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Bersahin López Opinión

OPINIÓN | El arte, la cultura y la posibilidad de trascender

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Bersahín López

Desde de la Ilíada y la Odisea de Homero, el Quijote de Cervantes y las grandes obras de la literatura universal conservadas religiosamente en las bibliotecas más deslumbrantes, hasta las obras de Picasso, Van Gogh, Dalí, Da Vinci, Rembrandt, expuestas en los altares más exclusivos del arte, constituyen parte del patrimonio cultural que nos aporta rastros de nuestro pasado y nos da certeza de nuestro presente; son joyas del arte que hasta antes de la revolución virtual no estaban al alcance de la mayoría de los seres humanos, de aquellos que aun con el conocimiento, gusto o comprensión jamás han podido tenerlas a medio metro de distancia; hoy sin embargo gracias a los avances tecnológicos que día a día nos sorprenden, todas estas obras pueden ser visitadas desde cualquier lugar del mundo a través de una computadora o un dispositivo móvil.

Tal vez ha llegado el momento para que el arte y la cultura estén verdaderamente al alcance de todos

La visión de nuestros antepasados se ha hecho presente de manera paulatina y constante en cada una de las etapas de la historia, desde las manifestaciones más modestas,  hasta las más sublimes creaciones, han puesto de manifiesto  los sentimientos, visiones, aspiraciones, creencias, temores y anhelos de los seres humanos y nos han servido de guía para continuar escribiendo nuestra historia, han sido punto de encuentro, para que a la distancia de los siglos, no nos perdamos y a través del arte y la cultura  podamos reconocernos, sabiendo realmente de dónde venimos, quienes somos y hacia dónde vamos.

La cultura y el arte representan espacios de reconocimiento interno y de reflexión, nos aportan  dependiendo de las circunstancias, extraordinarios pretextos para recuperar la memoria histórica y poder, haciendo alusión a la expresión moderna “virilizarla en lo colectivo”.

Desde la visión universal, la humanidad ha adquirido la enorme posibilidad de adaptarse a los cambios que se han generado de manera voluntaria o involuntaria, los hombres y mujeres de todas las épocas han disfrutado y sobrevivido a sus propias creaciones; la cultura de cada pueblo ha encontrado formas para adaptarse a los cambios, pero siempre con una base que no los aisla de su historia, esa resistencia sutil por la que hemos sobrevivido histórica y culturalmente a un mundo que cambia cada vez a mayor velocidad y que ha permitido a pesar de los grandes cambios que nuestras lenguas, tradiciones, costumbres, modos, formas; sobrevivan y nos arraiguen a la identidad que nos distingue y  a la  que no debemos renunciar si queremos forjar un futuro, con amplias, variadas y profundas raíces, con un presente sensible en el que impere la verdad y el equilibrio. 

Darle forma a nuestro presente, es el mayor desafío de estos tiempos, desestimar la herencia cultural o desaprovechar las oportunidades del siglo XXI, sería un grave error que nos estancaría como civilización, el pasado histórico que nos da identidad y el presente vanguardista que nos brinda nuevas herramientas deben tener un lugar y un equilibrio en la construcción del futuro, lo cual es esencial para transitar hacia mejores condiciones de vida.

No es fortuito que en cada  siglo nazca o se materialice un movimiento cultural que acompañe a las grandes transformaciones, la de hoy tiene una característica especial: lo virtual.

En medio de este mundo tan cambiante, las manifestaciones culturales y artísticas sobreviven, prevalecen y nos permiten fortalecer nuestra sensibilidad humana, a través de expresiones que se perciben con la vista, el alma y el  corazón;  la música nos sacude, la pintura nos estremece, la danza nos emociona, la arquitectura nos impresiona, la literatura nos conduce, pero en medio de toda esta riqueza cultural y artística, la tecnología nos atrapa, nos mantiene cautivos, paradójicamente nos enajena y nos une al mismo tiempo, vivimos momentos de crucial  transformación, tal vez la cultura y el arte tampoco escaparán a ella.

Estamos ante una realidad que nos aporta múltiples posibilidades y marca una nueva era en la civilización; hace algunos años era impensable conocer en tiempo real lo que sucedía en otra parte del mundo, la exportación de ideas o formas de vida cumplían con períodos muy largos para cristalizarse en otro suelo, hoy la tecnología nos da la posibilidad de ser testigos de sucesos, movimientos, expresiones, que nos enfrenta a la incertidumbre de no saber si anclarnos en el pasado o entregarnos al futuro, el arte y la cultura nos harán asumir el presente con fortaleza y determinación, sabiendo que todavía el futuro depende de las decisiones que tomemos hoy, decisiones que necesariamente definirán como seremos recordados en el futuro, si lograremos trascender dejando un legado digno de preservar como lo hicieran Jesús de Nazaret, Da Vinci, Dante Aligheri, Picasso, Bethoven, Frida Kahlo, Sor Juana Ines de la Cruz, Diego Rivera y muchos personajes más que nos inspiran a pesar del paso del tiempo.

Trascender y no sólo ascender tiene que ser un objetivo del siglo XXI.

Los acontecimientos que este nuevo siglo nos pone enfrente, nos obligan a mantener vivo nuestro origen, a esforzarnos más que nunca para conservar nuestras costumbres y tradiciones, lo cual nos permitirá afrontar con claridad  las circunstancias de un mundo interconectado y cambiante; ser distintos pero seguir siendo los mismos, tiene mucho que ver con nuestra cultura, con nuestra capacidad de adecuarnos a la realidad.

No podrá existir trascendencia sin beneficio colectivo, el arte de lo posible, debe tener una nueva concepción cultural.

Los nuevo íconos de la cultura y el arte, tendrán paradójicamente que seguir siendo los mismos, con nuevos esquemas, nuevas formas y variantes, la realidad virtual nos dará la posibilidad de navegar para encontrar las áreas de oportunidad, si trascendemos como comunidad, tendremos garantizada la permanencia cultural y artística de nuestros antepasados, de nosotros y nuestros hijos, tenemos que construir y permanecer en medio de un mundo caracterizado por una nueva realidad virtual.

Que la majestuosidad de nuestras más grandes obras de arte, sean inspiración para construir las propias en este siglo XXI, debemos aspirar a ser la generación que cimiente esta nueva etapa de la humanidad, nuestra cultura tendrá que prevalecer por sobre  los cambios estructurales y tecnológicos, la forma en la que podemos trascender tiene que ver con nuestra capacidad de no “perdernos en el mundo virtual”.

Mantenernos en lo simple para resolver lo complejo, será la mayor obra de arte individual y colectiva que nos permitirá seguir perpetuando a la especie humana.

 

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