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Humberto Ferrusca Opinión

OPINIÓN | ¿Arde París?

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Por Humberto Ferrusca

Cuando en Europa, precisamente en Paris se estaba concluyendo la construcción de la Cathédrale Notre-Dame, en Mesoamérica estaba fundándose la ciudad de México Tenochtitlán, cada uno de estos eventos representó hechos de una gran trascendencia en la historia de las sociedades occidentales de las que tenemos más o menos memoria histórica, adicionalmente en el oriente medio, precisamente en Jerusalén, existe la mezquita Al Aqsa, que se teoriza que fue erigida sobre lo que fue el Templo de Salomón, solo que más o menos 450 años antes que la Catedral de París.

México Tenochtitlan cayó hace casi 500 años y sus vestigios aún se pueden observar como base del centro del poder de lo que sería la Nueva España y la nación mestiza que somos ahora, con su policromía, con la multiplicidad de nuestros conceptos de mexicanismo y de nación, con el muy diverso colorido de nuestros orígenes culturales que ni son totalmente autóctonos ni totalmente hispánicos, somos el producto de una mezcla pluricultural compleja a la vista de propios y extraños porque muchas veces ni nosotros mismos podemos entendernos, y esa caída arrastró a los habitantes de estas tierras de costa a costa y desde muy al norte en el territorio que ocupa nuestro actual vecino (EEUU) hasta muy al sur hasta donde la cultura maya tenía presencia e influencia, nunca en ese entonces con el concepto de México como país y mucho menos como lo que ahora entendemos como Hispano América; pero esa caída marcó el destino de nuestro continente e indiscutiblemente el de Europa.

Ahora el 15 de abril no ardió solo Notre Dame en Europa, sino ardió París, no con el concepto de la novela de Larry Collins y Dominique Lapierre publicada a principios de los años 60´s, ardió París, Europa y el mundo occidental, más allá de las posturas ideológicas, de los conceptos antirreligiosos o de posturas segregacionistas que sin valuar la trascendencia de ese siniestro, descalifican el interés por el rescate de lo rescatable y la reconstrucción de ese monumento del pasado de la civilización occidental, por eso las referencias contextuales de mis primeras líneas, para hacer de esos hechos comparativos su propia relevancia, las catedrales góticas en Europa se llegaron a llamar la obra de Dios en la tierra, dada su monumentalidad, estética y simetría, que incluía la obra en piedra, la herrería, la carpintería, la vidriería, las esculturas, los vitrales, etc.

Con el respeto que merecen los criterios que disienten del mío, se quemó una parte evidente de la historia de la civilización occidental, no por ser un edificio de la iglesia católica ni por ubicarse en París, sino por su trascendencia; de la civilización de Mesoamérica que se encontraba en el llamado Valle de México, quedan vestigios y el asentamiento de los edificios coloniales construidos por manos indígenas, pero con el concepto arquitectónico europeo, y nos sorprenden y maravillan las evidencias aun visibles del esplendor de la cultura azteca, y eso pasa con toda razón, entonces, por que la evidencia absolutamente visible y no como vestigio sino en uso cotidiano de un edificio que tendría más o menos la misma edad que los que yacen a los pies de la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional de la actual Ciudad de México no debe ser visto como una tragedia histórica?

Llama la atención que al tiempo de este incendio, en Jerusalén también ardiera una Mezquita, la considerada tercera en importancia de los lugares santos del Islam, la Mezquita Al Aqsa, ambos siniestros, pero en distintos países tienen en común más allá de ser templos religiosos, además de su antigüedad; que las tierras donde están asentados viven en la actualidad conflictos que enfrentan a musulmanes con católicos en Francia y musulmanes con judíos en Israel, en esos casos y sin prejuzgar ni elucubrar teorías vemos esa evidencia, no son incendios comunes sin restarle la tragedia y la carga dramática que esos siniestros causan en cualesquier otros casos, pero la sospecha ronda en esas tierras y por esos hechos existe, y esa sospecha se funda en los enfrentamientos sociales entre dos grupos por temas de religión o de reivindicaciones sociales, recordemos la estación de Atocha en Madrid en 2004, o alguno de los atentados terroristas en Londres como el del concierto de Ariana Grande en 2017, o el ataque de gas sarín en el metro de Tokio en 1995 y las Torres Gemelas en Nueva York.

Terroristas o no, esos actos reivindicatorios si han causado terror en la sociedad, nuestra esperanza está en que los incendios del 15 de abril sean accidentes, descuidos o incidentes aislados que no hayan sido provocados con fines aviesos.

Afortunadamente no hubo pérdidas humanas en ninguno de ellos, esperemos que lo perdido se reconstruya y recupere en los mejores términos posibles, que los enfrentamientos sociales no sean la causa y no sean causantes de otras tragedias en el futuro, aunque la migración y los desplazamientos han tenido desenlaces funestos, cuidado México, además de los enfrentamientos entre buenos y malos, entre los fifís cómplices de la mafia del poder contra el pueblo buenos y sabio, ahora tenemos caravanas migrantes estacionadas, deportadas y atravesando el país y que en algún momento podrían desplazar a mexicanos, cuidado porque los desenlaces pueden ser trágicos, abur.

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