OPINIÓN | Tiempos de reflexión
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Bersahin López
Estamos ante una gran oportunidad, aun inmersos en plena contingencia provocada por la pandemia de covid-19, la gran oportunidad es la de la reflexión; la rapidez de la vida diaria, los sucesos que a todas horas nos bombardean a nivel mundial, las más avanzadas formas de comunicación que nos permiten estar en contacto prácticamente en tiempo real, nos ha impedido reflexionar sobre toda la dimensión, y lo que realmente somos como sociedad y hacia dónde vamos.
A través de la historia, ha sido en momentos de crisis o bajo circunstancias adversas, cuando los pueblos han logrado mejorar su presente para así forjar su futuro, lo supieron hacer cuando en la reflexión, se decidieron a cambiar lo tradicional por lo eficaz, pudieron forjar nuevos esquemas de desarrollo cuando se permitieron romper estereotipos, trazar alianzas estratégicas al interior y exterior, contando con liderazgos que visionaron el bien colectivo, por encima de las vanidades inherentes al ser humano: fue más valiosa la idea del bienestar colectivo, que la del triunfo personal.
Nuestra Nación, constantemente ligada al pasado en todas las conmemoraciones y referencias para justificar la actualidad, debe hacer en estos momentos, la gran reflexión social, para delinear cual será el camino a recorrer después de las semanas o meses de contingencia y que haremos una vez terminadas las restricciones, al volver a las calles, al retornar a los trabajos, al retornar a esa dinámica que nos impide reflexionar y nos lleva a actuar muchas veces de manera mecánica, para subsistir ante los retos personales y colectivos que el siglo XXI nos impone.
De cualquier nacionalidad, clase social, profesión u oficio, los seres humanos están estremecidos y confundidos, por el avance de un virus que los obliga a quedarse en sus hogares, a permanecer sin un contacto físico con más ciudadanos (cuestión que el uso de dispositivos móviles ya había mermado), se sienten irritados al verse obligados a “aislarse” para protegerse y proteger a los seres queridos, ven mermada su libertad en pleno siglo de las libertades totales; aprovechar ese “aislamiento” en la reflexión y la búsqueda de fortalezas para afrontar lo que viene, debe ser la principal inspiración personal, que después se traduzca en fortaleza social.
En la confusión, sorpresa, desamparo, impotencia, tristeza, todos los sentimientos que provocan estos momentos, debemos encontrar serenidad en la reflexión, rodeados de los seres queridos los que pueden estar en cuarentena total, con la tranquilidad de estar en casa y los que tienen la necesidad de seguir laborando, con la certeza de que lo hacen por el bienestar de sus familias, es momento de poner sobre la balanza visiones, acciones, pensamientos, prioridades, reflexionar para encontrar los argumentos que nos hagan coincidir colectivamente, ser empáticos con las necesidades del prójimo es una forma de enfrentar con seriedad y éxito, los retos después de la contingencia.
Tal vez sin darse cuenta, la sociedad en su conjunto, esta haciendo en estos momentos la mayor de las tareas, estar “inactivos en sus hogares” representa la más eficaz de las acciones para combatir la posibilidad de un contagio masivo que colapse el sistema de salud pública, e irremediablemente nos lleve a sufrir una escalada de muertes por covid-19, pero también a sufrir una depresión generalizada, de la que en ocasiones es más complicado sobreponerse.
Los escenarios fatalistas los podemos evitar todavía con la prevención y el acato de las disposiciones sanitarias, hacer caso omiso o pensar que no nos sucederá, es ponernos en el riesgo de repetir historias, tragedias colectivas actuales en otros pueblos y con otras personas, pero con una misma constate: incredulidad, dolor, culpas cruzadas.
La reflexión no solo tiene que realizarse en lo personal para fortalecer lo colectivo, las instituciones a través de quienes las dirigen, tienen que entender las circunstancias actuales y proponer desde su ámbito de responsabilidades acciones que ayuden a construir una idea integral, para hacer frente a los retos venideros, en lo económico, político, social, pero sobre todo en la posibilidad de mantener la cohesión nacional, por encima de diferencias conceptuales o posturas personales.
Como nunca, el sentimiento de colectividad tiene que ganar el espacio que le corresponde en la vida nacional, si bien los mexicanos históricamente hemos mostrado solidaridad en momentos de crisis, esta época nos llevará a encontrar en la empatía la mejor formula para transitar en momentos de reconstrucción; como siempre será el esfuerzo personal lo que nos de posibilidades de éxito, pero sin empatía, el éxito personal no logrará el bienestar colectivo y ahí es donde se encuentra el verdadero objetivo de los años por venir.
La hora de los ciudadanos ya no corresponde a ciertos momentos del calendario cívico, en el contexto actual los ciudadanos tienen permanencia total en los asuntos públicos, después de los meses de “aislamiento” nos encontraremos con una realidad que tal vez no se parezca a la que dejamos en la calle cuando cerramos las puertas de nuestros hogares, estamos en el tiempo preciso para prepararnos y concentrarnos en como actuaremos cuando pongamos los pies en la realidad, después de la contingencia.
Aun cuando la colectividad este en acción aportando todos los recursos con los que cuenta para afrontar esta pandemia, trabajando en la reconstrucción económica y en las nuevas dinámicas de interacción social, requerimos de liderazgos con perspectiva humanista, con valores, con sentido común, que ayuden a encauzar expectativas ciudadanas, no podemos desbordarnos en ningún sentido, debemos ser ecuánimes, propositivos y visionarios, tiene mucho que ver con el ejemplo de aquellas y aquellos que caminan adelante, para que con humildad señalen caminos, marquen rutas, pero entendiendo que la construcción es colectiva y los beneficios también.
La reflexión en esta etapa de la pandemia, es fundamental, para construir argumentos para el bienestar colectivo, en los momentos venideros después del Covid-19 y para los escenarios de la reconfiguración de nuestro nuevo estilo de vida: comunitario y empático.
Disfrutar de las lecciones del pasado, sin cargas, pero si como fundamento del futuro, es una posibilidad si entendemos el momento y las implicaciones de nuestras acciones, aun en el “aislamiento”.
