareas; realmente aquí no soy la única, todos los días escuchó que las compañeras tienen problemas en sus relaciones familiares, en sus relaciones con sus familias, con sus parejas por el estrés que vivimos.

–¿Cuántos hijos tiene?

-Tengo dos: tengo un hijo de un año con cuatro meses y una hija de 2 años ocho meses.

–Vaya que es cansada esta edad de los pequeños.

–Exacto, porque quieren jugar y yo les quiero cocinar su sopa, quiero hacer su comida… ayer fuimos a comer y fuimos a un restaurante y todos los niños estaban tranquilos, los únicos que estaban locos (risas) eran los míos… Me di cuenta que les paso mi estrés, que les paso toda mi carga aunque trate de decir que se queda en el hospital, no; esta carga la meto en mi familia porque son niños que lloran mucho…

–¿Cómo se llaman ellos?

–La niña se llama Marjorie y el pequeño se llama Víctor.

–¿Hubo algún momento en el que se arrepintió de su profesión en el que flaqueó?

–No, no… nunca hubo ese arrepentimiento porque mientras más estaba yo ahí, yo me daba cuando que ahí quería estar.

–¿Qué la impulsa?

–Querer salvar vidas.

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