OPINIÓN | Nulidad absoluta

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Adolfo Fernando Sánchez Pereyra

Hace un par de días escribía yo un artículo que debía llamarse El principio de mayorías pero que salió a la luz pública bajo el nombre de El principio democrático. En él, hago ver las inconsistencias de la resolución del Consejo Universitario, desde el punto de vista histórico y político, sobre la decisión de reelegir subrepticiamente al ex rector para que continuara en el cargo en virtud de la contingencia ambiental. Está por demás decir que sigo suscribiendo mi punto de vista pero que eran necesarias otras consideraciones que tuve en mente y que no incorporé al texto para no complejizar las ideas.

Desde luego que conozco a los principales actores universitarios y entiendo su modus operandi, así como las razones no explícitas por las que tomaron esa decisión. Pero también sé que ahora tendrán en sus manos el argumento de siempre, consistente en acusar a sus críticos de tratar de “desestabilizar” a la UABJO.

Es una práctica maniquea declarar que los que no están con ellos están en su contra y que sean los primeros en acudir a solicitar la protección del Estado.

Tal parecería que mis razonamientos jurídicos son ingenuos dado que eso que digo yo que no se puede hacer ya lo han hecho y por tanto son más sagaces. Sin embargo, yo confío en el juicio de la historia y sé que quienes revolucionaron la Universidad en 1975 terminaron traicionando sus ideas y que los jóvenes estudiantes de ahora nada saben de aquellas luchas y eso facilita su manipulación.

Por ejemplo, debí decir que tal acto es nulo y está afectado de nulidad absoluta. Aunque una razón práctica me dice que para ellos eso es lo de menos, sobre todo cuando contaron con el visto bueno de la ANUIES. Yo estudié en otra época y estoy muy orgulloso de esa etapa de mi vida, tuve magníficos y pésimos maestros. A los últimos los olvida uno. Son intrascendentes. Todavía recuerdo a mis maestros de bachillerato y algunos de carrera. Recuerdo por ejemplo que un gran maestro de derecho civil nos decía repitiendo un prolegómeno del Código Civil: “Los actos ejecutados en contra el tenor de las leyes prohibitivas o el interés público son nulos, salvo que la ley exprese lo contrario”. Y este es uno de esos actos en que la ley no expresa lo contrario. Me podrán decir que esa no es una razón suficiente 

Dado que hay que distinguir entre derecho privado y derecho público. Pero yo tengo en mente a Kelsen, el padre del derecho moderno, mismo que expresa que esa distinción es desafortunada pues todo derecho es derecho público en tanto es producido por un órgano del estado como lo es el Poder Legislativo.

Pensé por ejemplo en fundar un proemio histórico empleando a Hobbes, Austin y Joseph Raz. Para explicar porque una autoridad no democrática no se somete al imperio de la ley. Más como lo advierten los semiólogos podría prestarse a otras interpretaciones distintas por parte de los interpretantes. Y tal vez esa razón haría sentirse muy importantes a los sujetos del análisis.

Lo importante, para mí, es demostrar que no todos pueden ser engañados y como dice Zizeck, que algunos “engañados” poseen una razón cínica para aceptar el engaño, en tanto les beneficia.

Mi conclusión es que se trata de un proceso viciado de nulidad absoluta y que esta no se borra con lechada.

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