Opinión | ¿Adiós a la intimidad, a la privacidad y a lo público?

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Jorge T. PETO | NIGROMANCIAS

En uno de sus libros más importantes, el filósofo y sociólogo Richard Sennett, titulado “El Declive del Hombre Público” aborda el problema que en esos tiempos – ya hasta hace poco tiempo- representaba la dicotomía entre público y privado o bien en sus propios términos para designar a lo que el postula como una “crisis del hombre público” como una “falta de equilibrio entre la vida pública y la vida privada”. Para él, – y para el tiempo en que escribe- “nuestras vidas están privadas de los placeres y de la ayuda que significa el intercambio con nuestros conciudadanos. 

Con un análisis exhaustivo de los diversos cambios experimentados a lo largo de la historia, Sennett nos demuestra cómo “…el extraño es un ser amenazador; cómo el silencio y la observación se han convertido en los únicos modos de experimentar la vida pública; y cómo, debido a tantos cambios, la vida privada de la gente se distorsiona a medida que, por necesidad, nos autoexaminamos y enfocamos toda nuestra atención sobre nosotros mismos. A raíz de esto, nuestras personalidades no pueden desarrollarse con plenitud, perdemos la tranquilidad, el espíritu del ocio, y del juego y el sentido de la discreción personal que nos permitirían unas relaciones reales y cómodas con el resto de la sociedad.” (ediciones península, Barcelona 1978)

Ciertamente, hoy estamos ante una realidad semejante pero que va de manera pendular, en tanto que la vida pública si bien se ha confinado de manera contingente a los reductos privados, también es cierto que tiene un efecto ahora de tres bandas que abarca hasta la propia intimidad.

El extraño, el público, está ya, no solo dentro de la privacidad de la gente, sino en la propia intimidad de la individuación. 

Podríamos hablar de una intimidad trastocada y de una privacidad publicitada, pero también de un confinamiento de lo público en el espacio de las esferas anteriores. Hay, ahora, una penetración sutil de aquellas parcelas reservados a uno mismo o a la familia en su defecto.

También hay una apropiación, aún tímida, de cuestiones que en principio fueron o son exclusividad del ámbito de todos bajo la custodia de unos cuantos, desde luego. 

Pero no solamente se acotan o se diluyen las distancias entre una esfera de las otras, sino que incluso ahora son prácticamente imposibles de separar. Un confinamiento virtual de lo público y un enajenamiento prácticamente real, aunque digital de lo privado y de lo íntimo; por ejemplo, son el aceleramiento de algunas áreas laborales y educativas que, si bien ya se venían dando, se han intensificado y se han constituido en la opción casi única de salvar “imponderables” en tiempos críticos: el trabajo desde casa y la educación o la escuela a distancia (en línea) entre otras emergentes que ya están en crecimiento, como el comercio y hasta la política misma. 

En otro texto colectivo, un breve ensayo de Carlos Castilla del Pino, “Público, Privado, Íntimo” nos precisa lo siguiente:

“Toda persona tiene tres tipos de actuaciones: públicas, privadas e íntimas. La distinción entre unas y otras no siempre es fácil, y por tal motivo con frecuencia se traspasan, por parte de los demás, de buena o de mala fe, los límites que separan cada una de ellas entre sí.” 

Y nos coloca, enseguida, en una encrucijada sumamente compleja: “…Se puede afirmar que lo único que de cada cual pertenece a los demás son las actuaciones públicas, porque son hechas en público y para el público: son, pues, tanto nuestras como de él, ya que él es el objeto de la relación. Las actuaciones privadas e íntimas nos pertenecen; quienquiera que se arrogue penetrar en ellas sin permiso (aquí el punto nodal) allana nuestra morada, atropella y, si estamos en un Estado de Derecho, incluso puede que delinca”.  (DE LA INTIMIDAD, edit. Crítica, Barcelona 1989)

En un lenguaje liso y llano, podemos entonces acotar las diferencias entre tales esferas de lo público, lo privado y lo íntimo en una especie de propósitos desde el confinamiento a manera de un desiderátum para cuando el toque de “quedate en tu casa” de paso a una nueva forma de libertades civiles, es decir, salir a la ciudad, hagamos de ella un espacio sin marcadas diferenciaciones. 

Mientras tanto, habitemos la casa y hagamos o construyamos hogar en familia y con amor; deshabitemos la ciudad y deshagamos o deconstruyamos suburbios de muchedumbres de odios e indiferencias. Recuperemos los buenos días, las buenas tardes, las buenas noches, en familia y en vecindad; compartamos el pan y el vino o el agua; comuniquémonos de viva voz y escuchemos atentos. Para cuando haya que salir lo hagamos cargados de entusiasmo renovado y de aquellos valores olvidados.

Compartamos nuestras alegrías lo mismo que nuestras tristezas, cantemos, bailemos, reíamos, juguemos, leamos, laboremos en comunión. 

Quizá entonces, no sintamos que, sin darnos cuenta, hemos pasado de una época a otra, que hemos evolucionado hacia otras formas de entender aquellos tres ámbitos de acción, lo público, lo privado y lo íntimo. Que la escuela, la oficina, el trabajo y muchas otras actividades más nos las hemos llevado a casa y hemos dejado al descubierto nuestra privacidad y que nuestra intimidad tan solo se limita a nuestro yo interno, el pensamiento, el sentimiento, aunque también ya lo hemos hecho públicos muchas veces más de las que creemos. Ya no tenemos una habitación propia, un cuarto propio – V. Woolf – y los extraños han penetrado ya los confines de nuestro ser como nosotros hemos traspasado sus espacios sin siquiera pasar por una puerta o asomarnos a una ventana. Estamos atrapados en las redes y en un mundo nuevo.

Nos leemos próximamente, mientras tanto que haya paz.

Estamos, nigromancias@gmail.com Twitter: @JTPETO 

 

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